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Textos Antiguos sobre los pueblos célticos de la Península Ibérica



(Según J. Alvar)


Al septentrión del Tagos se extiende Lusitania, la más fuerte de las naciones iberas y a la que durante más tiempo luchó contra los romanos. Limitan esta región; hacia el lado del Sur, el Tagos, por el Oeste y el Norte, el Océano, y al Este, las tierras de los carpetanos, vetones, vaceos y galaicos, por no citar sino los más conocidos.

ESTRABÓN, 3, 3, 3





Dicen que los lusitanos son diestros en emboscadas y persecuciones. Ágiles, listos y disimulados. Su escudo es pequeño, de dos pies de diámetro, cóncavo por su lado anterior; lo llevan suspendido por delante con correas, y no tiene, al parecer, abrazaderas ni asas. Van armados también de un puñal o cuchillo; la mayor parte llevan corazas de lino, y algunos pocos cota de malla y cascos de tres cimeras. Otros cubren con cascos tejidos de nervios; los infantes usan knemides y llevan varias jabalinas; algunos se sirven de lanzas con punta de bronce. Entre los pueblos que habitan sobre el río Douríos dicen que algunos que viven al modo lacónico, y usan de aceite, calientan sus recipientes con piedras enrojecidas al fuego, se bañan en agua fría y no hacen más que una comida, mesurada y concisa. Los lusitanos hacen sacrificios y examinan las vísceras sin separarlos del cuerpo; observan asimismo las venas del pecho y adivinan palpando. También auscultan las vísceras de los prisioneros, cubriéndolas con sagos. Cuando la víctima cae por mano del hieroskopos hacen su primera predicción por la caída del cadáver. Amputan las manos derechas de los cautivos y las consagran los dioses.


ESTRABÓN, 3, 3, 6





Hay una costumbre muy propia de los iberos, más sobre todo de los lusitanos, y es que cuando alcanzan la edad adulta, aquellos que se encuentran más apurados de recursos, pero destacan por el vigor de sus cuerpos y su denuedo, proveyéndose de su valor y de arma, van a reunirse en la aspereza de los montes; allí forman bandas considerables que recorren Iberia, acumulando riquezas con el robo, y ello lo hacen con el más completo desprecio.

DIODORO DE SICILIA, 5, 34, 6





El cadáver del heroico caudillo, magníficamente vestigio, fue quemado en una altísima pira. Mientras el cuerpo se consumía, tanto los soldados de a pie como los jinetes, todos con armas dieron vueltas a su alrededor entonando sus glorias al modo bárbaro, y no se apartaron del lugar hasta que el fuego se extinguió.

APIANO, Sobre Iberia, 71





De las cuatro naciones en que están divididos los celtíberos, la más poderosa es la de los arévacos, que habitan la región oriental y meridional y son limítrofes con los carpetanos y vecinos de las fuentes del Tagos. La más famosa de sus ciudades es Numancia, cuya virtud se mostró en la guerra de veinte años que sostuvieron los celtíberos contra los romanos; luego de haber destruido varios ejércitos con sus jefes, los numantinos encerrados tras sus murallas, terminaron por dejarse morir de hambre , a excepción de los pocos que rindieron la plaza. Los lusones, que pueblan la parte oriental, confinan también con las fuentes del Tagos. De los arévacos son las ciudades de Segeda y Palantia. Numancia dista unos ochocientos estadios de Caesaraugusta que, como hemos ya dicho, se alza en la orilla del Iber. Tanto Segóbriga como Bílbilis, son ciudades de los celtíberos. Polibio, al hablar de los pueblos vaceos y celtíberos y de las localidades que les pertenecen, cita entre otras ciudades las de Segesama e Intercatia, pues la naturaleza del país no es apta para dar vida a un gran número de ciudades, siendo como es sumamente mísera, de una situación excéntrica y de un aspecto inculto; por otra parte, ni el género de vida de sus habitantes ni sus actividades (excepto, naturalmente, las ciudades sitas sobre la costa de Nuestro Mar) dan pié a ello. Los pobladores de las aldeas son salvajes y así con también la mayoría de los iberos; las ciudades mismas no pueden ejercer su influjo civilizador cuando la mayor parte de la población habita los bosques y amenaza la tranquilidad de sus vecinos.

ESTRABÓN, 3, 4, 13





... los celtíberos suministraban para la lucha no sólo excelentes jinetes, sino también infantes que destacaban por su valor y capacidad de sufrimiento. Están vestidos con ásperas capas negras, cuya lana recuerda el fieltro. En cuanto a las armas, algunos de ellos llevan escudos ligeros, similares a los de los celtas, y otros grandes escudos redondos del tamaño del aspis griego. En sus piernas y espinillas trenzan bandas de pelo y cubren sus cabezas con cascos broncíneos, adornados con rojas cimeras. Llevan también espadas de doble filo, forjadas con excelente acero, y puñales de una cuarta de largo para el combate cuerpo a cuerpo. Emplean una técnica peculiar en la fabricación de sus armas; entierran piezas de hierro y las dejan oxidar durante algún tiempo, aprovechando sólo el núcleo, de forma que obtienen , mediante nueva forja, espadas magníficas y otras armas. Un arma así fabricada corta cualquier cosa que se encuentre en su camino, por lo que no hay escudo, casco o cuerpo que se resiste a sus golpes, por la excepcional calidad del hierro. Son muy hábiles en luchar de dos modos diferentes: primero atacan a caballo y, en caso de ser rechazados, desmontan y atacan de nuevo como soldados de infantería. Según sus normas habituales son extremadamente crueles con los criminales y enemigos, aunque con los forasteros son compasivos y honrados; los extranjeros que vinieron a vivir entre ellos, todos los invitaron a parar en sus casas, rivalizando entre ellos para prodigarles hospitalidad, y los extranjeros que fueron atendidos por éstos, los elogiaban y los consideraban amigos de los dioses.....

En cuanto a su alimentación, se sirven de toda clase de carnes, que abundan entre ellos, y como bebida poseen una combinación de vino y miel...

DIODORO DE SICILIA, 5, 33-34





Entre los pueblos limítrofes de los celtíberos, uno de los más adelantados es el de los vaceos; estas gentes reparten anualmente las tierras que poseen entre sus miembros, distribuyendo las cosechas de acuerdo con las necesidades de cada cual y condenando a muerte a quienes ocultan o guardan para sí lo que no les corresponde......

DIODORO DE SICILIA, 5, 34





Las raíces tintóreas abundan: el olivo, la vid, la higuera, y otras plantas semejantes crecen cuantiosas en las costas ibéricas que bordean nuestro mar, y también en las del exterior. En cambio, las costas septentrionales ribereñas al océano carecen de ellas a causa del frío; en el resto del litoral, más que por negligencia de los hombres, que viven sin preocupaciones, porque dejan transcurrir su vida sin más apetencia que lo imprescindible para la satisfacción de sus instintos brutales. Si no se quiere interpretar como régimen confortable de vida el que se laven con los orines guardados durante algún tiempo en cisternas, y que tanto los hombres como las mujeres de estos pueblos se froten los dientes con ellos, como hacen, según dicen, los cántabros con sus vecinos. Esto, y el dormir en el suelo, en común... Propio de los iberos y los celtas. Según ciertos autores, los galaicos son ateos, más no así los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada a la que en las noches de luna llena, las familias rinden culto danzando hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas. Los vettones, que fueron los primeros que compartieron con los romanos la vida de campamento, viendo una vez a ciertos centuriones ir y venir en la guardia, paseándose, creyeron que se habían vuelto locos y quisieron llevárselos a sus tiendas, pues no concebían otra actitud que la de estar tranquilamente sentados o combatir.

ESTRABÓN, 3, 4, 16






Se cuenta, por ejemplo que en las guerras de los cántabros, las madres mataron a sus hijos antes de permitir que cayesen en manos de sus enemigos. Un muchacho cuyos padres y hermanos habían sido hechos prisioneros y estaba atado, mató a todos por orden de su padre con un hierro del que se había apoderado. Una mujer mató a sus compañeras de prisión. Un prisionero, que estaba entre los guardianes embriagados, precipitose en la hoguera. Todos estos rasgos se cuentan también de los pueblos celtas, tracios y escitas; como es cosa común entre ellos, la valentía, no sólo en los hombres, sino también en las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndole luego ... Tales rasgos denotan cierto salvajismo en sus costumbres; mas otros, sin ser propiamente civilizados, no son, sin embargo, salvajes. Así, entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer, y son las mujeres las que heredan y las que se preocupan de casar a sus hermanos; esto constituye una especie de ginecocracia, régimen que no es ciertamente civilizado...

ESTRABÓN, 3, 4, 17-18





Todos los habitantes de la montaña son sobrios; no beben sino agua, duermen en el suelo, llevan cabellos largos al modo femenino, aunque para combatir se ciñen la frente con una banda. Comen principalmente carne de cabrón; a Ares sacrifican cabrones, cautivos y caballos; suelen hacer hecatombes de cada especie de víctima, al uso griego, y por decirlo al modo de Píndaro inmolan un centenar. Practican luchas gimnásticas y hoplíticas e hípicas, ejercitándose para el pugilato, la carrera, las escaramuzas y las batallas campales. En las tres cuartas partes del año no se nutren sino de bellotas, que, secas y trituradas, se muelen para hacer pan, el cual puede guardarse durante mucho tiempo. Beben zythos, y el vino, que escasea, cuando lo obtienen se consume enseguida en las grandes festines familiares. En lugar de aceite usan manteca. Comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según las edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano en mano; mientras beben, danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión....En el interior, en lugar de moneda

practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de plata recortadas. A los criminales se les despeña, a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de los límites de la patria o ciudad. Los enfermos, como se hacían en la Antigüedad entre los asirios, se exponen en los caminos para ser curados por los que han sufrido la misma enfermedad. Antes de la llegada de Bruto no tenían más que barcas de cuero para navegar por los estuarios y lagunas del país.....Así viven estos montañeses que, como dije, son los que habitan el lado septentrional de Iberia; es decir: los galaicos, astures y cántabros, hasta los vascones y el Pirineo, todos los cuales tienen la misma forma de vivir. Podría hacer la lista de pueblos más larga, pero renuncio a una descripción aburrida, pues a nadie le agradaría oír hablar de los pleatauros, bardietas, alotrigos, y otros nombres menos bellos y más ignorados.


ESTRABÓN, 3, 3, 7





En la misma Hispania hay un pueblo galaico y astur entre los que se engendra los caballos llamados tieldones y asturcones, cuando son de talla menor; no tienen una marcha como es corriente, sino que su paso es elástico y procede del movimiento simultáneo de las dos patas de un mismo lado. Por ello se ha educado a los caballos a trote.

PLINIO, Historia Natural, 5, 3, 16








Fuente:
Universidad de Valencia





Textos Antiguos sobre el conflicto entre Roma y Cartago

Fases de la conquista romana (según J.M. Roldán-J. Santos)

El primer pacto entre romanos y cartagineses se concluye en tiempos de Lucio Junio Bruto y Marco Horacio, los dos primeros cónsules nombrados después de la caída de los reyes. Bajo su consulado tuvo lugar la consagración del templo de Júpiter Capitolino. Esto ocurrió veintiocho años antes del paso de Jerjes a Grecia.... Que haya paz entre los romanos y sus aliados y los cartagineses y sus aliados con las condiciones siguientes: prohibición a los romanos y a sus aliados de navegar más allá de Kalón Akroterion, a no ser obligados por una tempestad o por unos enemigos.... Después de éste, los cartagineses establecen otro pacto... Que haya amistad entre los romanos y los aliados de los romanos por una parte y el pueblo de los cartagineses, el de Tiro, el de Utica y sus aliados, por otra, bajo las siguientes condiciones: que los romanos no recojan botín más allá de Kalón Akroterion, de Mastia ni de Tarseyo, que no comercien en tales regiones ni funden ciudades... Los romanos establecieron todavía un tercer pacto en la época de invasión de Pirro, antes de que los cartagineses iniciaran la guerra de Sicilia ... Porque, acabada la guerra de Sicilia, los romanos hacen unos pactos distintos, en los cuales las cláusulas contenidas eran las siguientes: Los cartagineses evacuarán toda Sicilia y todas las islas entre Italia y Sicilia... Y a todo lo dicho hay que añadir las últimas convenciones aceptadas por Asdrúbal en Hispania, según las cuales los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra...

POLIBIO, 3, 22










Los saguntinos, al verse abrumados por este ataque inesperado y no anunciado por los heraldos, enviaron una embajada a Roma... Los saguntinos, una vez perdida la esperanza de ayuda de Roma, y como el hambre les acuciaba y Aníbal persistía en su asedio continua – pues había oído que la ciudad era próspera y rica no relajaba el asedio-, reunieron el oro y la plata, tanto público como privado, en la plaza pública, por medio de una proclama y lo mezclaron con plomo y bronce fundido para que resultara inútil a Aníbal. Y ellos mismos, prefiriendo morir en combate antes que por hambre, se lanzaron a la carrera, de noche todavía, contra los puestos de guardia de los africanos, que aún dormían y no sospechaban el ataque. Por lo cual, los mataron cuando se levantaban del lecho y se estaban armando a duras penas en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando. El combate duró mucho tiempo y de los africanos murieron muchos, pero de los saguntinos todos. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos. Este fue el final de Sagunto, una ciudad que había sido grande y poderosa. Aníbal, tan pronto como se percató de lo que había sucedido con el oro, movido por la ira, dio muerte a aquellos saguntinos que quedaban y eran adultos, después de torturarlos, pero viendo que la ciudad estaba a orillas del mar y no lejos de Cartago y poseía una tierra buena, la pobló de nuevo e hizo de ella una colonia cartaginesa. La cual creo que se llamó Cartago Espartaria.

APIANO, Sobre Iberia, 11, 12






Parecía que el resto de la campaña había de ser tranquila y le hubiera sido por parte de los cartagineses, pero, además de que el carácter de los hispanos es inquieto y ávido de aventuras, Mandonio e Indíbil, que anteriormente habían sido reyezuelos de los ilergetes, después que los romanos se retiraron del desfiladero (castulonenesis) a la costa, levantaron a sus gentes y se lanzaron a destruir los campos pacíficos de los aliados de los romanos. Envió contra ellos Escipión algunos tribunos militares con tropas ligeras, que, con pequeños esfuerzos desbarataron aquellas bandas desordenadas, mataron o apresaron algunos e hicieron perder las armas a una gran parte. Pero este movimiento atrajo a este lado del Ebro, para defender a sus aliados, a Asdrúbal en marcha hacia el Océano. El campamento cartaginés se estableció en el territorio de los ilergavonenses, el romano cerca de Nova Clasis. De repente llegó la noticia de una nueva guerra. Los celtíberos que habían sido los primeros de esta región en enviar legados y rehenes a los romanos, excitados por un mensajero de Escipión, toman las armas e invaden los territorios cartagineses con un fuerte ejército. Toman por asalto tres ciudades y entablen con insigne valor dos combates con Asdrúbal, dando muerte a quince mil hombres y haciendo prisioneros a cuatro mil, junto con muchas enseñas.

TITO LIVIO, 22, 21



Fuente:
Universidad de Valencia




Listados y cronología de los reyes visigodos





Alarico I (395-415)
Ataúlfo (410-415)
Sigérico (415)
Walia (415-418)
Teodorico (418-451)
Turismundo (451-453)
Teodorico II (453-466)
Eurico (466-484)
Alarico II (484-507)
Gesaleico (507-510)
Amalarico (510-531)
Theudis (531-548)
Theudisclo (548-549)
Agila I (549-551)
Atanagildo (551-567)
Liuva I (567-572)
Leovigildo (572-586)
Recaredo (586-601)
Liuva II (601-603)
Witérico (603-610)
Gundemaro (610-612)
Sisebuto (612-621)
Recaredo II (621)
Suíntila (621-631)
Sisenando (631-636)
Khíntila (636-639)
Tulga (639-642)
Khindasvinto (642-653)
Recesvinto (653-672)
Wamba (672-680)
Ervigio (680-687)
Egica (687-700)
Witiza (700-710)
Rodrigo (710-711)

Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com/bib/historia/monarquia/visigodos.shtml




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