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Atapuerca y la evolución humana




“ATAPUERCA Y LA EVOLUCIÓN HUMANA
 
En un pequeño cerro al este de Burgos se acumulan testimonios de la presencia y modo de vida de la humanidad desde hace un millón de años hasta la actualidad. A lo largo de los siglos, muchos grupos humanos han vivido y dejado su huella en la sierra de Atapuerca, que han sido en distintos momentos de la historia, refugio, lugar de caza, santuario, campo de batalla, cantera caliza y finalmente yacimiento arqueológico.
En 1997, la difusión del estudio sobre los descubrimientos de restos fósiles hallados en el yacimiento español de Atapuerca revolucionó el campo de la investigación del proceso de hominización, al afirmar que hace unos 780.000 años ya existían en Europa unos seres del género Homo (que recibieron la denominación genérica de Homo antecessor) los cuales, incluso, podrían ser la clave de la posterior evolución hacia el hombre actual (el Homo sapiens). Pero Atapuerca todavía nos reserva lo mejor para el futuro ya que algunos de los yacimientos no excavados aún, son potencialmente muy importantes.
Un millón de años
Lo que convierte a Atapuerca en un lugar único, es su registro arqueológico continuo que abarca el último millón de años o tal vez más. Todo comenzó en Africa, este continente es considerado como la cuna del ser humano, nuestro primer hogar, más exactamente en el valle del Rift africano, esta falla recorre Africa de Norte a Sur, en esta zona abundan los lagos y ríos cargados de sedimentos lacustres (de los lagos) y fluviales (de los ríos) estratificados con capas volcánicas, lo que mantiene los lugares en perfecto estado, en algunos sitios llegan a alcanzar varios cientos de metros, lo que permite realizar buenas dataciones físicas absolutas y realizar comparaciones entre unas y otras zonas. Hoy por hoy no sabemos realmente si ente nacimiento de los homínidos se dio solo en Africa, o por el contrario se dio en otros lugares, lo que esta claro es que estos restos solo se han encontrado en Africa, luego por el momento, es allí donde centraremos su origen. Luci es el apodo de una hembra de Australopithecus afarensis que data de 3.250.000 años, media alrededor del metro y pesaba unos 30 kilos, no habla, ni talla piedras, por aquel entonces éramos algo así como chimpancés bípedos, su esqueleto se encontró en 1974 en Maddar (Etiopía), este se convirtió en el homínido fósil más famoso del mundo y considerado el antepasado de todos lo homínidos. Los primeros homínidos surgieron hace unos 6 millones de años y desde hace 2 m.a. existían homínidos en Eurasia, nuestra especie, el Homo Sapiens, surge en Africa y data de unos 200.000 años. No fue fácil para los homínidos salir de Africa, allí es donde habían evolucionado y estaban adaptados a sus ecosistemas, en Europa el clima es estacional y no existen frutos todo el año, por lo que tuvieron que aprender a cazar en grupo, planificando y desarrollando estrategias. Tenemos fósiles humanos en Georgia (Asia) de hace casi 2 m.a. Los fósiles más antiguos de Europa Occidental están en Atapuerca de 1 m.a. aprox. pero es probable que hubieran llegado antes. Al mismo tiempo que comenzaba la evolución de los Neandertales en Europa con la especie Homo heidelbergensis, la población africana (homo Rudolfensis) evolucionaba hacía la humanidad moderna.
El cráneo humano ha cambiado drásticamente durante los últimos 3 millones de años. La evolución desde el Australopithecus hasta el Homo sapiens, significó el aumento de la capacidad craneana (para ajustarse al crecimiento del cerebro), el achatamiento del rostro, el retroceso de la barbilla y la disminución del tamaño de los dientes. Los científicos piensan que el increíble crecimiento de tamaño del cerebro puede estar relacionado con la mayor sofisticación del comportamiento de los homínidos. Los antropólogos, por su parte, señalan que el cerebro desarrolló su alta capacidad de aprendizaje y razonamiento, después de que la evolución cultural, y no la física, cambiara la forma de vida de los seres humanos.
Los restos humanos hallados en la sima de los huesos nos dicen que fueron acumulados por sus compañeros y familiares, se trata de la primera práctica funeraria registrada. La aparición de los Neardentales por evolución a partir de poblaciones como la de la sima de los huesos y la llegada de los Cromañones que son los antepasados del Homo Sapiens, nos dicen que las dos especies compitieron, saliendo vencedor el Cromañon. Con la llegada del homo sapiens aparece también la representación simbólica. 
Historia de los yacimientos de Atapuerca
Como ocurre con frecuencia con los yacimientos prehistóricos, el descubrimiento de Atapuerca se debió al azar. En este caso, los yacimientos de la Trinchera no se hubieran encontrado de no ser por las obras de un ferrocarril que dejaron al descubierto los yacimientos. La Cueva Mayor, una cavidad situada apenas a medio kilómetro de la Trinchera, ya era conocida desde al menos el siglo XV. En 1910, el arqueólogo Jesús Carballo descubrió el yacimiento de la Edad del Bronce y las pinturas que hay en la boca de Cueva Mayor, conocida como el Portalón. Este yacimiento fue estudiado entre 1911 y 1912, y generó el interés de algunos de los más importantes arqueólogos de la época. El lugar fue visitado y estudiado por el Abate Henri Breuil (uno de los padres del estudio del arte rupestre en Francia) y Hugo Obermaier, autor de El Hombre Fósil (1926). De especial interés para estos investigadores son las pinturas rupestres, y sobre todo la cabeza de caballo de la entrada de Cueva Mayor. En 1925-30, J. Martínez-Santaolalla incluye el Portalón en su estudio sobre el Neolítico de Burgos. Pero los acontecimientos históricos determinaron un parón en las investigaciones en la Sierra. Nada se hizo durante decenios. En los años cincuenta volvió a haber actividad en Atapuerca. El Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE), de Burgos, empezó por aquel entonces a catalogar y cartografiar con detalle las cavidades de la región, incluyendo la Cueva Mayor. En 1962, miembros del GEE comunican la existencia de fósiles en la Trinchera de Ferrocarril a las autoridades. En 1963, Basilio Osaba muestrea la Trinchera y encuentra un hacha de mano que asigna al Achelense. En 1964 y 1966, Francisco Jordá efectúa excavaciones allí, en la Trinchera y en Cueva Mayor, respectivamente. El resultado es la primera estimación de la antigüedad del Yacimiento de Trinchera: más de 500.000 años, según el análisis de la fauna llevado a cabo por Juan Francisco Villalta. En 1968, Narciso Sánchez, miembro del Instituto Paleontológico de Sabadell, enviado por Miquel Crusafont, tomó muestras de la Trinchera. En 1972 el GEE descubre la Galería del Sílex, una rama lateral de Cueva Mayor que contiene un santuario prehistórico con restos de diferentes épocas, desde el Neolítico a la Edad del Bronce. El lugar estaba intacto; un derrumbe del techo cerró la boca de la galería, dejándolo tal y como estaba en aquella época. Los trabajos efectuados revelaron vasijas de cerámica rotas intencionadamente en estrechos rincones, enterramientos en zonas casi inaccesibles de la cueva, un muro construido como barandilla para hacer más segura una sima en cuyo fondo estaban aún los cadáveres de un par de accidentados, y también una explotación de sílex para fabricar herramientas de piedra. En la pared había además unos extensos paneles de pinturas y grabados, que son interpretados como evidencia de que aquel lugar era un santuario. Ante la importancia del hallazgo, la Diputación Provincial de Burgos procede a cerrar con una verja metálica el acceso a la cueva. En aquellos años se inician una serie de problemas con las autoridades militares, por el uso de la Trinchera como lugar de prueba de explosivos; la zona es, desde 1973, campo de maniobras del Ejército. Por entonces, el Grupo Edelweiss solicitó la protección completa de los yacimientos y la declaración del conjunto como Monumento Histórico-Artístico. En 1973, Juan María Apellániz inicia el estudio de la Galería del Sílex y del Portalón de Cueva Mayor en colaboración con los espeleólogos del Grupo Edelweiss. Por aquel entonces, el ingeniero de Minas Trinidad Torres, que estudiaba osos fósiles del Pleistoceno español, estudia en Sabadell restos de Atapuerca, llevados allí por la expedición clandestina de Narciso Sánchez en 1968. Torres entra en contacto con el GEE en 1975, y en 1976 prepara una excavación en la Sierra. Torres trabajaba entonces en su tesis doctoral sobre Úrsidos del Pleistoceno, en especial los llamados Osos de las Cavernas, poco estudiados en España.. Entre los huesos extraídos de la Sima aparecieron unos fragmentos de mandíbula que no eran de oso. Eran fósiles humanos, lo que constituía un hallazgo excepcional, ya que, por los restos de oso, se sabía que el yacimiento era de una época remota. Aquella mandíbula, llamada AT-1, con otros dos fragmentos de mandíbula más (AT-2 y AT-3), junto a un puñado de dientes y dos fragmentos de cráneo, fueron los primeros restos humanos de la Sierra de Atapuerca. Torres llevó la mandíbula a su director de tesis, el paleontólogo Emiliano Aguirre: la forma de aquella mandíbula sugería gran antigüedad. Además, la morfología de los osos colocaba al yacimiento en el Pleistoceno Medio. Por aquel entonces, y aun hoy, los yacimientos europeos con fósiles humanos tan antiguos pueden contarse con los dedos de una mano.
Yacimientos:

Trinchera Dolina

En el año 1978 se comienza a eliminar sedimento de Trinchera Dolina y a cartografiarlo. En 1981 comienza la excavación. En 1985 se había alcanzado ya el primer nivel rico en industria lítica, llamado TD-11, donde aparecieron decenas de piezas. En 1986 una crisis de financiación redujo el personal y el tiempo de excavación al mínimo. En 1987 las excavaciones en los niveles superiores de Dolina (TD11 y TD-10) permitieron establecer la hipótesis de que estaban relacionados con los niveles de Galería. El aprovisionamiento de piedras era local y se fabricaban las herramientas en este yacimiento. El conjunto de herramientas encontradas en Dolina era Premusteriense. En 1990 se decidió saltar al pasado en la Dolina, casi medio millón de años: en un retazo lateral donde los canteros se dejaron un pequeño testigo de las capas TD-4 y TD-5. Eran pocos metros, pero repletos de fósiles. Había huesos de caballos, rinocerontes, un resto de elefante, hienas, bisontes... toda una fauna perteneciente al Pleistoceno Inferior. La mayor parte de los restos estaban en buen estado de conservación, en algunos casos casi intactos. La hipótesis de que los primeros europeos habían emigrado al continente hace medio millón de años se rechaza gracias al hallazgo de cuatro piezas de industria lítica en TD-4 durante la excavación de 1991, que suponía presencia humana en Burgos cerca de los 780.000 años de edad en los que estaba datado el nivel. Se decidió practicar un sondeo que permitiese llegar a la base de Dolina en poco tiempo. El nuevo equipo se formó en 1993 y empezó a trabajar en una superficie de apenas tres metros por dos. Los progresos fueron rápidos. Al final de la excavación en 1993 se había alcanzado ya el nivel TD-8, que resultó ser rico en fauna. De su interior salieron magníficos ejemplares de carnívoros. La mayor parte de este material fue extraído en 1994; en junio de este año el equipo estaba en TD-7, una capa de areniscas depositadas por corrientes de agua, en el que apareció una pata de bóvido en posición anatómica. El 6 de julio la excavación alcanzó el nivel TD-6, en el que se descubrieron numerosos fósiles humanos: un puñado de dientes superiores e inferiores, un gran fragmento de cráneo, un fragmento de mandíbula con dos dientes y un molar (la muela del juicio) sin salir, todos restos pertenecientes al mismo individuo, el Homínido 1, un niño que tenía una edad de alrededor de 14 años. Aparecieron también restos del Homínido 2, un niño de alrededor de 10 años. Pero había más: entre los 36 fragmentos humanos recuperados había, al menos, seis individuos, de los que se conservaban fragmentos de cara, huesos de manos y pies, vértebras... junto a ellos se encontraron piezas de industria lítica, lo que hace suponer que fueron víctimas de un banquete caníbal. El hecho de haber encontrado en este nivel dientes de la rata de agua Mimomys savini aseguraba que el estrato TD-6 tenía al menos 600.000 años, y una nueva datación paleomagnética aseguraba que se había depositado durante una fase en la que la polaridad de la Tierra estaba invertida, y la última vez que pasó eso fue hace 780.000 años. Gracias a los fósiles encontrados en TD-6 en 1997 se publicó el hallazgo de una especie humana nueva: Homo antecessor, especie que fue la descubridora de Europa.

Como eran estos homínidos: Podemos saber cómo eran los habitantes de la Sierra de Atapuerca de hace 800.000 por los fósiles encontrados en el Nivel TD- 6. Uno de ellos era un niño de unos once años que tenía la frente muy baja, y sobre los ojos una ceja prominente. Su cara era grácil y plana, sus dientes robustos y recios, y las marcas en el esmalte permiten saber que pasó una temporada de malnutrición o enfermedad cuando era pequeño. Por los rasgos de la cara de este niño empezó a cuestionarse la creación de una nueva especie.
Cómo vivían: Los hombres que vivían en la Dolina hace 800.000 años (nivel TD-6) cazaban y carroñeaban por la Sierra, llevándose a veces miembros enteros de sus presas a la cueva para comerlas en paz. Otras veces aprovechaban los cadáveres de los animales que se encontraban muertos. Les gustaban sobre todo los potros y los ciervos jóvenes, que degustaban con frecuencia. Tanto para cazar como para arrancar la carne usaban herramientas fabricadas de piedra de la zona, en especial los grandes cantos rodados del río Arlanzón, que usaban como martillos para tallar o para partir los huesos. Aquellos humanos llevaban algún tiempo viviendo en Europa. Probablemente vagabundeaban por grandes extensiones de terreno durante el año, siguiendo las migraciones de los animales y los momentos en que las diferentes frutas estaban en sazón. Hace 300.000 años la cosa había cambiado. En la Dolina era donde tenían su campamento. Dolina tenía una gran entrada con mucha luz, y probablemente era amplia y confortable. Se pensaba que allí habían pasado mucho tiempo, ya que hay más huesos marcados, y muchos de ellos fueron reducidos a astillas para sacar el tuétano. La densidad de herramientas indica una ocupación intensa. Es difícil establecer, tanto tiempo después, el uso detallado que hicieron los humanos de esas cuevas.
canibalismo
En el nivel TD-6, que data de 800.000 años atrás los restos humanos aparecían literalmente cubiertos de herramientas y esquirlas, como si hubiese alguna relación entre ellos. Los investigadores empezaron a sospechar. No es normal encontrar fósiles humanos; de hecho, es extremadamente raro hallar restos en una boca de cueva como era entonces la Dolina. Lo normal es encontrar allí restos de comidas efectuadas por carnívoros o por los mismos humanos, aprovechando la tranquilidad y la sombra. ¿Podía ser que aquellos fósiles encontrados en TD-6 fueran los restos de un banquete caníbal? Pronto las sospechas quedaron confirmadas. Hace centenares de miles de años, Dolina sirvió de comedor para un macabro banquete cuyo plato principal eran humanos. Las marcas de filos de piedra sobre los huesos son claras: al menos en dos falanges y en un cráneo hay señales de descarnación. No puede haber ninguna duda de que, al menos, aquellos cuerpos fueron destazados, es decir, desmembrados y la carne retirada de los huesos. Aunque se conocen casos de descarnación no alimenticia, la situación de los cortes en los huesos demostraba que aquellos cuerpos humanos fueron descuartizados usando las mismas técnicas que las que se aplican a los animales para comer. Muy probablemente para aquellos primitivos seres humanos la diferencia entre un cadáver de ciervo y otro humano no existía aún; al fin y al cabo, la primera señal de comportamiento prefunerario puede ser la vecina Sima de los Huesos, muy posterior en el tiempo. No sabemos por qué lo hacían; pero sí podemos afirmar que los Primeros Europeos eran caníbales.
Fauna:
El nivel TD-8, que resultó ser muy rico en fauna. De su interior salieron magníficos ejemplares de carnívoros y herbívoros. En el nivel TD-7 apareció una pata de bóvido en posición anatómica. TD-6 es uno de los estratos más ricos de la Dolina. Desde el primer momento empezaron a aparecer fósiles de animales en abundancia. Incluso diminutos. El sedimento de la Dolina era cuidadosamente lavado en un tren de cribas para recuperar hasta el más mínimo fragmento. Entre los de tamaño más reducido aparecían dientes de roedor y murciélago. También se encontró un antepasado de las ratas de agua llamado Mimomys savini, importante para realizar la datación de este nivel. Hace 800.000 años, nivel TD-6 había todavía osos, caballos, hienas, linces y varias especies de ciervos. Las marmotas seguían viviendo en la Sierra. En las praderas cerca del río pastaban unos gigantescos parientes de los elefantes hoy extinguidos, y entre las carrascas hozaban los jabalíes. En los roquedos de la Sierra brincaban los corzos, y en los arroyos que de ella descendían, los castores construían sus diques. Se pudo analizar una muestra de los niveles TD-4 y TD5, en una superficie muy reducida que era rica en fósiles (la excavación de aquel área era la oportunidad de echar un vistazo a los niveles más bajos de Dolina, a los que la excavación normal tardará décadas en llegar). Eran pocos metros, pero repletos de fósiles. Había huesos de caballos, rinocerontes, un resto de elefante, hienas, bisontes… toda una fauna procedente del Pleistoceno Inferior.

Como se excava:
El andamiaje del yacimiento de la Gran Dolina colocado al comenzar la excavación debía convertirse en permanente, en lugar de montarse y desmontarse cada año como hasta entonces. Así, la primera semana se dedicó a construir una estructura metálica de 18 metros de altura anclada a la pared de la Trinchera. Cuando acabaron, la Dolina tenía una infraestructura que serviría desde entonces a las necesidades de la excavación. Junto al andamio permanente de Dolina se montaron un andamiaje provisional en la Galería y las cuadrículas de excavación necesarias. El primer nivel rico en industria lítica en Dolina fue el llamado TD-11, en el que aparecieron decenas de piezas. Por su morfología, se pudo establecer un parentesco entre aquellos materiales y los que estaban empezando a aparecer en la Galería en un nivel llamado GSU-11, repleto de restos óseos e industria lítica. Pero las características de las piezas encontradas en Dolina eran diferentes. La presencia de distintos fragmentos procedentes del mismo bloque original indicaba que era en la Dolina donde los antiguos humanos habían fabricado sus herramientas. La industria lítica de Dolina (al igual que la de Galería) está hecha de varios tipos de roca. Muchas son de cuarcita, una roca que se encuentra en abundancia en las orillas del río Arlanzón en forma de cantos rodados. También aparecían, con mucha menos frecuencia, fragmentos de cuarzo y arenisca. Todos estos materiales provienen de la Sierra de la Demanda, y han llegado hasta allí arrastrados por el río. La roca más usada es el sílex, que aparece en dos variantes, una de ellas de enorme fragilidad. Inmediatamente se comprobó que TD-6 es uno de los estratos más ricos de la Dolina. Desde el primer momento empezaron a aparecer piezas de industria lítica en abundancia. Incluso diminutos. El sedimento de la Dolina era cuidadosamente lavado en un tren de cribas para recuperar hasta el más mínimo fragmento. Entre los de tamaño más reducido aparecían pequeñas esquirlas de sílex y cuarcita procedentes de la talla de herramientas. Más de 100 piezas, algunas de ellas diminutas esquirlas de roca que demostraban que las herramientas habían sido fabricadas en TD-6. El hallazgo de cuatro piezas de industria lítica en TD-4 era la prueba de que en la época en que se formó TD-4 ya había seres humanos en la Sierra de Atapuerca. Eso suponía presencia humana en Burgos cerca de los 780.000 años de edad en los que estaba datado este nivel.
Industria lítica:
modo-1
Algunos tipos de piedra son útiles para fabricar filos cortantes. Rocas sedimentarias, como el sílex, metamórficas, como la cuarcita, o volcánicas, como la obsidiana, golpeadas de la forma adecuada se rompen generando filos. La parte que salta se llama lasca, que corta como una cuchilla de afeitar. En la mano quedará un "núcleo". Los seres humanos tardaron mucho en dominar esta técnica. En los yacimientos más antiguos se encuentra la industria Olduvayense o del Modo 1, que se caracteriza por las herramientas más simples: lascas sin retocar y cantos tallados llamados "choppers".
modo-2
Hace 1,6 millones de años aparece por primera vez en el yacimiento de Olduvai, en Tanzania, un nuevo sistema de fabricar los instrumentos: el Achelense o Modo 2, cuya mayor innovación es que las piezas son trabajadas de forma radial. Cada núcleo es golpeado a lo largo de todo el borde, de forma que se consigue un filo continuo, por una o ambas caras. La fabricación de los instrumentos se basa en una secuencia de golpes específica. La pieza más típica, característica del Achelense, es el bifaz; piezas talladas por ambas caras y con forma de lágrima.
modo-3
EL Modo 3 está representado en los niveles superiores de la Gran Dolina: TD10 y TD11. Hasta el momento se han recuperado alrededor de 2000 objetos, aunque considerando que aún se está excavando en nivel TD10, es esperable que esta cifra aumente. El Modo 3 en Atapuerca se caracteriza por una preparación dirigida a la producción sistemática de Bases Positivas (lascas no retocadas) con morfologías estandarizadas así como de útiles retocados de pequeño y medio tamaño. Así en TD11 son muy habituales los denticulados y las puntas y en TD10 los denticulados y las raederas. En el nivel TD11 las ocupaciones no debieron durar mucho tiempo pero es posible que en TD10 los asentamientos fueran más dilatados.
Trinchera Galería
Localización: Trinchera Galería es uno de los yacimientos (junto con Dolina y Elefante) que quedó expuesto cuando se cortó la caliza de la Sierra de Atapuerca para la construcción de un ferrocarril minero. Aquella obra se llevó por delante varias toneladas de sedimentos con fósiles pero a cambio nos dejó al descubierto el yacimiento de Galería. Se trata de una galería conectada a su vez con otra galería (Cueva de Zarpazos) y un conducto vertical a modo de chimenea totalmente colmatada con 16 metros de potencia rellenos de sedimentos ricos en fósiles de animales, plantas, e industria lítica de hace más de 200.000 años. Estratigrafía: Los primeros años de excavación del yacimiento de Galería se consideraban hasta 12 niveles estratigráficos, numerados de abajo hacia arriba (desde TG1en el suelo de cueva hasta TG12 colmatando la parte superior) y siguiendo un criterio arqueológico, algunos niveles eran asignados según el grado de ocupación humana (denominados GSU). Estudios posteriores más finos han subdividido la columna estratigráfica de Galería en 6 niveles (del I inferior al VI superior). Los niveles inferiores (GII y GIII) indican que entonces hubo una ocupación más intensa de la cueva por los humanos, con cantos de cuarzita y herramientas en sílex junto a huesos de herbívoros. La edad de Galería es anterior a los 200.000 años. Se han realizado dataciones en un espelotema situado en el techo y que sella la cavidad (es decir se trataría del último momento en que la cavidad se estaba colmatando) y ha resultado tener una edad de entre 180.000 y 200.000 años, por tanto los niveles que se encuentran por debajo son más antiguos y aunque no sabemos cuanto más, los estudios del tipo de animales apuntan a una máximo de alrededor de 400.000 años.
historia
En 1978 se comenzó por la limpieza de los derrubios depositados por la erosión al pie de Galería en la Trinchera del Ferrocarril. Zarpazos fue descubierta por el GEE, después de que una explosión de prácticas realizada por el Ejército dañase la pared del relleno. Zarpazos facilitó el trabajo en la Galería, ya que amplió el frente de excavación. En 1980 se empezó a trabajar en Trinchera Zarpazos, una nueva cavidad surgida de las paredes del relleno de Galería. Entre 1980 y 1981 comienza la excavación en estos dos rellenos. En 1982 se excavó Galería, extendiéndose las catas en el nuevo yacimiento de Zarpazos. Para ello se montó el sistema de cuadrícula aérea. Aparecieron cinco niveles con industria lítica y fauna, que fueron denominados GSU-1 a GSU-5. En 1983 Galería empezó a dar frutos: lo que aparecían eran suelos de ocupación humana, capas de tierra que alguna vez fueron suelo de la cueva, donde los seres humanos llevaron a cabo sus actividades. Se excavaron tres de los suelos de ocupación, apareciendo decenas de fósiles y piezas de industria. En 1984 aparecieron dos suelos de ocupación más, repletos de industria y fauna y se tomaron muestras para conocer la edad de los yacimientos. En 1985 apareció un nivel llamado GSU-11, repleto de restos óseos e industria lítica. Se procesaron las muestras tomadas el año anterior y se supo que las capas inferiores de Galería superaban los 350.000 años. En 1986 una crisis de financiación redujo el personal al mínimo. En 1987 el Apoyo de la Junta de Castilla y León le dio al yacimiento un empujón, justo cuando los primeros resultados científicos comenzaron a aflorar. Con ayuda del Regimiento de Ingenieros nº 5 de Castrillo del Val se practicaron una serie de microvoladuras para despejar sedimentos estériles en Galería. Se relaciona la industria de TG-10/11con la cultura denominada Achelense (Modo 2). El cambio de década pasó sin que hubiese descubrimientos espectaculares. Pero se avanzó en el conocimiento de la geología de cada uno de los yacimientos, y hubo mejoras notables en las dataciones. Se estableció que Galería era una trampa natural donde se acudía en busca de carroña. Los fósiles de Galería tenían marcas de descarnación, que demostraban que los antiguos habitantes de la Sierra conocían con detalle la anatomía del animal.                                               
Homínidos
En Galería había lo que se llama suelos de ocupación humana: capas de tierra que alguna vez fueron un suelo de la cueva, donde los seres humanos llevaron a cabo sus actividades. Cada uno de estos suelos contenía una fotografía del estado en que aquellos antiguos humanos habían dejado la cavidad tras utilizarla, probablemente durante un tiempo muy breve. Cuando se marchaban, tras consumir por ejemplo la carne de un animal muerto, dejaban atrás los huesos pelados de aquel animal y las herramientas usadas para descuartizarlo. Estos restos eran luego cubiertos por barro y rocas arrastrados por el agua, quedando así preservadas no sólo la industria lítica y los huesos, sino el mismo espacio vital. Así se desarrolló el concepto de impacto antrópico: un espacio usado por los seres humanos para su propia conveniencia, una capa de tierra que conserva huesos y herramientas de piedra relacionados entre sí y más o menos contemporáneos. Por los restos encontrados en Galería se pensaba que los humanos entraron a carroñear de vez en cuando, y quizá a comerse alguna pieza cazada en las proximidades. No se quedaban mucho tiempo, porque no hay demasiados huesos con marcas de corte ni fracturas intencionales. Galería funcionó como trampa natural. Es decir, que aquella cavidad era visitada de cuando en cuando por los grupos cazadores, cuando veían carne en su interior, y no volvían a ella en mucho tiempo tras el festín.
Fauna:
Algunos de los fósiles de Galería tenían unos arañazos paralelos muy característicos en su superficie, unas marcas llamadas de descarnación. Estas marcas aparecen siempre en las zonas del hueso donde se insertan los músculos, y las hicieron los antiguos humanos, al arrancar con sus instrumentos de piedra la carne de los huesos. Los antiguos habitantes de la Sierra, que conocían bien la anatomía animal, extraían la carne con pericia de carniceros. Junto a los huesos arañados aparecían las herramientas que habían usado. Entre los herbívoros que pacían en aquellos prados había parientes de los rinocerontes, bisontes, gamos, caballos, ciervos y megaceros. Animales más pequeños, como conejos, varias especies de ratones de campo, topillos y ratas de agua, hámsters y lirones caretos, musarañas, topos y erizos; había grandes roedores como la marmota y, en momentos más cálidos, puercoespines. Había carnívoros también desde leones hasta linces y enormes osos, dos tipos distintos de lobo unos antepasados más pequeños del lobo actual y los perros jaros, gatos monteses, comadrejas, martas y tejones. En los cielos de Atapuerca patrullaban halcones, búhos y lechuzas que se alimentaban de ranas, sapos, salamandras, lagartijas, o culebras. Con estas aves coexistían palomas, cuervos, alondras, zorzales y cogujadas, perdices y avutardas.
Industria lítica:
Los procesos de fabricación de la industria de TG-10/11 relacionan estas piezas con la cultura denominada Achelense (Modo 2), que apareció en África hace 1.700.000 años, pero que no llegó a Europa hasta hace 500.000 años. Los tipos de herramientas y su modo de fabricación son similares a las que se encuentran en otros yacimientos europeos de la misma época.

Como se excava:
Entre 1988 y 1991 se consolidó en la Trinchera un método de trabajo que se conserva hasta la actualidad. Cada año, al comenzar la excavación, se monta un andamiaje lateral sobre el que se instala un falso suelo de tablones, con el fin de no pisar el sedimento. La extensión del yacimiento queda separada en cuadrados de un metro de lado. Sentados a horcajadas sobre los tablones, o tumbados boca abajo los excavadores trabajan unas nueve horas al día, y con frecuencia tan sólo profundizan uno o dos centímetros. Las tardes se dedicaban al trabajo de laboratorio. Cada día una parte de los excavadores de Dolina y Galería, dirigidos por arqueólogos y paleontólogos profesionales del equipo, restauraban, limpiaban y numeraban el material para clasificarlo y embalarlo después. Esas tardes son una forma de compensar de alguna manera a los estudiantes que dedican voluntariamente parte de su verano a excavar en Atapuerca. Allí aprenden técnicas de excavación y de restauración de campo, identificación de huesos e industria lítica o geología. Durante el calmado trabajo de laboratorio se discute sobre la formación del yacimiento, se intercambian conocimientos, se hacen preguntas y se responden dudas. Es la parte más intelectual del trabajo de campo, que compensa el duro trabajo en la Trinchera
Trinchera Elefante
El yacimiento Trinchera Elefante (también denominado Sima del Elefante) es otro de los ricos depósitos que afloran en la Trinchera del Ferrocarril con 15 metros repletos de sedimentos. En los primeros años de excavaciones sistemáticas en la Trinchera del Ferrocarril, se tomaron muestras del corte para conocer de manera aproximada su cronología comprobándose que en la parte superior del yacimiento (con un relleno de 10 metros de potencia), aparecía industria lítica asociada a fauna. Las herramientas líticas eran atribuibles al Modo 2, y se asemejaban a las halladas en el yacimiento más próximo de Galería y en los niveles superiores de Dolina (TD10 y TD11). Una datación, realizada por el método radiométrico de Series de Uranio, proporcionó una edad de alrededor de 213.000 años de antigüedad. Esto situaba al paquete superior del yacimiento de Elefante en el Pleistoceno Medio. Dadas las alentadoras expectativas del yacimiento, en 1997 se decidió realizar una excavación de sondeo en la mitad inferior del depósito que aún hoy continúa, y donde han aparecido numerosos restos de animales. La parte inferior, el nivel 'unidad roja inferior' de la Sima del Elefante es la localización más antigua de las hasta ahora conocidas en la Sierra de Atapuerca. Es algo anterior a los niveles inferiores (los más antiguos) de Dolina, dado que las especies de roedores que se encuentran en esta unidad estratigráfica del yacimiento Trinchera- Elefante son más primitivas que las de los niveles 3-6 de Dolina (especialmente una llamada Allophaiomys). La Sima del Elefante es un rico yacimiento con niveles del Pleistoceno Inferior y Medio que apenas se ha comenzado a excavar y que ya nos ha proporcionado gran información.
La sima de los huesos
Un pozo vertical de 13 metros al que se llega tras medio kilómetro de accidentado recorrido de cueva; toneladas de roca, arcilla y basura de visitantes anteriores, y entre todo este revuelto, miles de huesos de oso troceados en fragmentos diminutos e irreconocibles: la Sima de los Huesos no era un lugar agradable para trabajar. Pero su contenido merecía la pena. La Sima de los Huesos es un yacimiento muy especial. Se trata de una pequeña cavidad al final de una rampa a la que se accede por una sima vertical de 13 metros de profundidad; su forma es como la de un calcetín. La entrada está en un recodo apartado de una gran sala de alto techo, llamada Sala de los Cíclopes, a medio kilómetro de distancia de la entrada actual de la Cueva Mayor. El camino para llegar allí es difícil, pues atraviesa desde grandes Salas de más veinte metros de altura, hasta una gatera que hay que cruzar arrastrándose por el suelo. Justo en la vertical de la Sima, casi 30 metros de roca más arriba, hay un campo de cereal, en el piedemonte de la Sierra de Atapuerca. Desde ese punto, los días claros, se pueden ver a lo lejos las agujas de la Catedral de Burgos. Pero en las profundidades de la Sima reina una oscuridad eterna. La temperatura media es constante, alrededor de 13 grados centígrados, y la humedad relativa es del 100%. Las paredes calizas casi no tienen formaciones estalagmíticas, y el suelo es de arcilla muy fina, como la de modelar. Dentro de esa arcilla sólo hay huesos y algunos bloques de caliza, desprendidos de las paredes. La situación actual no se parece mucho a la que conocieron los componentes del Grupo Espeleológico Edelweiss antes de 1976.
Homínidos: La Sima de los Huesos es uno de los yacimientos paleoantropológicos más productivos del mundo. En la parte superior de la Sala de los Cíclopes aparecieron 161 fósiles humanos. En el sedimento intacto apareció un gran fragmento de mandíbula, AT-250, la segunda encontrada después de la AT-83 de 1984. En total, 24 fragmentos salieron de esos niveles. Los descubrimientos más importantes de la Sima de los Huesos fueron sin duda un parietal, luego otro, más tarde un torus frontal caído sobre ellos, un temporal acá y otro allá, un occipital justo debajo, era el Cráneo 5: Miguelón. La mandíbula de este cráneo apareció, casi intacta, apenas a unos centímetros de donde había estado el cráneo, y al limpiar los temporales aparecieron martillo, un yunque y un estribo. El tercer cráneo que apareció, el Cráneo número 6, era de un niño de apenas catorce años. ¿Cómo eran?: Al aparecer la mandíbula del Cráneo 5 casi intacta, apenas a unos centímetros de donde había estado el cráneo se pudo hacer una reconstrucción de cómo era, la fotografía, de un habitante pleistoceno de la Sierra de Atapuerca: era la primera vez que aparecía la estructura ósea completa de la cabeza de un único individuo, la más fidedigna imagen que conocemos de un ser humano del pasado. Además, los huesos de cabeza para abajo permiten conocer la complexión que tenían estos hombres del Pleistoceno: eran muy fuertes, deducible por las marcas que dejan los músculos en los huesos, que permiten hacerse una idea de su tamaño. Una de las características más llamativas del postcraneal de la Sima es el grosor de su corteza. Los huesos largos están compuestos de capas, una externa llamada cortical, maciza, una interna llamada trabécula y el canal medular en el centro. La trabécula es una malla de barras óseas muy finas conectadas entre sí en forma de red tridimensional. Nuestros huesos tienen una cortical muy fina, de unos milímetros de espesor en los huesos más resistentes. En los de Atapuerca, la cortical ocupa casi toda la sección del hueso. Eran vigas gruesas y resistentes, a tono con su recia musculatura. La estatura media de los varones superaba el 1,75 metros, y la de las mujeres rondaba el 1,70, similar a las poblaciones actuales, aunque algunos individuos podían llegar a 1,80 metros y superar los 90 kilos de peso. Su forma de andar era idéntica a la actual: los homínidos llevaban ya 4 millones de años perfeccionándola. En cuanto a la forma de los huesos, tienen una mezcla de caracteres antiguos y modernos. En algunos se parecen a sus descendientes los Neandertales, lo que ha permitido entender mejor a esta población. La forma de los huesos del brazo, por ejemplo, es similar, y también aparece el parentesco en determinadas características de la cadera. Muy probablemente estos rasgos tienen su origen en los antepasados de toda la rama: Los Primeros Europeos. ¿Cómo vivían?: En la Sima de los Huesos se han encontrado fósiles humanos de al menos 32 individuos. Un hallazgo de estas características es anormal ya que no se suelen encontrar grupos de humanos juntos, a no ser que esos cuerpos hubiesen sido transportados a la Sima por algún motivo en especial: los hombres y mujeres que vivían en Atapuerca hace 300.000 años habían hecho de esta cavidad su cementerio. No hay forma de saber si efectuaban con sus muertos algún tipo de ritual; no sabemos si los lloraban o sentían su pérdida. Sabemos que ya no se los comían, como habían hecho sus lejanos antepasados medio millón de años atrás. Sabemos que los acarreaban hasta la Sima, recién muertos, intactos, y que los arrojaban allí. Quizá para protegerlos de otros carnívoros, tal vez simplemente para quitarlos de en medio. Lo que sí es seguro es que ya sabían que aquellos muertos eran diferentes de cualquier otro animal muerto, y debían ser tratados de forma distinta. Cualquier imagen que nos hagamos de funeral o procesión doliente es pura imaginación. No sabemos por qué o cómo lo hacían, pero parece que estaban dispuestos a tomarse el trabajo de llevar hasta allí los cuerpos de sus muertos; unos muertos para ellos especiales. Salud y enfermedad: El estudio detallado de los huesos puede decirnos mucho sobre el modo de vida de nuestros antepasados. Por ejemplo, sabemos que los habitantes de la Sierra de Atapuerca no eran zurdos. Usaban mucho sus dientes anteriores como herramienta, casi como una tercera mano. El desgaste era enorme, hasta tal punto que en la treintena ya habían desgastado la corona. Probablemente utilizaban sus quijadas para sujetar cosas, así como para comer vegetales sin cocinar. Esto suponía una dura carga sobre la articulación de la mandíbula, lo que podría explicar el que casi todos los individuos de la Sima tengan señales de artrosis temporomandibular, una enfermedad asociada al fuerte desgaste de los dientes. Los dientes nos hablan también de épocas de escasez de alimentos o enfermedad: casi un tercio de los individuos de la Sima pasaron por momentos de estrés por malnutrición o enfermedad. En muchos casos esto ocurría hacia los tres o cuatro años, que corresponde con el destete. Usaban palillos para limpiarse los dientes tras las comidas, palillos que dejaron surcos entre las muelas. En cambio, no hay una sola caries en los dientes de la Sima. Pero hay cosas más graves: el Cráneo 5 es una de las más antiguas evidencias de muerte por septicemia, o infección generalizada, que comenzó en los dientes y se extendió hasta casi la órbita del ojo. Además el cráneo 5 tiene hasta trece impactos en la cabeza, recibidos a lo largo de su vida. Llama la atención el número; aunque las señales de golpes abundan, el cráneo 4 (varón) tiene tres, mientras que en otros ejemplares aparecen tres o cuatro. El Cráneo 4, por su parte, es el sordo más antiguo conocido. Los conductos auditivos de Agamenón están casi cegados por un crecimiento anómalo de hueso en su interior. Este tipo de crecimiento fuera de lo normal es común en casos de infecciones graves del oído; probablemente, una persistente otitis dejó sordo a aquel individuo. En general aquellos pobladores pleistocenos gozaban de un nivel de salud alto. No se conservan fracturas o evidencias de grandes traumatismos en brazos o piernas, y tampoco de graves enfermedades. Dejando aparte los golpes y las infecciones, que se cobraron su tributo. Retrato de familia: En la Sima de los Huesos hay restos de al menos 32 personas, de distintas edades y sexos; la mejor muestra conocida de una población de su época. En la Sima de los Huesos hay 32 individuos, de los cuales 9 eran mujeres y 9 varones; de 14 es imposible conocer el sexo. Por edades hay 4 niños menores de 13 años y 11 adolescentes de entre 13 y 17 años, la edad más representada en el yacimiento. No hay niños por debajo de los tres años, y sólo 3 personas (una mujer y dos sin sexo conocido) tenían más de 30 años cuando murieron. Casi la mitad (15 individuos) estaban por debajo de los 18 años.
Fauna:
Osos, zarpazos: Entre los fósiles extraídos de los sedimentos de las capas superiores de la Sima de los Huesos no hay ni un solo resto de industria lítica ni de herbívoros: algo completamente anormal en los yacimientos de la misma época. La acumulación se componía exclusivamente osos, mas de 150, y de carnívoros: tres leones, veinticuatro zorros, algún lobo, linces, algún mustélido y poco más. Los trabajos de Trino Torres habían establecido ya la identidad del oso en cuestión: se trataba del Ursus deningeri, antepasado del formidable Oso de las Cavernas típico del Pleistoceno Superior. Su tamaño era superior al de un gran oso pardo europeo, y estaba especializado en comer de todo, con menos preferencia por la carne que los osos actuales. La Sala de las Oseras está cerrada por un derrumbamiento en un punto que, según los mapas, se encuentra a un par de metros de distancia del techo de la Sima. El nombre de esta cavidad se debe a que conserva yacijas de oso, una especie de encames en la arcilla que estos animales suelen fabricarse para pasar el invierno. En las grietas de la pared, rellenas de arcilla, pueden contemplarse aún hoy huellas de garras de oso, tan frescas que parecen reciente. Una pequeña excavación practicada en la Sala de las Oseras descubrió decenas de huesos casi intactos de Ursus deningeri. Había restos de todo tipo: de osos jóvenes, adultos y cachorros amontonados a lo largo de las paredes. Allí fue donde los últimos de su especie, aquellos que dejaron los encames que hoy vemos, los apartaron para hacer sus yacijas.
Carnívoros : En cambio, los osos cuyos restos se encontraron en la Sima no hibernaban allí. Este tramo de la cueva ha sido desde hace mucho tiempo una auténtica trampa. Su boca es estrecha y difícil de atravesar, y el abismo de casi 13 metros se abre sin previo aviso, en un rincón aparentemente propicio para dormitar unos meses. Si el oso que buscaba lugar para su siesta invernal se descuidaba, podía acabar despeñado; y esto es lo que les ocurrió a 160 de ellos, a lo largo de milenios. Muchos no morían instantáneamente. Heridos y atrapados en un pozo sin salida, su agonía debía de ser lenta, y su instinto de supervivencia les llevaba a carroñear los restos de otros compañeros tan poco afortunados como ellos caídos antes; en el proceso desordenaban y rompían sus huesos y, finalmente, morían. Cuando esto ocurría, la carne tardaba poco (apenas meses) en desaparecer, y su esqueleto quedaba en la misma posición en que el animal murió. Hasta que el siguiente desventurado, a veces una madre con oseznos, caía sobre ellos. Poco a poco se fue formando un verdadero osario. Al menos en varias ocasiones aquellos cuerpos en descomposición atrajeron a otros carnívoros, así como a otros osos, a una muerte cierta. Por lo menos tres leones, casi con certeza un macho, una hembra y un joven, debieron de seguir su olfato para satisfacer su hambre y acabaron muriendo en el despeñadero. Al menos 24 zorros siguieron la misma suerte, junto a un par de linces, un gato montés, tres comadrejas, dos martas y un lobo, que sepamos. La Sima se había convertido en una sofisticada trampa con cebo
Como se excava: Lo primero que hubo que hacer fue montar una cuadrícula, un sistema para dividir el terreno de la Sima en cuadrados de medio metro de lado con el fin de identificar la procedencia de los fragmentos en el espacio siguiendo el método arqueológico. La forma de la cavidad es muy irregular, el techo es bajo, y en algunas zonas estaban entonces a medio metro del amasijo revuelto de barro y huesos que constituía el suelo. La cuadrícula se instaló a base de alambres tensos anclados en las paredes de la cavidad, situados a medio metro exacto de distancia. Fue necesario perforar a mano los orificios de los anclajes, pero una vez instalados se pudieron colocar plomadas espaciadas cincuenta centímetros, de modo que toda la cavidad quedó dividida en parcelas de un cuarto de metro cuadrado. Luego había que estudiar a fondo la estructura geológica del yacimiento, que estaba oculta por el revuelto de arcilla y huesos producto de las actividades anteriores de aficionados. Eso suponía extraer todo aquel material: varias toneladas. Además, todo el conjunto estaba sembrado de grandes bloques de caliza, procedentes de las paredes de la cavidad, que tenían que ser retirados. Introducir allí el material de trabajo era ya problemático, pues cada alambre, herramienta o bolsa de plástico tenían que ser transportados todo el camino desde el exterior. Para bajar la porción vertical de 13 metros de la Sima hubo que instalar una escala de espeleología anclada en la parte superior. También hubo que solucionar la iluminación; en las visitas anteriores a 1984 se utilizaron los carbureros de espeleología: un método probado basado en el carburo, una roca artificial que desprende gas combustible en contacto con el agua. Comunes en los pueblos de España hasta tiempos recientes, un carburero cargado tiene más de seis horas de autonomía, es robusto y sólido y produce una luz intensa cuya potencia es posible regular. El problema es que también consume oxígeno. Y el oxígeno no sobraba en la Sima de los Huesos. De hecho hubo situaciones de peligro en la Sima, cuando los miembros del equipo que estaban trabajando se encontraron con una atmósfera en ocasiones tan enrarecida, que era imposible encender un mechero. El tendido de un cable en 1984 desde la boca de la Cueva Mayor hasta la Sima de los Huesos facilitó el uso de iluminación eléctrica en el interior. Aquello supuso introducir 500 metros de cable industrial en la cueva y hacerlo pasar por el camino más corto: casi siempre, el más difícil. El cable quedó montado permanentemente, y en la propia Sima se montó una precaria instalación apenas suficiente para conectar media docena de focos. Las condiciones de trabajo mejoraron notablemente, pero a las tareas de mantenimiento se añadieron el montar, conservar y desmontar cada año la instalación eléctrica. Incluyendo el transporte y puesta en marcha de un generador de gasolina en el Portalón de la Cueva Mayor, la única fuente de electricidad disponible. En 1992 se hizo necesario colocar una nueva instalación eléctrica, diseñada para las necesidades de una excavación, y a ello se aplicó el equipo. Una serie de enchufes especiales y dos focos halógenos de gran potencia completaron el sistema, que tiene también extensiones en galerías laterales como la Sala de las Oseras. Una vez terminado el trabajo comenzó la excavación en una Sima que parecía más grande con la nueva iluminación, aunque seguía siendo la de siempre. El trabajo consistía en cargar grandes macutos de espeleología, de unos 25 kilos, con sedimento, piedras y huesos. Estos macutos eran sacados al exterior a mano, procurando no golpearlos, ya que contenían valiosos fósiles. El medio kilómetro de cueva, con galerías, gateras y rampas y con 25 kilos a la espalda, en un ambiente tan húmedo y a 13 grados, es una experiencia extenuante. En aquellos años, lo normal era hacer dos y hasta tres viajes al día. Por la tarde se hacía el procesamiento preliminar del material extraído.

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