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Conceptos de Renacimiento y Humanismo

Aunque existen varios precedentes culturales a lo largo de la Edad Media, al periodo de la Edad comprendido entre mediados del siglo XV y los comienzos del XVII se le denomina la época del Renacimiento, a causa del resurgir o renacer del interés por la Grecia y Roma de la Antigüedad Clásica. Los protagonistas de este resurgimiento fueron los humanistas, es decir, los que centraron su interés en lo humano. Con este interés estudiaron las lenguas antiguas, buscando campos de conocimiento más amplios una satisfacción más profunda de los sentidos y un nuevo estilo de comportamiento y actitud. Según los humanistas, defensores de la resurrección del clasicismo, la caída de la edad dorada de la civilización de la antigüedad había porticado una época de barbarie de la que intentaban escapar. El Renacimiento fue mucho más importante que la resurrección del interés por el mundo clásico. Los grandes viajes de descubrimiento, iniciados por los portugueses en el siglo XV bordeando las costas africanas y, sobre todo, el descubrimiento de un nuevo continente, ampliaron el horizonte de la tierra conocida. Las nuevas rutas comerciales y las riquezas de

América permitieron desarrollar las economías europeas y emplear del dinero en el mecenazgo del arte y de la cultura, símbolos del poder del patrón. La consideración social del artista se elevó desde el anonimato del artesano gremial al del creador intelectual protegido por un mecenas. El estilo artístico también cambió. El gótico medieval cedió paso a un estilo basado en las formas de los monumentos romanos antiguos, que eran, medidos y estudiados por los nuevos arquitectos. Alberti (1404-1472) fue el primero que estableció las bases teóricas del nuevo estilo del Renacimiento. El Renacimiento alcanzó todas las ramas del saber humano, incluida la técnica, que había sido relegada a la categoría de los oficios “mecánicos”. En esta nueva mentalidad tuvo un importante papel el redescubrimiento de antiguos tratados de ciencia y técnica de Arquímedes, Plinio, Herón de Alejandría, Vitruvio y otros. Se promueve la aparición del ingeniero-artista, el hombre que poseía los conocimientos prácticos del oficio técnico unida a la sensibilidad estética y artística. En definitiva, el renacimiento supuso:

Una nueva visión de la ciencia y de la técnica, la aparición de un nuevo tipo profesional instruido en las artes, una mejora en la consideración social del técnico, el empleo de los conocimientos científicos para la realización de máquinas, una creciente separación de la magia con respecto a la técnica, una nueva concepción de los sistemas mecánicos y la generalización de las invenciones técnicas.

3.1. El Renacimiento.

En el inconsciente personal, la palabra Renacimiento evoca una pletórica recreación de la Antigüedad clásica en literatura, pensamiento, arte, actitudes y comportamientos en lugares y tiempos concretos, particularmente de Italia. El Renacimiento forma parte de las periodizaciones estructurales, que han diseñado etapas definidas y caracterizadas para la cultura, la filosofía, las mentalidades, la expresión artística y los estilos de vida. Si queremos aplicar el término con este matiz de cultura de época debemos situarlo entre el siglo XIV y mediados del siglo XVI. Sus creaciones deberán vincularse a minorías urbanas en contrapunto con mayorías asentadas en la tradición medieval. Hay que distinguir entre los conceptos de Renacimiento y Humanismo.

El primero es más amplio y tiende a abarcar la diversidad de perspectivas y actitudes vitales.

Mientras que el de Humanismo se refiere más directamente al resurgir de las letras clásicas antiguas y de los valores culturales a que dieron origen.

En líneas generales, el interés por el Renacimiento como cultura de época se inicia a mediados del siglo XIX, tras una etapa de admiración medieval propia del romanticismo. El autor más significativo será Jakob Burckhardt. En el primer cuarto del siglo XX los medievalistas tienden a rechazar las fáciles contraposiciones entre Edad Media y Renacimiento. Hay autores que remontan un primer renacimiento a la etapa de Carlomagno (siglo VIII), con sus logros artísticos y literarios. Asimismo, eruditos como E. Gilson niegan originalidad a la filosofía renacentista. Por otro lado, frente a Burckhardt, que había centrado el verdadero Renacimiento en Italia, fue configurándose la conciencia de un Renacimiento nórdico, no paganizante sino cristiano, una de cuyas figuras más significativas sería Erasmo. Con todo, la fecundidad evidente del Renacimiento italiano contaba a su favor con el sustrato cultural e incluso material de la vieja Romanidad, mientras que tradiciones culturales distintas en otros países europeos podrían ofrecer ciertas resistencias y reelaboraciones. Entre los autores de finales del siglo XX, Peter Burke ha subrayado la necesidad de considerar el Renacimiento no como un período concreto, sino como una dinámica expansiva en amplio contexto. En cuanto al Renacimiento español, ya desde el siglo XIX no fue reconocido por la historiografía alemana dependiente de Burckhardt. A su pretendida existencia se oponían las raíces judías y musulmanas de la Península, así como la leyenda negra sobre la Inquisición de Felipe II y la Contrarreforma. No obstante, la historiografía liberal lo reivindicó, si bien acortando su duración en el tiempo.

3.2. El Humanismo.

El Humanismo, con su nueva vivencia y actitud ante el mundo, intentará liberarse de los constreñimientos ascéticos y religiosos propios de la cultura eclesiástica de la Edad Media.

Comportaba una revalorización de la nobleza de lo humano propiamente dicho, sus valores

y capacidades, así como una apuesta de inserción en la “ciudad terrena”. Conviene precisar que no se produjo una contraposición entre Antigüedad y Cristianismo, sino intentos de concordia y síntesis, como los de Nicolás de Cusa (1401-1464) o Pico della Mirandola (1463-1494). Los clásicos grecorromanos se convierten en modelos universales, que deben ser incorporados a la herencia cristiana. No hay que olvidar que “armonía” y “unidad” serán referencias clave de la cosmovisión humanista. El Humanismo, al tiempo que por su interés erudito en las letras clásicas y la filología, debe entenderse como un nuevo modo de vivir, que subraya la inserción del hombre en el mundo, la actitud estética, la ética y la cortesía social. Se busca conciliar acción y contemplación, al tiempo que un ideal de hombre completo y polivalente. Por ello, otros rasgos importantes de la actitud humanista serán la “virtus”, la preocupación por la fama, y el amor” como progresiva transposición de niveles hacia la belleza en sí. Al mismo tiempo, en el Humanismo se percibe un sentido aristocrático, minoritario, de jerarquías intelectuales o de círculos de iniciados. Estos postulados adquirieron una evidente expresión en las artes plásticas, con sus ideales de proporción y armonía. En general, los artistas plásticos italianos tenderán a idealizar y a expresar arquetípicamente lo humano, en una especie de sacralización de lo bello. Es el sereno equilibrio del espíritu clásico que caracterizará al primer Renacimiento.

El Humanismo también se verá estimulado y favorecido por la nueva “cultura de la imprenta”. En su actitud con respecto a los poderes, los humanistas también se volvieron hacia los clásicos. El modelo lo constituía el ciudadano activo e independiente de una república. Se trataba de un humanismo civil, con ecos en las ciudades libres de Italia o de Alemania. El mismo Erasmo era partidario de las repúblicas y se mostraba crítico con los príncipes.

LOS STUDIA HUMANITATIS

La pedagogía humanista pretendía todo un ideal de hombre en plenitud física, ética, estética, intelectual y religiosa. Y los saberes a ello conducentes recibieron el nombre de Studia humanitatis. Se trataba de las cinco disciplinas clásicas de gramática, retórica, poética, historia y filosofía moral; y el profesor de estos estudios era llamado (desde el siglo XV) humanista” o bien “gramático”. En principio se incide ahora en los valores del lenguaje. Se pasa a un mayor interés por las realidades prácticas. Los Studia humanitatis et litteratum perfeccionaban al hombre, por cuanto éste se diferenciaba de los animales dada su capacidad de hablar y de distinguir el bien y el mal. Los estudios tendían, por ello, a concentrarse en la artes de la palabra y en una ética aplicada. Esto explicaba la preocupación formal por el latín, pero no el latín vulgar, sino con pulimento y estilización, preferentemente sobre modelos ciceronianos. Este retorno al latín clásico ya se encuentra en Petrarca. Por su dominio latino, los humanistas se emplearán como secretarios de los príncipes y papas, de señores y ciudades libres. Va desarrollándose así una literatura neolatina que intentará aproximarse a todos los géneros literarios de Roma. Asimismo, se revitaliza el conocimiento de la lengua griega, que comenzó a cultivarse en clases particulares en la Florencia de finales del cuatrocientos. La preocupación por el lenguaje se

extiende al hebreo y al arameo, necesarios para la interpretación del Antiguo Testamento y

vinculados a intereses cabalísticos. Todo ello, y el coleccionismo de códices olvidados y curiosos, culminará en la creación de importantes bibliotecas privadas. El Humanismo condujo, finalmente, a la recuperación de textos antiguos sobre medicina, matemáticas o astrología, lo que servirá a cauce de nuevos intereses científicos, técnicos y hermético/mágicos.

3.3. Difusión del Humanismo.

La expansión del Humanismo tendrá mucho que ver con una nueva pedagogía y con la renovación de la enseñanza. La educación se proyecta como formación general, que integre actividades físicas, intelectuales y espirituales. Más que las universidades tradicionales, en la renovación humanista contribuyeron las fundaciones de nuevo cuño. Surgieron Academias de letras clásicas, como las de Nápoles (1440), Florencia, Roma o Venecia. Tradicionalmente se ha considerado que estos usos culturales italianos del llamado Renacimiento fueron posteriormente exportados y “difundidos” al resto de la Europa occidental. No obstante, las nuevas interpretaciones hacen mayor hincapié en los aspectos de la “recepción”. Al tiempo que los italianos recreaban a su medida la Antigüedad clásica y hacían “propuestas”, los europeos les imitaron, reinterpretando a su vez los modelos. Se rompe, de esta manera, la dualidad establecida entre una Italia innovadora y una Europa receptiva de forma meramente pasiva y subordinada. Cabe referirse ahora a los cauces por los que se produjo la difusión cultural anteriormente considerada.

En primer lugar, los viajes y visitas a la península italiana de peregrinos, comerciantes, soldados, diplomáticos, universitarios especializados...

Notable fue también la emigración contraria, hacia territorios europeos, de humanistas y artistas italianos, sobre todo entre 1430 y 1520, y con fuerte intensidad a finales del cuatrocientos. La emigración y la acogida se favorecieron por la escasez de humanistas autóctonos, situación que fue atenuándose con el tiempo, al recibir formación clásica las nuevas generaciones.

La imprenta de tipos móviles fundidos no fue inventada hasta la década de 1440 por el alemán de Maguncia Juan Guttenberg. Por ello, no ejerció influencia en los inicios del Renacimiento; pero sí, y de forma muy acusada, en su difusión. La imprenta puso en relación el proyecto de recrear la Antigüedad con la posibilidad pública e individual de disponer de ediciones impresas y circulantes de los autores clásicos. De este modo, la difusión de los libros pudo ampliar los minoritarios círculos de humanistas de transmisión oral, como la primitiva Academia platónica de Florencia.

Junto a los libros, no conviene olvidar tampoco el desarrollo del género epistolar en la difusión del Humanismo. Aumenta considerablemente la escritura de cartas, muchas veces uno de los pocos procedimientos de intercambio y relación entre amigos y eruditos. Y lo hace con piezas atildadas, cultas, redactadas en elegante latín, que muchas veces terminan llegando a las imprentas.

También se produjo una expansión de las instituciones universitarias a lo largo del siglo XVI en Europa. Hay que señalar dos causas principales. Por un lado, los conflictos religiosos y las controversias confesionales entre católicos y protestantes, que multiplicaron las universidades y las convirtieron en baluartes ideológicos enfrentados.

Por otro lado, la necesidad política de los nuevos Estados y Monarquías de estructurarse a través de una burocracia jurídica y administrativa eficiente, formada en el derecho romano impartido en las universidades tradicionales.

4) ITALIA, CUNA DEL RENACIMIENTO.

A medida que fueron robusteciéndose los principios esenciales que informaron el movimiento renacentista, los círculos intelectuales buscan las bases filosóficas y estéticas en que cimentar el nuevo impulso cultural, justificando su postura revolucionaria amparándola bajo el dosel de la Antigüedad, como una resurrección de la ideología imperante en el mundo clásico. Esta corriente adquirió un mayor impulso en Italia, por conservar su población y sus ciudades un contenido romano más intenso y por la riqueza y densidad política y social de los siglos XIV y XV. En Italia el Renacimiento encuentra los valores espirituales y estéticos de la Antigüedad. Conocer lo antiguo y crear un ambiente cultural para comprender la Antigüedad en sus esencias íntimas, capaz de anular los propios progresos, fue la fórmula practicada por los intelectuales italianos del siglo XV. El humanismo florentino vibraba en la conducción de los negocios bancarios y textiles, en la economía de las horas, en las aspiraciones de la burguesía, en la fusión del trabajo industrial con la especulación científica que había de echar las bases del “saber técnico” propio de la mentalidad renacentista. A mediados del siglo XV la Santa Sede, aunque no reacia a admitir las nuevas corrientes literarias y estéticas, se mostraba partidaria de continuar ligada a la escolástica, más o menos adulterada por el ocamismo. La eclosión de la cultura renacentista puede situarse en los territorios del centro y norte de Italia entre los siglos XIV y XV. El momento cronológico coincide con el afianzamiento de ciudades-estado de cierta importancia y con pujantes intercambios comerciales con el Mediterráneo oriental. El Renacimiento cultural de nuevas actitudes tampoco constituyó un movimiento rural, sino claramente urbano. Interesó a tres minorías ciudadanas definidas:

Primero a las oligarquías dirigentes, que actuaron de mecenas: príncipes, prelado eclesiásticos y patricios.

Segundo a los intelectuales, eruditos, secretarios, escribanos y pedagogos.

Tercero, a artistas plásticos, reclutados entre el artesanado gremial. Familias de banqueros y comerciantes se encuentran en el origen del estímulo renacentista, como en los Médicis de Florencia. También las cortes ducales de los Sforza de Milán, Gonzaga de Mantua, Este de Ferrafra, Montefeltro de Urbino.

El retorno a lo romano clásico se encuentra en la base de los intereses renacentistas de imitación de la Antigüedad. Lo romano más que lo griego, y los humanistas redescubrían en los romanos a sus antepasados. Por eso, para algunos humanistas, la recuperación literaria y artística formaba parte de una empresa de mayor alcance: la restauración global de la Roma antigua. La ambigüedad de los humanistas resulta evidente en materias de religión, pues en su mayor parte pretendieron transformarse en romanos antiguos sin dejar de ser cristianos. La imbricación entre Antigüedad y Cristianismo dio origen a verdaderos híbridos culturales. Los humanistas del Renacimiento pertenecieron a dos culturas y situaron sus pies en dos orillas. En muchas actitudes de los humanistas se descubren, asimismo, estas dualidades, modernas y medievales al tiempo. Las nuevas sensibilidades cristalizaron, originalmente, en territorios de Italia en los que el legado de la cultura clásica se manifestaba de forma evidente. Cabe referirse a cuatro centros especialmente dinámicos.

El primero de ellos la ciudad de Florencia, que vive momentos de esplendor bajo Cosme de Médicis (1434-1464) y Lorenzo el Magnífico (1469-1492).

El reino de Nápoles constituyó un importante foco cultural en el cuatrocientos, con el patrocinio de Alfonso V de Aragón (1442-1458).

La ciudad de Roma conformó otro núcleo renacentista evidente. Y aquí cabe destacar el mecenazgo del Papado, que se sucede con los distintos pontífices.

Por último, en Venecia, la clase gobernante se identificó con un Humanismo republicano, paralelo a los ejemplos clásicos de Roma o Atenas.

4.1. Arte.

Los intentos entusiastas de imitar a los antiguos alcanzaron a las artes plásticas. En arquitectura, la recuperación de las formas clásicas se estimulaba por la existencia de ruinas y edificios en muchas de las principales ciudades italianas, señaladamente en Roma. Entre los arquitectos destacados cabe referirse al florentino Filippo Brunelleschi (1377-1446) y a Donato Bramante (1444-1514). Brunelleschi restaura la proporción, los ritmos, simetrías y formas puras de los antiguos. Al tiempo, introdujo el uso formal de la cúpula al concebir en 1420 un doble cascarón complejo que rematara la catedral de Santa María de Fiori en la misma Florencia. Por su parte, Bramante realiza en 1502 el templete de San Pietro in Montorio de Roma, síntesis y expresión del lenguaje arquitectónico más clásico.  La recreación artística de la Antigüedad alcanza también a la escultura. El coleccionismo de obras originales se extiende entre los magnates, papas, príncipes y eruditos. Y estas colecciones incitan a la imitación de los temas: bustos, representaciones mitológicas, héroes y jinetes. Donatello (1386-1466) será el escultor de mayor personalidad en este período, al recuperar el estilo y gravedad de la estatuaria clásica en obras como el David o el Condottiero Gattamelata. A comienzos del siglo XVI el lenguaje clásico en las artes visuales alcanzó su apogeo. Se afirma la potencia escultórica de Miguel Ángel (1475-1564). Entre sus obras destacan el David, el Moisés o la Capilla de los Médicis en Florencia. Por último, León Leoni (1509-1590), quien realizó una importante serie de retratos de los Habsburgos españoles, entre los que destaca el bronce de Carlos V dominando al Furor. Más dificultades encontraron los artistas con la pintura, ya que los restos antiguos conservados eran escasos. Para la imitación hubo que recurrir a descripciones literarias, o a la transposición de poses escultóricas. Es así como se estimuló el retrato como género independiente. Y, en esta búsqueda, terminaron por descubrirse en el cuatrocientos las leyes de la perspectiva lineal.  Un fuerte interés por la perspectiva pictórica se encuentra en Paolo Uccello (1397-1475). Andrea Mantegna (1431-1506) desarrolla la espacialidad. Piero della Francesca (1420-1492) consigue sus límpidas composiciones de rigor simétrico y equilibrio sin emotividad. Con Leonardo da Vinci (1452-1519) se introduce la perspectiva aérea en las gradaciones de luz y la sombra del sfumato.  Tiziano, por su parte, logra mezclar la gradación sensorial con la erudición humanista en sus cuadros mitológicos. Durante los siglos XIV al XVI se produjeron importantes innovaciones artísticas en Italia. Se trabajaba en pequeños grupos o talleres, pero se destacaron claramente numerosas individualidades creativas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que las artes plásticas carecían del prestigio de las artes liberales, por cuanto en la sensibilidad de la época se correspondían con labores mecánicas.



5) OTRAS REALIDADES EUROPEAS.

5.1. España y Francia.

El Renacimiento cultural italiano se va extendiendo al resto de Europa vinculado a círculos eclesiásticos, impresores, artistas, universitarios y eruditos. Cabe destacar la importancia de las Monarquías y sus cortes, que estuvieron interesadas en el movimiento, encargaron obras de arte, y realizaron fundaciones y mecenazgos. El mecenazgo también lo ejercieron destacadas dignidades eclesiásticas y patriciados urbanos. Esta eclosión del Renacimiento por toda Europa se localiza en los decenios finales del siglo XV y en los iniciales del XVI. En España, la influencia del Humanismo italiano se detecta a lo largo del Cuatrocientos, e irradia por Aragón hacia Castilla. En España el Humanismo de cuño italiano se define en el último tercio del siglo XV, aunque ya antes el petrarquismo y el ciceronismo habían hecho adeptos que se vieron poderosamente influidos por el pensamiento erasmista. La figura más destacada es Antonio de Nebrija. En la misma España, y en el marco renovador de la Universidad de Alcalá se implantarán facultades de artes liberales y teología abiertas a los saberes humanísticos. Allí confluye un equipo de eruditos para el proyecto cisneriano de una “Biblia Políglota” en sus lenguas originales: latín, griego, hebreo y arameo. Las labores comenzaron en 1502. En España tendrán acusada influencia las obras de Erasmo. Pero la agitación protestante enturbiaría las cosas, culminando con las opiniones a favor y en contra de Erasmo en la conferencia de teólogos de Valladolid (1527). A partir de los años treinta se producirá una declarada persecución de intelectuales eramistas.

En la Monarquía de Francia el Humanismo tuvo un desarrollo tardío, a pesar de algunos hechos significativos, como el traslado a Fontainebleau por Luis XII de la biblioteca privada de los Sforza de Milán. En muchos aspectos el Renacimiento francés presenta un colorido cortesano, sobre todo en el entorno de Francisco I y de su hermana Margarita de Navarra. El Humanismo galo cristalizó en dos figuras principales: Lefèvre d’Étaples y Budè.

5.2. Inglaterra, Alemania y Países Bajos.

En Inglaterra la propia Corte sirvió de acogida a los humanistas italianos, y a fines del cuatrocientos descubrimos su presencia en Londres. Pero los nuevos saberes encontrarán también acogida en las universidades, jurídicas y escolásticas, de Oxford y Cambridge. Entre los humanistas ingleses destacan Colet y Tomás Moro.

En el ámbito del Imperio alemán el proyecto de restauración de la Antigüedad romana no se introdujo sin rozamientos. Para muchos resultaba una cultura allegada, en cierto modo extraña a lo germánico. Suscitó reacciones y favoreció la toma de conciencia de una cultura propia en la lengua, la historia e incluso el derecho. No obstante, también en Alemania se produjeron los intercambios de eruditos italianos y viajeros curiosos. Una potente imprenta se desarrolló en Basilea. Figura destacada del Humanismo alemán de la época fue Johan Reuchlin (1455-1522).  Pintores fuertemente influidos por el Renacimiento fueron Alberto Durero y Hans Holbein. Las reformas religiosas que se originaron por esta época en Alemania constituyeron un obstáculo para una fácil difusión de los modelos clásicos del Humanismo italiano. Conviene matizar que Lutero, a pesar de sus polémicas con Erasmo, no puede ser considerado como un estricto enemigo de los humanistas. La ambivalencia la encontramos en Calvino, con sus recelos puritanos frente a las vanas curiosidades.

En los Países Bajos el Renacimiento adquiere matices peculiares. Por una parte, se desarrolla en ellos una nueva sensibilidad religiosa, la “devotio moderna”, intimista y emocional. El Humanismo, propiamente dicho, puede apreciarse en la segunda mitad del siglo XV. Hay que tener en cuenta que algunas innovaciones propias del Renacimiento no partieron de Italia, sino que se recrearon en los Países Bajos. Fueron maestros flamencos, como Jan van Eyck (1390- 1441) o Roger van der Weyden, los que configuraron las nuevas técnicas de la pintura al óleo.

Bibliografía:

 
BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. Akal Madrid, 2002

 
FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia. Barcelona. 2002.

 
RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

 
TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2001.

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