Enrique VIII y su ruptura con Roma

Enrique VIII (1509-1547) asumió el trono con diecisiete años, como un típico príncipe renacentista y de forma indiscutida. La primera fase de su reinado, hasta 1528, prolongó el anterior, manteniendo una política exterior de equilibrio y de arbitraje. Procuró mantener sometida a la nobleza del norte y evitar la convocatoria del Parlamento. Impulsó la cultura y tuvo un papel destacado en esta fase el cardenal Wolsey. Enrique VIII instauró la monarquía autoritaria y un nuevo Estado, su labor se vio facilitada por el debilitamiento de la nobleza durante la guerra civil y por la indiferencia de los supervivientes, así como por el deseo popular de ver consolidados un gobierno fuerte y en paz. Además contó con la preexistencia de los medios por los que ejercía la autoridad la Corona, con las instituciones consultivas, judiciales y financieras ya consolidadas. Se apoya en su Consejo Privado, formado por el Canciller, el Tesorero, el Ministro de Justicia y cualquier persona llamada por el rey con un puesto a desempeñar. En 1535 el País de Gales es anexionado a la corona. La administración de los condados pasa a manos de los sheriffs, que tienen además una competencia judicial y están controlados por un lord-lugarteniente. El gobierno central radicaba en el Consejo Privado, pero el monarca no disponía propiamente de un cuerpo de funcionarios, los altos cargos rurales eran desempeñados por nobles. El juez del condado (sheriff) era el encargado del orden y de la justicia, muchas de sus responsabilidades se trasladan al juez de paz o a los gentilhombres locales que gozaban de gran influencia. Las ciudades y los burgos se administran autónomamente, la vida local estaba descentralizada, lo cual no implicaba ningún obstáculo al poder real.

La Justicia se rige por la Common Law y se aplica a través de tres Cámaras que se dividen por asuntos a tratar: la Court of Common Pleas (civil), la King´s Bench (criminal) y la Exchequer (para las finanzas). Existe otra ley más sencilla en la corte del Canciller (Equity).

Existían tres grandes tribunales: el Tribunal de Audiencias Comunes para asuntos civiles, el Tribunal del Rey para asuntos criminales, y la Tesorería para asuntos financieros. Existía también un Alto Tribunal encargado de sofocar la indisciplina de los nobles.

La administración se completa con un sistema parlamentario bicameral (de los Lores y de los Comunes). Era un mecanismo de control real, se hacía aconsejable su convocatoria para el establecimiento de leyes y era imprescindible para la imposición fiscal y el pedido de subsidios. Los reyes procuraban no convocarlo porque interfería en su poder absoluto. El Parlamento estaba siempre dominado por el monarca, pero tenía

dos prerrogativas importantes: no podían crearse nuevos impuestos sin su consentimiento y las leyes que votaban eran superiores a las demás.

El Sistema fiscal: a principios del reinado, los fondos del Tesoro estaban repletos gracias a la tranquilidad del reinado de Enrique. El dominio real había aumentado mucho con las confiscaciones, multas e incautaciones de feudos por traición o ausencia de heredero. Un 20% del suelo era de propiedad real. La segunda fuente de ingresos eran los derechos de aduana, que fueron fijados en el primer parlamento del reinado y que ofrecían ingresos regulares. Enrique VIII fortaleció la Hacienda real recurriendo a los impuestos ordinarios, proporcionados por las rentas del dominio real, los impuestos aduaneros y los que grababan el volumen y el peso de las mercancías. La sólida administración financiera le permitió no tener que convocar el Parlamento en demasiadas ocasiones, por lo que la Cámara de los Lores adquirió mayor importancia.

En cuestiones militares procuró hacerse con una flota y con un ejército permanente (reclutado por los sheriffs), para asegurar las fronteras, sobre todo por las incursiones escocesas en el norte. Para las llegadas al continente se hacía necesaria la contratación de mercenarios extranjeros.

La ruptura con Roma.

El anglicanismo se suele asociar a la voluntad el rey Enrique VIII en realidad, Inglaterra evolucionó desde el Cisma de 1534, a través de problemas sucesorios y alianzas con el apoyo del Parlamento, hasta la afirmación plena en 1559 de una particular iglesia protestante. Enrique VIII, necesitaba un heredero varón indiscutible, ya que la Casa Tudor había ascendido al trono recientemente, tras la Guerra Civil de las Dos Rosas. Ante la imposibilidad de tener descendencia masculina con su esposa, Catalina de Aragón, en 1525 intentó anular su matrimonio para casarse de nuevo. El proceso de nulidad fue solicitado a Roma y ralentizado por los intereses diplomáticos de Carlos V, sobrino de Catalina, por lo que Enrique VIII decidió romper con Roma. En 1533 el primado de Canterbury (Thomas Cranmer) declaró nulo este matrimonio y validó el contraído con Ana Bolena, ya embarazada.  En 1534 el Parlamento aprobó entre otras leyes, el “Acta de Supremacía” (el rey era la única y suprema cabeza de la Iglesia de Inglaterra). Esta ruptura fue política, no religiosa, provocando:

- Persecuciones y ejecuciones (entre ellas, el proceso y muerte del humanista Tomás Moro).

- Supresión de monasterios, conventos, cofradías, poniendo en manos del rey enormes propiedades, lo que generó la adhesión de nobles y clérigos.

- Revuelta del campesinado, descontento al perder derechos de uso colectivo por el cerramiento de las tierras.

Enrique VIII, apoyado por el Parlamento reguló la doctrina y la liturgia con calculada ambigüedad: aunque rebelde a Roma, seguía siendo anti-protestante. Las primeras normas (la Confesión de los Diez Artículos, 1536 y el Libro de los Obispos, 1537) establecían: supremacía de la escritura, liturgia en inglés, celibato sacerdotal voluntario y prohibición de indulgencias y reliquias. Normas posteriores (Acta de los Seis Artículos, 1539 y Libro del Rey, 1543), volvieron a ritos católicos tradicionales, entre ellas el celibato obligatorio y la transustanciación eucarística.

La Reforma en Inglaterra, cuyo origen político es muy claro, tuvo consecuencias transcendentales en todos los órdenes. Reforzó la autoridad del Parlamento, al que Enrique VIII tuvo que acudir para que refrendaran sus decisiones. Además el rey contó con instrumentos como la Secretaría de Estado desempeñada por Cromwell, y la Cámara Estrellada.

La confiscación de los bienes de los monasterios convirtió a la Corona inglesa en una gran propietaria. Con estas tierras Enrique VIII creó una nueva aristocracia cliente de la Corona, que desempeño los cargos más importantes y fue el soporte de la monarquía. Por otra parte su victoria contra los nobles católicos del norte en la sublevación popular de 1536, le liberó de un problema en esta región. Esa nueva aristocracia menos rural, junto a gentilhombres y caballeros, se interesaba por la industria pañera y por el comercio exterior.


Bibliografía:

BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. AKal

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2000.

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