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Juan Calvino


Juan Calvino (Noyon, 1509- Ginebra, 1564) con una esmerada educación (humanidades y derecho) en el seno de una familia burguesa, recibió órdenes eclesiásticas, aunque no estudió formalmente teología. Evolucionó lentamente desde círculos erasmistas y evangelistas hacia el luteranismo, deseando restaurar la verdadera iglesia y la gloria de Dios en la tierra. Las persecuciones antiluteranas le obligaron a refugiarse en Estrasburgo y Basilea, donde publicó, en latín, la primera versión de “Institutio Cristiana”, donde exponía sistemáticamente la doctrina evangélica. En Estrasburgo, siendo profesor de Sagrada Escritura, forjó su proyecto eclesial y litúrgico. Un cambio en el gobierno de Ginebra le permitió aplicarlo. Sus relaciones con Ginebra, donde se estableció en 1541 hasta su muerte, no fueron fáciles, pero al final consiguió hacer de aquella una especie de Ciudad-Iglesia de 13.000 habitantes, con un modelo social presidido por la predestinación. Su doctrina tiene como centro la trascendencia absoluta de Dios, riguroso, incomprensible, lejano. De esto deriva la idea de la predestinación: Dios en su infinita sabiduría ha dispuesto para cada hombre su voluntad, con independencia de las obras humanas, lo que explica la actitud proselitista de los fieles calvinistas en un esfuerzo de purificación ascética. La norma suprema es la revelación de Dios en la Biblia, preferentemente en el Antiguo Testamento, tomando como modelo al pueblo de Israel. Solo reconoce los sacramentos: Bautismo y Cena, siendo esta una mera conmemoración. La organización eclesiástica descansa en cuatro ministerios de raigambre bíblica: “Pastores”: jefes religiosos de la comunidad que administran la Palabra y los sacramentos. “Ancianos”: elegidos entre los laicos para corregir las costumbres. “Diáconos”: encargados de la beneficencia y de la educación de los jóvenes. “Doctores”: interpretan las escrituras. El “Consistorio”, formado por pastores y ancianos, es el organismo supremo: tribunal dogmático, moral y político. Con el consistorio, Calvino impuso una disciplina rigurosa para eliminar la disidencia política, la herejía y las malas costumbres. En Ginebra se prohibieron cantos, lecturas profanas y otras actitudes consideradas inmorales, centrando la vida en la catequesis, estudio de la escritura, etc. el rigor con el que se implantó esta disciplina tuvo gran renombre entre los protestantes de toda Europa, lo que ayudó su rápida propagación entre 1550 y 1570. Su propia estructura, basada en comunidades pequeñas confederadas por naciones, facilitaba su difusión en medios políticos adversos, en medio de graves convulsiones políticas. En muchos casos se necesitó la violencia para incrustarse entre las iglesias luterana, anglicana y católica, bien asentadas ya a mediados del XVI. La Paz de Augsburgo, firmada entre luteranos y católicos, excluía a los calvinistas.

En Francia, Calvino y sus primeros discípulos eran franceses, por lo que es en Francia dónde su doctrina caló especialmente. En 1559 se reunió en parís el primer sínodo nacional para elaborar la “confessio gallicana” (preceptos y reglamentos) y la “disciplina” (funcionamiento). En la lucha por el poder tras la muerte de Enrique II, la nobleza se organizó en dos bandos político-confesionales: el católico –los Guisa- y los “hugonotes” o calvinistas – la casa de Borbón-. A final de siglo, uno de cada diez franceses era hugonote (campesinos, artesanos, magistrados, letrados y nobleza). Tras ocho guerras civiles, Enrique de Borbón, líder de los hugonotes, accedió al trono, como Enrique IV, y restableció el catolicismo en todo el reino, con tolerancia a la libertad de conciencia, pero culto restringido.

En los Países Bajos el calvinismo agrupó la resistencia aristocrática y nacionalista contra el gobierno autoritario de Felipe II de España. La liga de Utrecht, unión de provincias del norte para luchar por la independencia bajo el liderazgo de Guillermo de Orange, con importante componente calvinista, se enfrentó a la liga de Arras, que agrupaba las provincias del sur, católicas y doblegadas a Felipe II.

en Escocia  por influencia inglesa, la reforma tenía simpatizantes entre la nobleza. Knox, aprovechando la ausencia de María Estuardo y la ruptura de la alianza con Francia, reunió una junta de Lores que acordó romper con Roma y promulgó una “confessio scotica”, repartiendo los bienes eclesiásticos entre la nobleza y la corona. María Estuardo no pudo encauzar una restauración católica y abdicó en Jacobo IV. Melville, sucesor de Knox, implantó un riguroso presbiterianismo, negando la diferencia jerárquica de obispos y pastores: cada comunidad elegiría su pastor, diáconos y ancianos; el consistorio local elegiría los representantes en las asambleas nacionales. Esta organización tan participativa, mermaba el poder de Jacobo IV, que no tuvo éxito al intentar restaurar la figura del obispo.

Bibliografía:
FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.
Barcelona. 2002.
RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. Actas, Madrid, 2006.

MARTINEZ SHAW, C. HISTORIA DE ASIA EN LA EDAD MODERNA. Arco Libros S.L.
Madrid.1996.

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