La Armada Invencible, causas del enfrentamiento con Inglaterra

El enfrentamiento con Inglaterra: la Armada Invencible:

La lucha armada anglo-española constituye posiblemente el episodio que mejor diferencia a escala internacional las dos mitades del siglo XVI. Frente al reinado de Carlos V, caracterizado por el predominio de la amistad hispano inglesa, el de Felipe II que desembocó en guerra abierta. Inglaterra tomaba así el relevo de Francia, obligada por sus circunstancias internas a abandonar su papel de contrapeso de la hegemonía Habsburgo. Tanto Felipe II como Isabel I (1558-1603) a pesar de haber fracasado el proyecto de matrimonio entre ellos, mantuvieron sus relaciones iniciales en paralelos similares a los heredados, por mutua conveniencia. Este panorama se complicó por dos cuestiones.

1. El exilio de la depuesta reina de Escocia, la católica María Estuardo, en Inglaterra hizo concebir esperanzas a la oposición político-religiosa a Isabel sobre la posibilidad de que María llegase a ocupar el trono de Inglaterra.

2. La excomunión de Isabel I, que Felipe II había tratado de evitar, situó a la soberana en una incómoda posición, ya que esto liberaba a sus súbditos católicos del juramento de fidelidad a ella prestado.

Se organizaron varias conspiraciones, en alguna de las cuales se vieron implicados los embajadores españoles. Las cada vez más difíciles relaciones entre Inglaterra y España fueron fomentadas también por aquélla patrocinando operaciones de saqueo contra las posiciones españolas en América. Cuestiones religiosas aparte, un importante motivo de fricción entre Inglaterra y la Monarquía Católica durante los años sucesivos fueron los intentos ingleses de romper el monopolio comercial español en el Nuevo Mundo. El reparto de tierras entre portugueses y castellanos, sancionado por las bulas alejandrinas, nunca había sido reconocido de manera oficial por los demás soberanos europeos. Las noticias de inmensas riquezas del comercio americano impulsaron a franceses e ingleses a probar suerte en el Nuevo Mundo. En 1565 tuvieron que ser destruidos por los españoles los asentamientos hugonotes de la Florida. En cuanto a los ingleses, John Hawkins llevó a cabo, entre 1562 y 1568 tres expediciones negreras al Caribe con pingues beneficios, pero a su vuelta fue derrotado en San Juan de Ulúa y tuvo que volver únicamente con dos barcos y su lugarteniente Francis Drake. Al partir de 1571 las incursiones inglesas se hicieron más audaces, especialmente por Drake en Panamá, antes de dar su célebre vuelta al mundo.

No obstante estas correrías nunca pusieron en peligro seriamente la seguridad o integridad territorial de los territorios americanos. Por ello los auténticos problemas en las relaciones hispano-inglesas surgirían en el escenario europeo a raíz de la sublevación de los Países Bajos contra Felipe II. Dado que los éxitos de la Monarquía católica (con la incorporación de Portugal, éxitos de Alejandro Farnesio en Flandes e inmovilización de la monarquía francesa), habían asustado a Isabel de Inglaterra, que se decide a intervenir directamente en los Países Bajos, mediante el Tratado de Nonsuch, por el que Inglaterra prometía ayuda militar a las Provincias Unidas a cambio de instalar guarniciones en La Briel y Flesinga. Una expedición de 7.000 hombres cruza el canal al mando del Conde de Leicester para hostigar a Alejandro Farnesio, al tiempo que Drake es autorizado a represaliar a los barcos españoles por el embargo de los barcos ingleses en puertos españoles. Drake ataca Galicia (Vigo) y luego Santo Domingo y Cartagena de Tierra Firme, incendiándola y saqueándola antes de irse. La ruptura llegó en 1585, cuando Felipe II decretó el embargo de buques ingleses en puertos españoles, respondiendo de la misma forma Isabel I respecto a los navíos españoles. Felipe II decidió entonces la invasión de Inglaterra, los largos y complejos preparativos que requería la empresa hicieron que pronto se perdiera el factor sorpresa.

La muerte de María Estuardo, ordenada por un Tribunal extraordinario ingles en 1587 aceleró la conclusión de los preparativos e hizo vislumbrar la posibilidad de que Isabel Clara Eugenia pudiese llegar a ser reina de Inglaterra. Cuando la escuadra española, la mal llamada “Armada Invencible” se puso en marcha en mayo de 1588, tuvo que hacer frente numerosos problemas. A principios de agosto los ingleses consiguieron romper la formación constituida por 130 buques y cerca de 30.000 hombres. El 21 de Julio parte de La Coruña y poco más tarde llega a aguas del canal. Tras tres encuentros sucesivos con la flota inglesa, la Armada solo pierde 2 barcos, el 8 de agosto un encuentro decisivo entre ambas armadas se saldó con notables pérdidas para España, al deshacer los brulotes enviados por los ingleses el orden de batalla de la Armada y obligándola a derivar hacia las costas de los Países Bajos. Frente a Gravelinas tuvo lugar el último combate, en la que la Armada fue duramente castigada por la artillería inglesa y estuvo a punto de sufrir un completo desastre cuando el viento impulsó a los navíos hacia los bancos de arena flamencos. Si bien el viento cambió hacia el norte, les obligó a bordear las islas Británicas para ir de vuelta a España, y a la altura de Irlanda sufrió importantes pérdidas por los temporales, que provocaron numerosos naufragios. El fracaso de la Armada constituyó un enorme choque emocional para España, ya que se contaba con el apoyo divino para una empresa de esas características y se esperaba la victoria, si bien sus pérdidas no fueron tan cuantiosas como a veces se ha dicho; cerca de un 70 % de los navíos que componían la flota regresaron, y en los años siguientes Felipe II consiguió incrementar notablemente su dotación. Aunque la derrota no admitía paliativos, la recuperación de la flota española fue rápida. El fracaso de la contraofensiva inglesa sobre La Coruña y Lisboa, en 1589, demostraría la dificultad de una invasión por mar de la península, igual que la de Inglaterra. En 1591 la poderosa escuadra española se enfrentaba con éxito a la inglesa que a la altura de las Azores acechaba el paso de la flota de indias.

No obstante la derrota de la Invencible tuvo consecuencias en Francia, animado a Enrique III a desembarazarse de los Guisa, cabecillas del partido católico. Tras el asesinato de éstos, el propio Enrique III caería víctima de un atentado (1589), dejando como heredero a Enrique de Navarra, protestante. No su conversión ni su coronación como Enrique IV (1594), disuadieron a Felipe II de su propósito de oponerse a dicha unión. Pero la complicación del panorama internacional, con frentes complicados en Países Bajos, asalto a Cádiz por las tropas de l Duque de Essex, junto con la tercera suspensión de pagos en 1596, forzaron a Felipe II a negociar. La firma del Tratado de Vervins con Enrique IV (1598), que ratificaba lo esencial de Cateu- Cambresis- y la cesión, condicionada de los Países Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia y al Archiduque Alberto, tratando de tender un puente a, los rebeldes, constituye un último esfuerzo para legar a Felipe III una situación exterior aceptable. La paz con Inglaterra no llegaría hasta después de la muerte de Isabel I (1604), firmándose después con las Provincias Unidas una tregua por 12 años (1609).

Bibliografía:

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2002.

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