LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA

Se conoce como Guerras de religión de Francia a una serie de ocho conflictos que se desarrollaron en Francia durante la segunda mitad del Siglo XVI y en el que se enfrentaron católicos y protestantes calvinistas, conocidos como hugonotes. El desarrollo del humanismo durante el Renacimiento provocó el nacimiento de una corriente reformista que cuestionó los tradicionales principios de la religión católica, tal y como la enseñaba la Iglesia de Roma. Al catolicismo tradicional, pues, se opondrá el protestantismo y ello desencadenará una terrible guerra civil. Las discordias empiezan en los años 1540 y 1550 debido a destrucciones iconoclastas cometidas por protestantes de objetos del ritual romano que los católicos consideraban sagrados; reliquias, Custodias y estatuas de santos. A finales del reinado de Enrique II, el conflicto se politiza y al morir el rey en 1559, los partidos religiosos se organizan para preparar sus estructuras militares. Las guerras de religión empiezan en 1562 y prosiguen, con intervalos de paz hasta 1598, con la promulgación del Edicto de Nantes. Estos disturbios religiosos resultan especialmente difíciles de estudiar por su complejidad. A las diferencias religiosas se superponen enfrentamientos políticos, luchas sociales, divergencias culturales y por último, un contexto europeo tenso.

1. Causas del conflicto

Debilitamiento del poder real:

Estos disturbios coinciden con un debilitamiento de la autoridad real. Los reyes Francisco I y Enrique II no habían tolerado ninguna oposición a su poder. Al morir este último en un accidente el 10 de julio de 1559, los reyes Francisco II y Carlos IX son demasiado jóvenes para poder imponer su autoridad. No pueden impedir que los franceses se enzarcen en esta guerra. Entre ambos contendientes, la reina madre Catalina de Médicis y su canciller Michel de l'Hospital tratan sin éxito de mantener la continuidad del Estado por medio de la tolerancia religiosa.

La insubordinación de los franceses toma como modelo el comportamiento de príncipes y grandes señores, que toman las armas sin permiso del monarca. El feudalismo que aún se vive en Francia queda de manifiesto con la progresiva autonomía de los señores y de sus partidarios. La convocatoria de los Estados Generales, que se lleva a cabo tres veces durante estas guerras de religión es el testimonio patente del debilitamiento de la autoridad real. El rey necesita el apoyo de sus súbditos para poder adoptar decisiones que se respeten. Pero ahora se cuestiona incluso el poder real por aquellos que también desean que el rey se pliegue ante estos órganos consultivos.

La lucha por el poder y por el favor del rey:

Al ser los reyes demasiado jóvenes para reinar, distintos campos políticos tratan de imponerse para controlar el poder real. Tres son los grandes clanes familiares que se enfrentarán:

Los Montmorency: se trata de una de las familias con más abolengo y más poderosas de Francia. Ello se debe a la gran fortuna del condestable Jeanne de Montmorency que ejercía una gran influencia sobre el rey Enrique II. En esta familia se encuentran Francisco de Montmorency y los hermanos Châtillon (el cardenal de Châtillon, François d'Andelot y Gaspar II de Coligny). Divididos entre católicos y protestantes, los Montmorency se unen contra la creciente influencia de los Guisa, sus rivales. Su pelea por alcanzar el poder hace que las guerras de religión sean una especie de guerra privada entre ambas familias. Los Montmorency son los grandes perdedores del conflicto (sus miembros mueren en combate, asesinados, encarcelados y exiliados). Resurgen junto a Enrique IV con Montmorency-Damville.

Los Guisa: son los seguidores del partido católico. Primos del duque de Lorena, ascienden políticamente gracias a Claudio de Lorena y Francisco de Lorena, los dos primeros duques de Guisa y gracias también a María Estuardo que se convierte en reina de Francia entre 1559 y 1560. Son también de esta familia el cardenal de Lorena, Enrique de Guisa y Carlos de Mayena. Con frecuencia menoscabado por la reina madre, a causa de su intransigencia los Guisa regresan de modo triunfal a primera fila política gracias a su popularidad. Son los grandes vencedores de las guerras de religión. En 1588, consiguen expulsar al rey Enrique III de la capital y a deponerlo al año siguiente. A pesar de su derrota y de su sometimiento a Enrique IV, tienen el suficiente poder para que el rey no pueda atacarlos.

Los Borbón: al ser descendientes directos del rey San Luis, son príncipes de la casa de Francia. Es una familia en la que algunos de sus miembros pertenecen al partido protestante, entre ellos Luis de Condé y su hijo Enrique de Condé y Antonio de Borbón y su hijo Enrique IV. Se trata de una familia dividida con dificultades para tener un verdadero jefe. Frente a sus primos y a su tío, el cardenal de Borbón, Enrique IV consigue imponerse con dificultades. La muerte del último Valois le lleva a asumir la corona de Francia.

La implicación de los países vecinos:

Las guerras de religión en Francia son también la consecuencia de la intervención de países vecinos que tratan de debilitarla. Al perder Francia la Batalla de San Quintín en 1557 y firmar el Tratado de Cateau-Cambresis, ve perder su hegemonía en beneficio del reino de España, vencedor en dicha batalla. Sin embargo, y a pesar de su declive durante la segunda mitad del Siglo XVI, Francia continuará siendo una gran potencia europea. La reina de Inglaterra Isabel I interviene en apoyo de los protestantes y el rey de España, Felipe II apoyará al clan de los Guisa, católicos intransigentes. Durante las guerras de religión, Francia estará dividida en dos facciones apoyadas financiera y militarmente por potencias extranjeras. Durante los años 1580, Inglaterra y España se enfrentarán utilizando Francia como escenario. Pero hay también reivindicaciones territoriales. Inglaterra desea recuperar Calais, perdida en 1558 y España desea recuperar la parte septentrional de Navarra. Por su parte, Saboya, aliada a España quiere recuperar las ciudades italianas ocupadas por Francia tras las Guerras de Italia.

Las guerras de religión en Francia dependen mucho del contexto europeo. Esto es especialmente significativo en el caso de los Países Bajos españoles en los que los disturbios políticos y religiosos se acentúan a partir de 1566. La guerra en Flandes repercute automáticamente en los conflictos franceses y viceversa. También el rey de Francia recurre a ejércitos extranjeros para restablecer su autoridad. Recurre a tropas suizas e italianas, enviadas por el Papa. Ambos bandos recurren a los reiters alemanes. Los españoles también utilizan tropas flamencas.

2. Los orígenes del conflicto:

Los primeros problemas religiosos aparecen bajo el reinado de Francisco I (1515-1547). El rey de Francia cree que la doctrina protestante es nefasta para su autoridad. Se opone categóricamente a éstos cuando se producen las primeras agresiones iconoclastas a imágenes y reliquias religiosas. A partir del affaire des Placards (el "asunto de los pasquines" que consistió en que los protestantes pusieron pasquines propagandísticos por todo el país llegando incluso al dormitorio del rey), el 18 de octubre de 1534 el rey empieza a perseguir a los protestantes, publicando edictos condenatorios.

Pero es durante el reinado de su hijo Enrique II (1547-1559), cuando las tensiones religiosas aumentan peligrosamente. Más intolerante aún que su padre, Enrique II acosa sin tregua a los "herejes". Multiplica los edictos y crea las cortes ardientes para condenarlos a la hoguera. A pesar de esa persecución es también éste el momento de mayor auge del protestantismo. Bajo la dirección de inteligentes líderes (como Juan Calvino), el protestantismo cada vez convence a más gente. Los entornos urbanos (artesanos y burgueses), y la nobleza son el terreno más propicio para su crecimiento. Su dinamismo y su éxito provocan un odio feroz entre los católicos más intransigentes. Los dos partidos se creen en posesión de la verdad acerca de la fe. El país está al borde de una crisis religiosa, y sólo la fuerte autoridad del rey hace que Francia permanezca unida durante sus guerras contra España. La brutal muerte de Enrique II en 1559 abre un período de incertidumbre.

En 1560, los diferentes partidos se enfrentan para controlar el poder real, en manos de un joven adolescente inexperto Francisco II. El joven rey confía el gobierno a los tíos de su esposa, el duque de Guisa y el cardenal de Lorena miembros intransigentes del partido católico. Los protestantes, encabezados por el príncipe de Condé cuestionan la legitimidad de los Guisa e intentan forzar su relevo. Esto desembocará en el primer episodio violento de las guerras de religión, el tumulto de Amboise.

La violenta muerte de Francisco II a finales de 1560 tranquiliza los ánimos momentáneamente. La reina Catalina de Médicis que ejerce la regencia en nombre del jovencísimo Carlos IX busca una aproximación entre las posturas de católicos y protestantes. Junto al canciller Michel de l'Hospital, multiplica los encuentros entre los dos partidos e intenta incluso por medio del coloquio de Poissy de mantener la unidad de los cristianos. Sin embargo, la política de la reina fracasa debido a los fuertes antagonismos entre católicos y protestantes. La aparición de un partido moderado en la corte lleva a una menor presión sobre los reformadores. Los protestantes se sienten libres y los más violentos tratan de imponerse a la fuerza lo que lleva a diversos enfrentamientos en distintas partes de Francia. Al final, Catalina de Médicis no es capaz de controlar la situación.

El año 1561 representa el apogeo del protestantismo en Francia. Hay unos dos millones de protestantes. Los católicos están cada vez más irritados. Se multiplican los actos violentos en todo el país. Los dos partidos se arman. A principios de 1562, la catástrofe se presagia. El 17 de enero de 1562, Catalina de Medicis promulga el edicto de enero que es una auténtica revolución, ya que consagra la libertad de conciencia y la libertad de culto para los protestantes, siempre que éstos restituyan los lugares de culto de los que se habían apoderado. La tolerancia civil instaurada por la reina producirá el efecto contrario al que se buscaba.

3. El conflicto

Podemos distinguir tres fases en el desarrollo de las Guerras de Religión en Francia:

La ofensiva protestante de 1560 a 1570, periodo en el que el protestantismo va creciendo (entre la nobleza y en las ciudades). El creciente aumento del número de adeptos desencadena en los protestantes un impulso entusiasta que les lleva a creer en la posibilidad de convertir a todo el país. Tras varios enfrentamientos, la Masacre de San Bartolomé en 1572 corta drásticamente el desarrollo del movimiento y pone fin definitivamente a las ilusiones de los protestantes.

La ofensiva de los descontentos desde 1572 hasta los años 1580, periodo durante el que las Guerras de Religión parecen más un conflicto político llevado por un partido católico moderado descontento por el reforzamiento del poder real. En cabeza de este movimiento se sitúa el propio hermano del rey Francisco de Alençon junto a la alta nobleza católica.

La ofensiva católica de los años 1580 a 1599, periodo en el que aparecen las premisas de la Contrarreforma. Los católicos pretenden expulsar a los protestantes del reino. Su intransigencia les lleva a dejarse arrastrar por el oscurantismo religioso y desencadena una de las Guerras de Religión más violentas.

Primera Guerra de Religión (1562–1563) Francisco de Guisa:

La ruptura se desencadena el 18 de marzo de 1562, cuando el duque Francisco de Guisa, que regresaba de unas negociaciones en Alsacia, se enfrenta y mata en Wassy, y en circunstancias poco claras, a 37 protestantes reunidos en una granja para celebrar el culto. A su regreso a París, Guisa es recibido como un héroe y el pueblo pide una cruzada contra los hugonotes. Por su parte, los protestantes se arman al mando del príncipe Luis de Condé, que se apodera de la ciudad de Orleans. La reina Catalina de Médicis, pillada a contrapié por estos acontecimientos, lleva a cabo un último intento para mantener la paz, pero el duque de Guisa presiona a la regente apareciendo con sus tropas en Fontainebleau donde se encuentra la familia real. Fuerza al joven rey y a su madre a seguirlo a París con la excusa de protegerlos de los protestantes, obligándolos de ese modo a tomar partido por los católicos. Es el principio de la primera Guerra de Religión.

Los primeros en pasar a la ofensiva son los protestantes. La lucha se organiza por el control del espacio urbano. El ataque protestante es fulgurante. Al cabo de un mes, los protestantes consiguen apoderarse de una gran cantidad de ciudades, algunas muy importantes como Lyon, Orleans o incluso Ruán la segunda ciudad del país en aquella época. En cada conquista, los protestantes saquean y destruyen las iglesias. Los católicos sufren enormes pérdidas, pero los protestantes no consiguen conquistar Toulouse ni Burdeos. Para el ejército católico empieza una larga campaña de asedios para tratar de recuperar las ciudades perdidas. Luis de Condé

Hay varios escenarios en esta guerra. El más importante es el que se desarrolla sobre el Loira y en Normandía, donde el ejército católico trata de recuperar Ruán. La segunda zona de combate se sitúa en el sureste, en especial en la parte de Languedoc, y la tercera zona de combate se desarrolla en el suroeste donde Blas de Montluc lleva una guerra y una represión implacable contra los protestantes a los que derrota en la batalla de Vergt.

El ejército protestante está formado esencialmente por comerciantes y artesanos. Sus mandos son nobles experimentados y recurre a mercenarios alemanes. Tras el Tratado de Hampton Court, consigue el importante apoyo de la reina de Inglaterra.

La batalla de Dreux (19 de diciembre de 1562) da ventaja al ejército real. El príncipe de Condé es hecho prisionero, pero el bando católico también sufre cuantiosas pérdidas; el mariscal de Saint-André es muerto y el condestable Anne de Montmorency hecho prisionero por los protestantes.

Los dos líderes católicos más importantes Antonio de Borbón y Francisco de Guisa también mueren pronto, el primero en el sitio de Ruán y el segundo en el de Orleans durante una emboscada en Saint Mesmin.

La muerte de los principales líderes de esta guerra permite a Catalina de Médicis restablecer la paz. Propone negociaciones con el príncipe de Condé que finalizan el 19 de marzo de 1563 con el edicto de Amboise. Autoriza el culto protestante en determinados lugares reservados y abre un periodo de tolerancia civil. Las ciudades de Ruán, Orleans y Lyon vuelven al control de los católicos.

Esta guerra tuvo duras consecuencias:

Las iglesias y catedrales tomadas por los protestantes sufrieron grandes daños.

A causa de la violencia sufrida en esta guerra, ciudades como Ruán, Orleans y Lyon pasarán a ser la sede del catolicismo más intransigente.

El final de la guerra conduce a muchos católicos a vengarse de los protestantes.

Durante 1563 se entablan muchos pleitos para tratar de condenar a los protestantes que saquearon las iglesias. Al final, la paz impuesta por la reina madre resulta ser muy precaria. Los católicos alimentan rencores hacia los protestantes por la destrucción que éstos habían causado. La primera Guerra de Religión fue la más destructiva. En cuanto a los protestantes, siguen convencidos de que deben convertir el reino a su religión y determinados a hacerlo.

Segunda Guerra de Religión (1567–1568)

Tras cuatro años de paz, el reino se encuentra otra vez al borde del conflicto armado. El reinicio de las hostilidades en 1567 tiene tres razones:

El fracaso del edicto de Amboise en las provincias,

El tenso contexto internacional

Y la rivalidad cortesana entre el príncipe de Condé y el joven hermano del rey, Enrique, duque de Anjou, que apenas tiene dieciséis años. La ascensión del joven príncipe despertó los recelos del ambicioso Condé, quién dejó la corte para hacer patente su disconformidad.

En el resto de Europa, la situación también se agrava. En 1566, una violenta ola iconoclasta cae sobre iglesias y conventos de los territorios españoles en Flandes. Esta rebelión es sofocada con rapidez por parte de los españoles, pero la nobleza local aprovecha para solicitar al rey de España una mayor autonomía. A pesar de que se restablezca la calma en 1567, Felipe II envía un ejército para castigar a los revoltosos. El ejército español enviado desde el Milanesado se dirige a los Países Bajos a lo largo de la frontera con Francia. La cercanía de este ejército católico reaviva los temores de los hugonotes, pero también los del propio rey de Francia, quién para protegerse ante un posible ataque español recluta varios batallones suizos.

La segunda guerra estalla justamente el 28 de septiembre de 1567 al intentar el príncipe de Condé apoderarse de la familia real (Sorpresa de Meaux). Esta ruptura con la política de concordia es una sorpresa y el ataque de Condé, en quien Catalina de Médicis había depositado sus esperanzas de conciliación, una traición. Tras este hecho la regente decide utilizar la violencia para mantener la paz. Los dos ejércitos se vuelven a enfrentar y otra vez los protestantes son derrotados el 10 de noviembre de 1567. El debilitamiento de los dos bandos lleva a la firma de un nuevo tratado de paz en Longjumeau el 22 de marzo de 1568.

Tercera Guerra de Religión (1568-1569)

La paz de Longumeau es frágil ya que el poder real ya no confía en el príncipe de Condé. Pocos meses después de esta nueva tregua, los católicos son los que tratan de anticiparse al enemigo y tratan de capturar al príncipe de Condé, en el castillo de Noyers, el 29 de jullio de 1568. Las tropas protestantes vuelven a ser derrotadas y sufren grandes pérdidas en la batalla de Jarnac, el 15 de marzo de 1569. El príncipe de Condé es ejecutado y emerge un nuevo dirigente entre los calvinistas, el almirante de Coligny. Este recupera los restos del ejército, se dirige al sur para reclutar más tropas y vuelve a dirigirse hacia París. Con la amenaza de las tropas de Coligny sobre París se firma una nueva tregua, el edicto de Saint-Germain, el 8 de agosto de 1570. Este tratado aseguraba cuatro plazas de seguridad para los protestantes.

Cuarta Guerra de Religión (1572–1573)

La Cuarta Guerra se inicia con la terrible masacre de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572. El fracaso del sitio de la Rochelle, por parte del ejército real hace que esta guerra termine relativamente pronto. En julio de 1573 se firma el edicto de pacificación de Bolonia .

Quinta Guerra de Religión (1574–1576)

La Quinta Guerra de Religión se inicia con la evasión de los líderes protestantes (Condé y Enrique de Navarra) de la Corte en la que se hallaban en libertad vigilada después de San Bartolomé. La Quinta Guerra termina el 6 de mayo de 1576 con el edicto de Beaulieu, que concede mayor libertad de culto a los protestantes.

Sexta Guerra de Religión (1576–1577)

La Liga inicia la Sexta Guerra, que concluye con la Paz de Bergerac del 17 de septiembre de 1577 y con el edicto de Poitiers del 8 de octubre, que confirma la Paz de Bergerac y restringe las condiciones del culto protestante.

Séptima Guerra de Religión (1579–1580) o Guerra de los Enamorados

Esta Guerra, declarada por una minoría protestante, fue una de las más breves y menos seguidas. Terminó entre la indiferencia general con la toma de Cahors por parte de Enrique de Navarra y la paz de Fleix (cerca de Bergerac), el 26 de noviembre de 1580 que prorrogaba seis años los privilegios de las plazas de seguridad protestantes. Esta guerra también se llamó de los Enamorados por las intrigas galantes que se produjeron. El protestante Enrique de Navarra (futuro Enrique IV) y su esposa Margarita de Valois (la reina Margot) llevaron una alegre vida en Nérac en medio de una corte frívola.

Octava Guerra de Religión (1585–1598) o Guerra de los tres Enriques

Los enfrentamientos entre católicos y protestantes se endurecen con la alianza entre los protestantes y los rebeldes neerlandeses alzados contra España, y la de los católicos de la Liga con Felipe II de España. Despreciado por los de la Liga, Enrique III es incapaz de mantener su autoridad y debe huir de París tras la "Jornada de las Barricadas", el 12 de mayo de 1588. Trata de acabar con la Santa Liga asesinando a sus jefes, el duque de Guisa (que también llevaba el nombre de Enrique) y su hermano el cardenal de Lorena en Blois el 23 de diciembre de 1588. Pero un monje fanático lo asesinará a él el 1 de agosto del año siguiente, convirtiendo así al jefe de los protestantes, Enrique de Navarra, en rey de Francia con el nombre de Enrique IV. Éste tendrá que luchar para reconquistar su reino, en manos de la Liga, que se niega a reconocer a un rey protestante; pero su alianza con fieles a la corona y sobre todo su conversión al catolicismo en 1593 le abren las puertas de París. Enrique IV mantiene aún una guerra contra Felipe II de España que termina el 2 de mayo de 1598 con la paz de Vervins. El problema religioso se zanja con un edicto que declara la tolerancia, el edicto de Nantes, el 13 de abril de 1598.

Historia de la Revolución Francesa, Norman Hampson




Bibliografía

Jean-Marie Constant, Les Français pendant les guerres de Religion, Hachette Littératures, 2002 (ISBN 2012353118) ;

Denis Crouzet: Les Guerriers de Dieu. La violence au temps des troubles de religion (v. 1525–v. 1610), Champ Vallon, colección « Époques », 2005 (1ª edición 1990) (ISBN 2876734303)

La Genèse de la Réforme française 1520-1562, SEDES, col. "Histoire moderne" n° 109, Paris, 1999 (1ª edición 1996) (ISBN 271819281X) ;

Arlette Jouanna (dir.), Histoire et dictionnaire des guerres de religion, 1559–1598, Robert Laffont, col. "Bouquins", 1998 (ISBN 2221074254)

1 comentario:

  1. LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA.
    http://blobic.com/entry/martires--2

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