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La Portugal de los Avis

En Portugal, la vacilante política de Alfonso V (1438-1481) empeñado en quiméricas empresas marroquíes y en las guerras civiles castellanas, dio pábulo al resurgimiento del poder de la aristocracia. A este problema hubo de enfrentarse Juan II (1481-1495), el fundador del Estado moderno portugués. Desde Alfarrobeira, la nobleza había usurpado preeminencias y territorios de la Corona, que el nuevo monarca se propuso recuperar, acudiendo a los más violentos recursos si fuera necesario. En las cortes de Evora de 1481-1482 humilló a la aristocracia y demostró su voluntad de prescindir de ella llamando a sus consejos a la burguesía. Cuando los nobles pasaron a la conjura para oponerse al nuevo régimen, Juan II mandó ajusticiar al duque de Braganza (1483) y al duque de Viseu (1484) con su propio cuchillo. De este modo quedó libre el camino para organizar el Estado moderno portugués y empeñarse de nuevo en las exploraciones oceánicas olvidadas desde tiempos de Alfonso V.
El sucesor de Juan II fue Manuel el Afortunado (1469-1521) al que reemplazó en el trono en 1495. Fue el responsable de la expulsión de los judíos y de los musulmanes de Portugal. Fomentó la exploración marítima y durante su reinado se llevaron a cabo los viajes de Vasco de Gama y Alburquerque.
1.400.000 millones de habitantes en 89.000 km2 a primeros del XVI no parecían destinar un gran papel a Portugal. Y, sin embargo, hasta 1530, su poder económico basado en una notable fuerza naval es, sin duda, superior a España y hasta 1550 o 1570, al de Inglaterra. El poder del estado, las tensiones económicas y el progreso técnico, sobre todo en la navegación, van a ser las principales bazas lusitanas.
El primer imperio.
La expansión portuguesa, bien preparada en la Edad Media, construyó un primer Imperio ya hacia el siglo XV; se trata de la expansión cuatrocentista hacia Marruecos, el Atlántico Oriental y los archipiélagos. En 1488 han llegado a las costas de Natal, después de haber doblado el Cabo de Buena Esperanza.
Todos estos viajes tenián intenciones especulativas, De 1490 a 1510-1514 la trata de negros, el tráfico de oro, la malagueta y el marfil sudanés lo dominaron en su totalidad las carabelas portuguesas. Se abren factorías en Senegal y Gambia. En el siglo XVI, la Mina proporciono anualmente a Lisboa 410 kilos de oro. Lo mismo sucedió con los esclavos (en competencia con los musulmanes), la malagueta o pimienta (Gambia-Níger) y el marfil (Benín).
El Gran Imperio.
La gran aventura lusitana del siglo XVI siguió siendo la asiática donde no tuvieron ninguna dificultad en asumir el control del océano Índico, tanto desde el punto de vista náutico como comercial, los intereses lusitanos y los de los comerciantes árabes entraron en abierto conflicto. Se debe tener en cuenta las dimensiones geográfica de Portugal, en torno a 1500 eran menos de un millón y medio, y lo mares que surcaban que se encontraban con adversarios más aguerridos que los encontrados por los españoles. El tiempo que se tardaba entre Goa y Lisboa equivalía al que se tardaba entre Lima y Sevilla, a fines del siglo XVI con el sistema en su máxima perfección, se tardaba en el trayecto dieciocho meses para un viaje de ida y vuelta. Uno de ida y vuelta de Goa a Japón duraba tres años.
La creación del Estado de la India, con capitalidad en Goa (1503) indicaba el deseo de no limitar la acción portuguesa al campo comercial; se extendería también al dominio político, aunque solo en la medida necesaria para asegurar las rutas comerciales. De esta manera se formó un Estado colonial portugués basado en el agua más que en la tierra. Era una red de puntos de apoyo para sostener una ruta marítima. En ningún momento se intento la conquista de vastas extensiones. Fue una empresa donde la grandeza y la fragilidad iban juntas. Grandeza por haber relacionado dos mundos, Occidente y el Extremo Oriente, que antes solo tenían raros y precarios contactos; fragilidad porque aquellos puntos de apoyo, muy distantes entre si, habitados por un corto numero de portugueses, dependían del dominio del mar; cuando ingleses y holandeses tuvieron superioridad marítima solo sobrevivieron algunos eslabones de aquella cadena: Goa, Macao, Timor...
Portugal estaba demasiado poco poblado para planear una conquista territorial y una colonización amplia. Así pues, el Imperio Portugués fue esencialmente comercial. El carácter discontinuo de la ocupación y de los establecimientos portugueses permite acuñar la expresión de Imperio Insular, al vivir cada factoría como islas, unidas al exterior por medio de flotas. Esto explica que al supremacía marítima portuguesa dependía de su supremacía marítima en el Atlántico Sur y en el Océano Índico.
Al apropiarse de la Ruta de Indias, los portugueses conquistaron, al menos parcialmente, el servicio de importación a Europa de la seda, piedras preciosas y sobre todo de las especias asiáticas (jengibre, canela, clavo, nuez moscada y especialmente la pimienta de Malabar y Sumatra, cuyo comercio era masivo y sobrepasaba al de las demás especias. A cambio, los portugueses exportaban los productos manufacturados de Europa, como armas y objetos de oro y plata. Además reemplazaron a los árabes al comercio de India en India (servían de intermediarios entre chinos, malayos e indio). Por estas razones el imperio portugués alcanzó su cénit hacia 1550.
El caso de Brasil era aparte en el Imperio. Descubierta al azar e inicialmente despreciada por su aparente falta de riquezas, iba a ser de gran importancia debido a su inmensidad y la debilidad de la población indígena, así como al ausencia de civilizaciones desarrolladas hicieron de ella una verdadera colonia de población portuguesa. En 1534 Juan III entregó el Brasil a empresas privadas repartiéndolo entre varios de sus capitanes. Hacia finales del siglo aumentó su importancia, por las plantaciones de caña de azúcar y sus molinos.
El apogeo portugués.
Los beneficios anteriores explican el mismo, que corresponde a los reinados de Manuel el Afortunado (1495-1521) y de Juan III (1521-1557). Es la época del estado portugués moderno, imperial, mercantilista y emprendedor. El soberano puede dedicarse al mecenazgo, actividad de la que procede la expresión “estilo manuelino El comercio con la India impulsa numerosas industrias portuguesas: astilleros navales, bizcochos, pesca de atún, viñedos y olivos. Con sus beneficios se desarrollan industrias textiles (Covilha, Guimaraes), alfarerías, marmolerías, conserveras, industrias de cuero… El apogeo portugués está además marcado por otros rasgos.
El impulso religioso había jugado un papel relativamente débil en los inicios del descubrimiento y la conquista. Pasado el primer tercio de siglo, los jesuitas portugueses desempeñan un papel importante en la civilización, especialmente en las Indias y en China.
Los nuevos mundos ocupan un amplio espacio en la literatura del país, la más brillante de su historia ( Os Luisiadas de Camoens, que pasó mucho tiempo en Goa y Macao).
Pero cuando los rivales de Portugal recuperaron su atraso en materia de navegación y en armamento, la escasez de población no le permitió mantener a Portugal la extraordinaria posición que había conquistado.
Felipe I de Portugal y II de España o el Imperio más vasto de todos los tiempos
La larga e intensa política matrimonial, seguida sin desmayo desde el comienzo de los tiempos modernos por los últimos Trastámara y sus sucesores los Habsburgo con la casa portuguesa de Avís, dio su fruto con Felipe II. Un hecho fortuito, como la muerte del rey don Sebastián de Portugal en la batalla de Alcazarquivir (1578), inició la crisis sucesoria, clausurada con el reconocimiento en las Cortes de Thomar (abril de 1581) del rey de España como Felipe I de Portugal.
Entre ambas fechas se inscribe, además del corto reinado del cardenal Enrique I (1578 – 1580), una intensa actividad diplomática y una breve pero contundente intervención militar contra don Antonio, prior de Crato, candidato al trono como descendiente por línea bastarda de Manuel I, que acabarían doblegando la resistencia de los opositores al soberano español. Aunque el soberano español se ganó el favor del cardenal y de otros muchos notables de Portugal, gracias a la labor diplomática, dirigida con notable acierto por el portugués al servicio de España Cristóbal de Moura, la opinión pública portuguesa se mostraba muy dividida. En líneas generales, los sectores sociales más relevantes del país apoyaban la candidatura de Felipe II: nobleza y clero, deseosos de un poder fuerte; la burguesía mercantil, necesitada un gobierno que acabase con las continuas agresiones que recibía el comercio ultramarino. Las clases populares, en cambio, de larga tradición anticastellana, depositaron su confianza en la solución “nacional” representada por el prior de Crato. El hecho es que el cardenal Enrique murió sin haber despejado la cuestión sucesoria, que Felipe II se encargaría de resolver por las armas.
Las Cortes de Thomar de 1581 zanjaban en principio el conflicto con la proclamación del nuevo rey, quien lograba de esta forma la tan ansiada unión peninsular y el enorme imperio colonial portugués. Aunque se trataba de una unión personal, similar a la que había presidido la formación de la monarquía hispánica con los Reyes Católicos, en la que cada territorio mantenía su organización político administrativa, Felipe II logró reunir bajo su soberanía la mayor cantidad de territorios que ha conseguido monarca alguno. Portugal le proporcionaba, además, una amplia fachada atlántica en un momento en el que el desplazamiento del grueso de la actividad internacional al Atlántico era un hecho. Felipe II desaprovechó, sin embargo, la gran oportunidad de dirigir desde el litoral portugués la política internacional y también la de consolidar su posición en su nuevo reino.

Bibliografía:

BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. AKal

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2000.

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