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Las Monarquías Nórdicas en la Edad Moderna

Hasta comienzos del siglo XVI, las coronas de Dinamarca, Noruega y Suecia formaban la Unión de Kalmar, aunque cada país tenía plena autonomía. Esta unión terminó violentamente en 1521. El rey Cristián II pretendió romper las condiciones de Kalmar, lo que provocó una sublevación general y el fin de la unión. A partir de este momento se sucede una etapa de inestabilidad.

DINAMARCA

Durante este tiempo, Dinamarca conoció un notable desarrollo. El triunfo del luteranismo a partir de 1536 permitió el reparto de las tierras de la Iglesia. La corona danesa disponía de muchos más recursos económicos lo que le daba un mayor poder. La nobleza formaba una sociedad cerrada. Monopolizaba los cargos administrativos y utilizaba su hegemónica posición para someter al campesino. Dinamarca y especialmente su monarquía contará con otro recurso económico excepcional: el peaje del Sund, que proporcionaba ingresos cuantiosos. Todo ello permite a la monarquía disponer de un potencial excepcional que utilizará en crear una administración central y su funcionariado, en organizar la navegación creando un código marítimo y en engrandecer sus ciudades. Federico II pudo con sus barones controlar Noruega, cuya autonomía fue respetada. En 1593, cuando Cristián IV empieza su reinado, Dinamarca se ha convertido en la primera potencia del norte.

SUECIA

Suecia había protagonizado varias revueltas con el propósito de romper la Unión de Kalmar. De los tres socios, los suecos nunca se habían sentido identificados con la unión. La torpe política de Cristián II favoreció sus propósitos de romper con un statu quo con el que nunca habían estado de acuerdo. En 1523, la Dieta de Sneugnäss reconoció rey de Suecia a Gustavo Vasa, aunque no pudo consolidarse en el poder hasta 1527. Pero aun entonces no lo tuvo fácil. Durante unos años debió hacer frente a los partidarios de Cristián II y a otra serie de rebeliones protagonizadas por la aristocracia, el campesinado y el clero. Sólo después de 1532 pudo empezar a desarrollar su plan de gobierno. Creó una administración central mientras hacía sentir la presencia real en las provincias a través de representantes enviados desde la corte. Entre sus mayores éxitos debe apuntarse el haber conseguido que la Dieta de Orebro otorgase en 1544 la condición de hereditaria a su monarquía. Impulsó la Reforma protestante, que le permitió quedarse con las tierras de la Iglesia. La importancia de la nobleza era, como en el resto de Europa, incuestionable, pero la burguesía desempeñaba su papel y los campesinos se habían mostrado agresivos en la defensa de sus derechos. Durante el siglo XVI Suecia experimentó un notable crecimiento económico y tuvo una presencia cada vez mayor en el comercio exterior con la exportación de hierro, cobre, mantequilla y pieles. Los descendientes de Gustavo Vasa practicaron una política exterior tan ambiciosa que hipotecaron durante años el futuro de la monarquía y de la propia Suecia.

La lucha por la hegemonía en el Báltico y el avance ruso:

A finales del siglo XV, la irrupción del Gran Ducado de Moscú en Novgorod había contribuido a deteriorar el comercio hanseático en el Báltico, ya en decadencia por la descomposición de los vínculos que unían a las ciudades alemanas y la marcha de los grandes bancos de arenques del Báltico a las costas flamencas del mar del Norte. Hasta entonces la Hansa-con la ciudad de Lübeck a la cabeza-había gozado en el espacio báltico de la misma hegemonía que la República de Venecia en el Mediterráneo. A lo largo del XVI su posición se iría degradando irremediablemente y el centro de gravedad de las operaciones mercantiles tendería a desplazarse hacia el oeste, en beneficio de Hamburgo-el puerto más occidental de la autoridad hanseática- y, desde luego, en beneficio de sus principales competidores: holandeses e ingleses.

Ya Christián II (1513-1522) de Dinamarca había intentado sacudirse la tutela hanseática favoreciendo la entrada de los holandeses en los circuitos comerciales bálticos. Los hanseáticos habían respondido apoyando la rebelión sueca que pondría fin a la vieja Unión de Kalmar (1397): con el apoyo de Lübeck, Suecia se sacudiría la tutela danesa en 1523 nombrando rey a Gustav Vasa. Pero Federico I (1523-1533) seguiría la misma política que su antecesor: mantener en su poder los estrechos del Sund que abrían las puertas del Báltico y favorecer el comercio de las ciudades de los países Bajos en contraposición a los intereses hanseáticos. Este hecho explica la nueva intervención de Lübeck en la llamada Guerra de los Condes, suscitada a raíz de la muerte de Federico I y de la sucesión danesa, siendo derrotada en Svendborg (5-VI-1535), esta vez por las fuerzas reunidas de Dinamarca y Suecia.

Pero la hegemonía danesa difícilmente podía mantenerse, puesto que a ella se oponían; Suecia, para la que la libertad en el Báltico suponía una r garantía indispensable para su independencia. Polonia, para la que la libertad en el Báltico suponía facilitar la exportación de los cereales y arremeter contra Rusia en el Ducado de Livonia y Rusia, para poder abrirse paso a Europa y su comercio.

Cuando en 1558 Iván IV toma las armas busca el gran objetivo de Rusia; avanzar hacia el oeste, ya que sólo Estonia le separaba del mar. Toma Narva, principal puerto de entrada de las mercancías occidentales. Las tierras amenazadas se ponen bajo la protección de Suecia, mientras que la mayor parte de Estonia ofrece su vasallaje a Polonia. Al mismo tiempo estalla la denominada Guerra de los 7 Años (1563-1570) entre suecos y daneses, tanto por el permanente conflicto de la libertad de tránsito por el Sund como por la nueva cuestión de

Estonia. Este conflicto perturbará enormemente el comercio báltico, perjudicando a todas las naciones. Los tratados firmados en Stettin garantizan la libertad de navegación por las aguas del Báltico, proclamando un principio fundamental para el derecho público internacional.

Por otro lado Polonia y Lituania estrechan lazos ante la amenaza de Moscú. Por el Tratado de Lublin (1569), que perdurará dos siglos, ambas corona formarán un mismo cuerpo con un único soberano y una misma Dieta. Suecia se une a Polonia, recuperan gran parte de los territorios ocupados por Polonia en Lituania y en 1578 derrotan totalmente a las tropas de Iván IV en Venden. Iván IV reconoce su derrota y renuncia a sus proyectos sobre Estonia y Livonia, firmando armisticios con Polonia (1582, Yam Zapolski ) y Suecia (Narva, 1583). Esto supone para Rusia la renuncia durante más de un siglo a la estrecha ventana que había conseguido abrir sobre el Báltico.
LA DINAMARCA ABSOLUTISTA
Desde 1397 existía la Unión de Kalmar que englobaba a los Reinos de Dinamarca, Suecia y Noruega, aunque cada país mantenía su autonomía. Se trataba de un contrato de asociación entre la monarquía y las noblezas de los tres países, siendo la monarquía danesa la cabeza dirigente de la asociación. El dominio danés no se aceptaba con agrado en Noruega. En Suecia, el descontento era mayor. A comienzos del siglo XVI, con la llegada al poder de Cristián II (1513-1523), cuñado del emperador Carlos V intentó fortalecer su autoridad y formar un Estado centralizado y con tendencia absolutista, de características similares al que se estaba formando por las grandes potencias occidentales.
En 1521 se rompió definitivamente está unión cuando el rey Cristián II invadió Suecia proclamándose allí también rey. La “Matanza de Estocolmo” o el “Baño de sangre de Estocolmo” provocó una sublevación general y el fin de la unión, siendo finalmente destronado Cristián II por la nobleza danesa, desligándose Suecia de Dinamarca y Noruega. La protesta se extendió igualmente a Dinamarca, aprovechando la nobleza danesa para destronarlo, eligiendo rey a su tío Federico I (1523-1533). También fue reconocido rey de Noruega, renunciando a reinar sobre Suecia. Gobernó de acuerdo con la nobleza. A su muerte se produjo un enfrentamiento entre el rey destronado Cristián II, y el hijo de Federico I, el futuro Cristián III, con el apoyo de suecos, nobleza danesa y fuerzas de los ducados de Holstein y Schleswig, de burgueses conectados con el comercio internacional y campesinos de Jutlandia en rebelión contra sus señores
Cristián III (1537-1559) impuso el luteranismo en Dinamarca (1536), lo que aparejo la secularización de los bienes eclesiásticos, repartiéndose entre el rey y los nobles. Durante su reinado y el de su sucesor Federico II (1559-1595) Dinamarca conoció un notable desarrollo convirtiéndose en una de las potencias de la Europa septentrional. La nobleza formaba un grupo cerrado, monopolizando cargos administrativos y sometiendo al campesinado, cuya situación jurídica y económica empeoró. También se produjo un auge importante en el comercio marítimo en el Báltico, el peaje del Sund, proporcionaba ingresos cuantiosos, que en época de Federico II suponían dos tercios de las ingresos del Estado. Ello permitió no sólo organizar la navegación mediante la promulgación de un código marítimo, sino fundar y embellecer sus ciudades y crear una administración central bien dotada de funcionarios. Además, por medio de sus barones pudo controlar el reino de Noruega, diezmada por la peste y desprovista de nobleza. A finales del siglo XVI, Cristián IV comienza su reinado (1593), Dinamarca se ha convertido en la primera potencia del Norte.
LA SUECIA DE GUSTAVO VASA
Los Suecos nunca se habían sentido identificados con la Unión de Kalmar. Entre 1520- 1521, las torpezas y la crueldad de Cristián II provocaron la ruptura definitiva de la Unión y la subida al trono de Gustavo Vasa (1523- 1560), miembro de una poderosa familia. Hasta 1527 no pudo consolidar su soberanía frente a sus opositores. Durante unos años tuvo que hacer frente a los partidarios de Cristian II y a las rebeliones de la aristocracia, el campesinado el clero. Creó una administración central, situando representantes burgueses para controlar las provincias. En 1544 se otorgó condición hereditaria a su monarquía. Fue el introductor de la reforma luterana en Suecia, medida más política que religiosa lo que le permitió quedarse con el patrimonio de la Iglesia (aproximadamente un 20% de la fortuna del país), con cuyas las rentas garantizaba la fortaleza del poder real. Durante su reinado, la nacionalidad sueca se vio favorecida por la emancipación de la lengua, que se diferenció más claramente del danés. La sociedad sueca era más abierta que la danesa gracias al papel de los burgueses y a la resistencia del campesinado libre. Los problemas vendrían de nuevo para la corona Sueca por la política demasiado ambiciosa de Erik IV (1560-1569), involucrado en la Guerra de los Siete Años (1563-1570) contra Dinamarca y Polonia, que le dejó en manos de la nobleza, que le destronó a favor de su hermano
Juan III (1569-1592), tuvo que recompensar a la nobleza. Firma la paz de Sttetin con los daneses e inicia una confrontación con los rusos por las posesiones de Ingria y Carelia. Pero, las mayores dificultades vendrían por el apoyo del monarca a la contrarreforma (casado con la polaca Catalina Jagellon), intentando conciliar luteranismo y catolicismo, lo que provocó la división del país entre los sus seguidores y los de su hermano Carlos, quien acabó venciendo. Tras su muerte, Carlos se proclamó regente de Suecia. Se produjo la momentánea unión dinástica de Suecia y Polonia, al recaer el trono en el hijo de Juan III, Segismundo III (1592-1604) y de Catalina Jaguellón, católico ferviente-conocido como el “rey de los jesuitas”-el cual ya ostentaba la corona polaca desde 1587. Segismundo continuó la contrarreforma iniciada por su padre, lo que le llevaría a su caída después del levantamiento de los protestantes, llevando al poder a su tío Carlos, hijo menor de Gustavo Vasa, que reinó con el nombre de Carlos IX (1604-1611). A pesar de las dificultades casi incesantes a lo largo del siglo XVI, Suecia se beneficia del impulso económico; exporta cada vez más hierro, cobre, mantequilla y pieles. Pero sus debilidades internas le impedirán desempeñar un papel importante durante todo el siglo XVI.
Bibliografía:


BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. AKal

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2000.

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