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La Formación de Rusia

Durante la Edad Media, el espacio inmenso que más tarde será conocido como Rusia estaba constituido políticamente por varios principados sometidos a los khanes tártaros. Sobre esta realidad fue emergiendo lentamente Moscovia. A mediados del siglo XV la autoridad de los grandes duques de Moscú quedó asentada definitivamente. Iván III el Grande (1462-1505) llevó a cabo una fecunda política que le ha valido la consideración de fundador del estado ruso y unificador de la tierra rusa. Su agresiva política exterior le permitió ampliar considerablemente sus dominios por medio de compras, anexiones y conquistas. En 1480 se liberó definitivamente del yugo tártaro, y en 1503 reclamaba para sí todas las tierras que habían formado el antiguo territorio ruso, que ahora estaban en poder de Polonia-Lituania. La expansión territorial fue acompañada por una consciente política de afirmación de su autoridad. Iván III acentuó las tendencias autocráticas de los duque de Moscú. En este afirmación de la autocracia influyeron los éxitos anteriores, pero quizás más el propio Iván que se comportó como un autócrata, cuando para evitar problemas de desmembración, eliminó a sus cuatro hermanos e incorporó sus principados a sus estados. Tampoco tuvo ningún escrúpulo en permitir que, una vez elegido a Basilio como sucesor, su nieto Demetrio –que como hijo de su primer hijo, ya desaparecido, podía reclamar para sí el trono- muriese en el calabozo.

La doctrina bizantina de la teocracia, que otorga al emperador el poder supremo del Estado y de la Iglesia, penetró en Rusia con los misioneros procedentes de Bizancio. En un principio se mantuvo el pensamiento primitivo de la relación de equilibrio entre el poder secular y el religioso, pero la inseguridad de los tiempos llevó a los metropolitanos a defender el fortalecimiento de la posición del gran duque. Esta opinión se tradujo en un apoyo incondicional a la casa moscovita y a su dinastía. Fue precisamente la Iglesia ortodoxa rusa quien apostó decididamente por hacer de los príncipes de Moscú los legítimos herederos de Bizancio, traspasando títulos, boato y justificaciones de los emperadores bizantinos a los portadores del nuevo imperio. Iván III recibió el título de autócrata a petición de la Iglesia. Toda la teorización sobre el poder y la herencia bizantina tardó en calar entre los grandes duques. El primer zar que se mostró convencido de que todo este discurso bizantino y eclesiástico y se sirvió del mismo fue Iván IV.

La propia realidad de Moscovia fue otro factor que favoreció la afirmación sin límites del príncipe: economía poco monetarizada, población escasa, muy dispersa y apegada a la agricultura, y una nobleza incondicional que había puesto sus armas al servicio de los grandes duques en busca de gloria y mercedes. Los extranjeros, que dependían de la gracia del gran duque, mostraron sin reparos su apoyo. La política expansiva de Iván III y Basilio III exigía un ejército poderoso que no podía ser mercenario porque el retraso económico no permitía mantener un régimen fiscal que alimentase la hacienda del príncipe. Los duques acudieron a su único y gran recurso, la tierra, que convirtieron en sustento de su ejército. A tal objeto no escatimaron esfuerzos hasta conseguir que toda la tierra quedara sometida a este sistema.

Toda la sociedad está ligada al servicio. La expansión territorial y los contactos con el exterior dejaron obsoleto al viejo sistema de gobernar por delegación personal. Por eso, a finales del siglo XV se crearon los fundamentos de lo que debía ser la administración del Imperio. En 1497 el gran duque elaboró para todo el territorio un código de justicia que recopilaba el derecho consuetudinario. Basilio III (1505-1533) mantuvo una política exterior menos agresiva. Se limitó a terminar algunas de las empresas que su padre había dejado sin concluir. También en política interior continuó la labor de su predecesor, que terminaría su hijo, Iván IV.

A la muerte de su padre, Iván IV el Terrible tenía tres años. Su minoría fue utilizada por la nobleza para recuperar viejos poderes. El zar fue objeto de grandes humillaciones que dejaron honda huella en su patológica personalidad. A partir de 1542, Macario, metropolitano de Moscú, se ocupó de su educación. Por él fue coronado en 1547 y a él se debe que, además de tomar el título de zar, se identificara con las ideas que sobre la herencia de Bizancio y la autocracia había sido vertidas desde fines del siglo XV: Moscú como tercera Roma, y el zar elegido por Dios y sucesor del emperador bizantino. Tras su coronación, el nuevo y primer zar llevó a cabo una reforma profunda del Estado. Impuso orden, reformó la justicia, reglamentó la disciplina eclesiástica y reorganizó el ejército contando con técnicos extranjeros. Continuó la tarea de centralización y racionalización de la administración. Con este propósito creó los ministerios de Hacienda, de Asuntos Exteriores y del Ejército. Se hizo acreedor del sobrenombre de Terrible por las sangrientas represiones con que castigó las rebeliones de los boyardos, sobre todo después de 1560. Empezó su reinado bajo el signo aparente de la reconciliación con la alta nobleza, pero esta política terminó cuando, en medio de una grave enfermedad, sufrida en 1573, presintió de nuevo la traición. Cuando unos años después murieron su esposa Anastasia y Macario, que ejercía un influjo positivo sobre él, ya nada pudo frenarle. A partir de aquí, tras dominar la asamblea de representantes, arremetió ya sin medida contra la alta aristocracia. Con el propósito de prevenir toda conspiración, creó la oprichnina –policía política-, que impuso un verdadero terror. Liquidó de esta manera a la oposición pero dejó al imperio y a sus sucesores un negro futuro. En el exterior practicó una política que ha sido calificada de “imperial”. Conquistó a los tártaros toda la cuenca del Volga con la toma de Kazán (1552) y Astrakán (1556), que aseguraba el acceso al Caspio. Dejó abierto el camino hacia Siberia. Buscó una salida al Mar Báltico. Pero este frente no fue tan fácil. Iván IV tuvo que pelear durante años (1558-1581) contra Suecia y Polonia.

Con la muerte de Iván en 1584, sus descendientes fueron de nuevo víctimas de las familias aristocráticas. Cuando en 1598 se extinguió la dinastía de los Rurik con la muerte de Fedor, Rusia entró en un período de total anarquía que se mezcló con epidemias, hambres, rebeliones y guerras civiles. Esta etapa de la historia rusa, que terminó con la elección de Miguel Romanov en 1613, es conocida como la época de las perturbaciones, o la smuta.

Bibliografía:

BENNASSAR, B. LA EDAD MODERNA. Ed. AKal

RIBOT, L- HISTORIA DEL MUNDO MODERNO. Ed. ACTAS, Madrid, 2006.

TENENTI, A. LA EDAD MODERNA SIGLOS XVI-XVIII. Editorial Crítica. Barcelona. 2003.

FLORISTAN, A. (Coord.) y otros. HISTORIA MODERNA UNIVERSAL. Ariel Historia.

Barcelona. 2000.

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