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El Periodo Clásico


 

El periodo Clásico: Las grandes poleis: las Guerras Médicas y la hegemonía ateniense. Atenas y Esparta. La Guerra del Peloponeso. La poleis de la Magna Grecia y Sicilia. La República romana: la lucha por la supervivencia. Conflictos sociales y políticos, patricios y plebeyos. La conquista de Italia. El Extremo Occidente: Colonias orientales y griegas. El Imperio cartaginés. Los pueblos ibéricos.

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TEMA X: "El Periodo Clásico (Siglos V a IV a.C.)".

Las grandes polis:

La historia de Grecia en su periodo clásico, está marcada fundamentalmente por la historia de dos de sus poleis, Atenas y Esparta; con dos modelos de organización contrapuestos. Ambas ciudades-estado serán las que detenten la hegemonía en la región y serán las protagonistas de los dos grandes conflictos que van a desangrar a Grecia: Las guerras médicas y la guerra del Peloponeso.

Atenas:

La polis de Atenas va a estar dirigida políticamente, por un gobierno de carácter aristocrático entorno a tres grandes magistraturas:

El basileus, magistrado que detenta el poder religioso.

El polémarchos, que detenta el poder militar.

Y finalmente, el archón, que es el magistrado supremo que se encarga de los asuntos públicos.

Junto a estos tres grandes magistrados tenemos otros nueve magistrados que detentan competencias judiciales, organizándose así un colegio de nueve magistrados que son los que gobiernan la polis por un periodo de un año. Estos magistrados son elegidos entre los miembros de las familias más influyentes de Atenas.

Pero el órgano político más importante de Atenas era el Areópago, que era el antiguo consejo de ancianos transformado. Estaba formado por ex arcontes y tenía funciones judiciales. Desempeñaba un papel esencial en la vida política de Atenas con una autoridad indiscutible y con un voto decisivo en la elección de los nuevos arcontes.

Junto al Areópago existía una asamblea, Ekklesía, de la que poseemos pocos datos y que se encargaría simplemente de aceptar o rechazar las propuestas presentadas por el Areópago.

De forma paralela, existe también una organización a nivel social, cuyas instituciones están basadas en la unidad familiar y económica, el parentesco y el oikos:

La tribu, de las que se conocen las cuatro principales de Atenas y que debieron servir como base para la configuración de las divisiones políticas y militares de la población. La tribu va a entender y a participar en todo lo que se refiere a las cuestiones familiares. La fratría y la gene o el linaje.

Para evitar que ambos modelos de organización, el social y el políticos; se solapen, se creará un cuerpo legislativo que los supere, de manera que observamos como entre el siglo VII y el V a.C., se desarrollan varios intentos de dotar a la comunidad de una legislación común a todos los niveles.

El primero de estos intentos  se atribuye a Dracón, entre el 621 y el 620 a.C., y tiene carácter semimítico. Las referencias que nos quedan a partir de las fuentes epigráficas hacen mención a la elaboración de leyes para el caso de homicidio, de modo que se pueda sustituir el papel que juega la familia a través de la denominada venganza de sangre, por la intervención del estado que desarrollaría un papel de árbitro entre las partes.

En segundo lugar, nos encontraríamos a comienzos del siglo V a.C. con Solón y sus reformas, para las cuales contamos con muchas más referencias. Estas reformas estarían destinadas a lograr superar la crisis social que había supuesto la expansión territorial de Atenas durante el siglo VI a.C., y que suponía la exclusión de una parte de la sociedad, la de la población más humilde.

Solón, nombrado archonte plenipotenciario, suprimirá la esclavitud por deudas y los préstamos garantizados por los bienes o por las propias personas. Revisa el sistema de pesas y medidas e intenta promover el regreso de los artesanos arruinados al Ática. Y realiza además, una división de la sociedad de base timocrática. Para evitar la excesiva acumulación de riquezas, elabora una ley suntuaria, por la que se prohibe el lujo excesivo. Al mismo tiempo, Solón crea la bulé o consejo de los cuatrocientos, consejo formado por cien miembros de cada tribu y destinada a acaparar muchas de las funciones de las que era competente la antigua asamblea, preparando los asuntos que debían tratarse en la Ekklesía, frenando sus pretensiones excesivas y restando poder al Areópago.

Pero pese a las reformas de Solón, el descontento social provocará que dichas reformas no impidan el ascenso de la tiranía en la figura de Pisístrato. La dinastía de tiranos iniciada por Pisístrato se verá finalmente obligada a abandonar Atenas hacia el año 510 a.C., volviéndose a instaurar un gobierno de carácter oligárquico y renaciendo las disputas entre diferentes aristócratas. Es en este contexto en el que Clístenes va a elaborar un nuevo plan de reformas, intentando abolir el sistema gentilicio, de modo que elimina las antiguas cuatro tribus por medio de las cuales se ejercía la influencia aristocrática y las sustituye por otras diez nuevas tribus en las que se va a encuadrar a toda la población. El Ática quedaba de este modo dividida en tres zonas: la ciudad, la costa y el interior. Cada una de estas tres zonas quedaba a su vez dividida en diez tritties o tercios, a su vez compuestos por demos (aldeas, pueblos, etc.). Así, para formar una tribu se tomaba un trittye de cada una de las tres zonas hasta un total de diez tribus y de manera que quedaba rota la vinculación gentilicia al incluir en una misma tribu (ahora de carácter artificial) a individuos procedentes de diferentes áreas del Ática.

Con este nuevo sistema tribal, el antiguo consejo de los cuatrocientos de Solón, la bulé, queda transformado en el consejo de los quinientos, de manera que cada tribu aportaba cincuenta miembros a es consejo.

Además, a partir de esta reforma de Clístenes, se procedió también a la reforma del ejército.

 

Esparta:

Durante el siglo VIII a.C., Esparta es una más de todas esas poleis que está conociendo una serie de procesos a nivel social, económico y político, debidos fundamentalmente a la falta de recursos para una población en continuo crecimiento. Sin embargo, el fenómeno colonizador se redujo en Esparta a la fundación de una sola colonia, Tarento en el sur de la Península Itálica.

Así, la solución que Esparta va a barajar es original respecto a la adoptada por otras ciudades, decidiéndose a conquistar todos los territorios adyacentes. Durante los siglos VIII y VII a.C., Esparta conquistó Laconia y Mesenia (Hilotas), de manera que dichas conquistas serán las que determinen la estructura social del estado espartano:

En primer lugar, se procede al sometimiento de la población hilota y que va a ser un elemento de constante inestabilidad.

En segundo lugar, los espartiatas, los ciudadanos con plenitud de derechos, son militarizados, creándose un complejo sistema educativo atribuido a Licurgo, por el que se establecen todos los procesos que debe seguir un individuo durante su vida ciudadana. Es un proceso por el que se pretende formar soldados invencibles y mujeres fuertes que sean capaces de garantizar la continuidad de la comunidad.

Sin embargo, este sistema provocará graves problemas de carácter demográfico, al producirse una sensible disminución de la población espartiata: los individuos no aptos son sacrificados al mismo tiempo que se produce una alta mortalidad infantil que se une a una baja natalidad y a las bajas producidas entre la población debidas a los enfrentamientos bélicos.

En tercer lugar, los periecos, pertenecientes a comunidades de carácter agrícola, y que se encargan también de desarrollar actividades prohibidas a los espartiatas como son el comercio o la artesanía; de hay su gran importancia en el desarrollo de este estado.

El sistema político espartano combinó elementos procedentes de los tres grandes sistemas políticos de la época:

Del sistema monárquico: Más que de una monarquía hay que hablar de una diarquía, con un sistema de monarquía dual con dos reyes a su frente, cada uno perteneciente a una de las dos casas dinásticas de los Agíadas y de los Euripóntidas. Unos de los reyes se encargaba de ejercer el poder ejecutivo y el otro el poder militar. Se trataba de un poder vitalicio y colegiado.

Del sistema oligárquico: El elemento que representa a dicho sistema es la Gerousia, o consejo de ancianos, constituida por veintiocho miembros, gerontes, los más ancianos de entre las familias aristocráticas, mayores de sesenta años; y los dos reyes. Estos treinta miembros eran designados con carácter vitalicio y poseen competencias judiciales.

Del sistema democrático: La asamblea o Apella, formada por todos los ciudadanos de pleno derecho mayores de treinta años y convocada y presidida por los éforos. Su peso en la vida política no era muy grande, limitándose prácticamente a la aclamación de los éforos y a la aceptación o rechazo de las decisiones adoptadas por la Gerousia.

El eforado: Se trataba de un colegio de cinco miembros elegidos anualmente en la Apella, por aclamación de la asamblea, y cuyo primer miembro es epónimo (dando el nombre al año). El eforado es posiblemente el elemento más determinante dentro del sistema político espartano, supervisaban la actuación de los reyes y garantizaban que éstos se comportasen conforme a la legalidad. Además entendían de temas de educación. En cierto modo eran los árbitros de toda la vida política y debían garantizar el equilibrio social.

A partir del siglo VI a.C., Esparta comenzará a salir de su ámbito tradicional de actuación y comenzará a implicarse cada vez más en el desarrollo político de otros estados griegos. Esparta había consolidado su dominio sobre Mesenia, intentando extender su hegemonía por otros territorios.

Además, Esparta se opondrá por sistema a todos los tipos de tiranía que pretenden imponer tipos de gobierno de caracteres novedosos y antidemocráticos.

Esparta se convertirá en el estado hegemónico del Peloponeso, hecho este que queda plasmado en el establecimiento de una serie de alianzas con otras poleis y cuyo momento culminante llega con el establecimiento de la denominada Liga del Peloponeso, hacia el año 500 a.C.. Esta liga encabezada por Esparta suponía la alianza para la defensa mutua de los estados, aunque no se prohibía los conflictos bélicos entre ciudades aliadas, ya que los acuerdos se realizaban entre cada una de las ciudades y Esparta.

 

 

Las Guerras Médicas y la hegemonía ateniense:

El desarrollo de todas estas poleis griegas se pondrá a prueba ante la dura experiencia que supuso el conflicto de las Guerras Médicas (recogidas en la obra de Heródoto). Este conflicto resultará ser a la postre, el acontecimiento más decisivo en la historia griega.

En Oriente, entre el siglo VII y VI a.C., se ha ido desarrollando el denominado Imperio Aqueménida o Imperio Persa; sobre la base del antiguo Imperio Babilónico. Los persas se extienden desde Anatolia hasta Egipto y Mesopotamia, e incluyen la costa Jonia en dicha Península Anatólica.

Desde el siglo VIII a.C., en la región de Jonia, en Asia Menor, se han venido desarrollando comunidades griegas que ahora quedan bajo el dominio persa. Estas ciudades se ven obligadas a contribuir con sus tributos al mantenimiento de dicho imperio. Además, los persas impondrán a una serie de tiranos para que gobiernen estas ciudades de Jonia.

En este contexto de dominación persa, algunas ciudades de esta zona jonia, van a sublevarse contra sus dominadores. Es así como en el año 499 a.C., tiene lugar la rebelión de Mileto, que supuso una revuelta de los griegos de Asia Menor contra la dominación persa y que fue encabezada por Aristágoras, tirano de Mileto. Aristágoras buscará el apoyo de las poleis de la Grecia continental y ante la negativa de Esparta, recibirá el apoyo de Atenas, cuyo último tirano, Hipias, había sido acogido por los persas y ante la perspectiva del acceso a los mercados del Ponto Euxino, el Mar Negro. El exiguo apoyo naval de Atenas (veinticinco naves) y la victoria de los insurrectos sobre la Satrapía de Sardes, no fueron suficientes para una rebelión que terminaría fracasando y que supuso el saqueo y la destrucción de Mileto.

A partir de este momento, en Grecia se toma conciencia del poder persa, de modo que por ejemplo, Atenas se fortifica y construye tres puertos que la convierten en la principal base naval de la región, bajo la dirección del archonte Temístocles, elegido en el año 492 a.C., y que quiere convertir a Atenas en una potencia marítima.

Por su parte, los persas que buscan poder realizar una acción de castigo como venganza por la destrucción de Sardes, emprenden una primera expedición por el norte de Grecia en el año 492 a.C., tomando posiciones en Tracia y extendiendo su influencia a Macedonia.

Posteriormente, en el año 490 a.C. se inicia una segunda campaña, esta vez a través del mar Egeo y con el propósito de atacar Atenas. Los persas que visitarán las islas Cícladas, impondrán a todas estas comunidades su sometimiento al poder aqueménida. Sin embargo, Esparta y Atenas se negarán a aceptar someterse a dicho dominio.

La flota persa se dirigirá a la isla de Eubea, conquistando la ciudad de Eretria que había apoyado junto con Atenas, la rebelión de los jonios, saqueándola y destruyéndola. Desde este punto, los persas se dirigieron contra Atenas, desembarcando en la llanura de Maratón.

Pese a que Atenas pidió ayuda a Esparta, los espartiatas no llegarán a tiempo (retenidos por la celebración de la fiesta de la karneia) y la batalla de Maratón supondrá la victoria de las formaciones hoplíticas atenienses sobre las formaciones persas, cuyos intentos de conquista son frenados.

Desde ahora, los estrategos, encargados del mando militar; van a ganar en importancia, superando a los propios arcontes. Además, es en este momento cuando se comienza a someter a un estrecho control a los magistrados que pueden incluso ser enviados a juicio en el caso de que se considere que han actuado de manera negligente, comenzándose a practicar el denominado ostracismo. El ostracismo consistía en la posibilidad de enviar al exilio por un periodo de diez años, a aquellos políticos o magistrados a los que se les considere responsables de haber perjudicado  la polis o haber puesto en peligro su estabilidad. El ostracismo se decidía por votación en la Ekklesía y se necesitaba un alto quórum de votos para que la votación fuera válida.

La falta de unión que existe entre las diferentes comunidades griegas terminará por animar a los persas a emprender una segunda expedición encabezada por Jerjes, hijo y sucesor de Darío, pese al fracaso de la expedición realizada bajo el reinado de su padre.

Sin embargo, ahora Atenas se ha fortalecido con la construcción de una gran flota de trirremes, una nueva clase de nave de guerra, más ligera y rápida que las antiguas penteconteras de cincuenta remos. Dicha flota pudo financiarse gracias al descubrimiento de las minas de plata de Laurión.

Los persas tratarán de buscar aliados entre los griegos, consiguiendo el apoyo de Argos, Tesalia y Beocia, los cuales reconocerán la autoridad de éstos. De nuevo, serán Atenas y Esparta los principales estados que se opongan a la influencia persa, creándose en Corintio la denominada Liga Helénica que englobaba a todas las ciudades opuestas al poder persa y a cuya cabeza se designó a Esparta. Se acordó llevar a cabo una defensa por tierra y otra por mar.

En el Estrecho de las Termópilas, el rey Leónidas de Esparta intentó detener el avance persa, aunque lo único que consiguió fue retrasar dicho avance, tras la traición que sufrieron los espartiatas que fueron aniquilados. Ante la llegada de las fuerzas persas, los atenienses abandonan Atenas y se refugian en la isla de Salamina bajo la dirección de Temístocles. Y fue allí donde en el año 480 a.C. se libró la Batalla naval de Salamina, en la que la flota persa sufrió una dura derrota de manos de los trirremes atenienses. Jerjes se retirará de Grecia dejando tan solo un cuerpo de ejército que terminará siendo derrotado.

Para el mundo griego, la experiencia de las Guerras Médicas fue un acto de supervivencia del que lograron salir vencedores, afianzándose el sistema de la polis y la conciencia de una cultura griega. El conflicto que enfrentó a los griegos con los persas permitió a los primeros tener una percepción más clara de pertenencia a un ethnos único, que ya sentían con anterioridad y que cultivaban a través de instituciones como eran las fiestas panhelénicas. Sin embargo, ello no cristalizó en la creación de una única nación griega.

La finalización de las Guerras Médicas dio paso un periodo de paz de cincuenta años al que se le ha venido dando el nombre de Pentecontecia, entre los años 479 y 431 a.C.. Este periodo de relativa estabilidad de que disfrutan las diferentes poleis griegas se verá alterado por el inicio de la Guerra del Peloponeso.

 

La Guerra del Peloponeso:

Durante la Pentecontecia, Atenas propicio la constitución de la denominada Liga Ático-Délica, una liga de estados aliados creada para hacer frente a la amenaza persa y liderada por Atenas que es el estado que se encargará de controlar el tesoro de la propia Liga y de detentar el mando militar. Las victorias obtenidas por la Liga en sus enfrentamientos contra los persas, servirán para fortalecer la posición hegemónica de Atenas que será incluso capaz de tomar medidas represivas contra aquellas ciudades de la Liga que no colaboren con ella.

Finalmente, en el año 451 a.C., se firma la paz con los persas. Sin embargo, Atenas impondrá la continuidad de la Liga que de este modo va a aparecer más bien como el reflejo del imperialismo ateniense que como la unión de unos aliados en igualdad de condiciones.

En este contexto, Pericles se convierte en el nuevo hombre fuerte de Atenas y protagoniza el desarrollo de las denominadas formas democráticas en Atenas. Pericles se apoyará en la asamblea para conseguir que sus propuestas sean elevadas al rango de leyes. Entre ellas la de la exclusión de la ciudadanía de todos aquellos cuyos dos padres no sean atenienses, medida dirigida claramente contra una aristocracia en la que era habitual el establecimiento de alianzas matrimoniales con miembros de otras aristocracias extranjeras.

En política exterior, se están produciendo diversos conflictos con Esparta y sus aliados, aunque de menor importancia.

Sin embargo, en el año 431 a.C., se va a desatar la denominada Guerra del Peloponeso, en la que Esparta se presenta como defensora de aquellos estados que están sufriendo la presión imperialista de Atenas.

La guerra se extenderá desde ese año 431 a.C. hasta el 404 a.C., dividida en varias etapas:

En un primer momento, Pericles adoptará una actitud dilatoria, consciente de que sus posibilidades de victoria batiéndose con Esparta por tierra, son escasas. Pericles se recluye en la ciudad con la población, permitiendo que Esparta saquee su territorio, mientras que la flota ateniense hostiga a los espartanos por mar.

A la delicada situación por la que estaba atravesando Atenas se le unió el estallido de una epidemia de peste que le costará la vida al propio Pericles. Pericles, caído en desgracia al final de su carrera política, dará paso a un nuevo conjunto de figuras políticas entre los que destacará Cleón. Cleón pondrá en práctica una política de carácter demagógico.

Atenas, que debe hacer frente a sus problemas políticos internos, al hostigamiento continuo al que se encuentra sometida por parte de Esparta y a una rebelión de sus propios aliados; se verá obligada a firmar en el año 421 a.C., la denominada Paz de Nicias.

En una segunda fase, seis años después de la firma de la Paz de Nicias, la guerra se trasladará hasta la isla de Sicilia. Segesta, aliada de Atenas, solicitará de ésta ayuda frente a Selinunte, aliada de Siracusa. Pero a su vez, Siracusa era una colonia de Corinto, aliada de Esparta.

La expedición ateniense enviada a Sicilia será vencida por los siracusanos, de manera que sufren su primera derrota naval. A partir de este momento, los problemas para Atenas irán en aumento, con un saqueo por parte de Esparta, cada vez más sistemático de la región del Ática y el comienzo de la construcción de una flota por parte de los espartanos, confiados en la reciente derrota ateniense a manos de los siracusanos. Finalmente, en el año 411 a.C. se produce en Atenas un golpe de estado oligárquico y en el año 404 a.C., tras la derrota en la Batalla de Egospótamos, firmará la paz según la cual Atenas se convertía en aliada de Esparta, liquidaba su imperio, entregaba su flota (excepto doce naves), desmantelaba sus fortificaciones y se obligaba a autorizar el regreso de todos sus exiliados.

En las ciudades griegas y en Atenas, se impondrán gobiernos de carácter oligárquico bajo el mando de diez magistrados, las decarquías. En Atenas, habrá un colegio de treinta magistrados, el denominado régimen de los Treinta Tiranos.

Hacia el 403 a.C., y tras un periodo de inestabilidad y de luchas internas, se alcanzará un acuerdo de compromiso con la intermediación de Esparta, restableciéndose la democracia.

 

Las poleis de la Magna Grecia y Sicilia:

El caso del desarrollo de las ciudades-estado griegas de occidentes, en las áreas de la Magna Grecia al sur de Italia y de la isla de Sicilia, va a presentar importantes peculiaridades.

Estas ciudades van a ser gobernadas en la mayoría de los casos por sistemas tiránicos, consecuencia del grave problema que plantea el continuo enfrentamiento entre ciudades y la constante rebelión de las poblaciones indígenas. Las tiranías aglutinarán a las fuerzas helénicas que se enfrentan a enemigos comunes. Y lo destacable de este desarrollo es precisamente que un momento determinado, estos gobiernos tiránicos lograrán en Sicilia superar el sistema de la polis, al entender que para asegurar la continuidad de las comunidades griegas, se precisa una expansión territorial aunque esta sea a costa de sus vecinos o de dichas comunidades indígenas. De este modo, estos estados se están anticipando en el tiempo a la filosofía política de los estados helenísticos.

 

Van a ir surgiendo diferentes dinastías asociadas a grandes estados, como son los casos de Siracusa y Agrigento; ciudades que participarán activamente en la guerra entre Cartago y Siracusa.

Al tratarse de sistemas tiránicos, se les considera que ocupan el poder de una manera ilegítima, deforma que estos gobernantes, ante el temor a que su propia población los derroque, acudirán con frecuencia al pago de fuerzas mercenarias para asegurar la defensa del propio estado. Sin embargo, dichas fuerzas serán a la postre un nuevo elemento de inestabilidad para la zona.

 

La República Romana:

La historia de la República Romana durante sus primeros años de existencia, se va a encontrar marcada por un estado casi continuo de enfrentamientos con el resto de pueblos que la rodean.

La lucha por la supervivencia:

Roma, tras la ocupación de Porsena, rey de Clusium, junto al que se enfrentó a la Liga Latina, y después de la desaparición del sistema monárquico; intentará recobrar parte del prestigio que entre los pueblos del Lacio había disfrutado en dicha época monárquica. De este modo, Roma se enfrentará a la Liga Latina, una confederación de pueblos del Lacio unidos por sentimiento comunes de carácter religioso y de relaciones recíprocas. Según las fuentes, Roma habría obtenido una importante victoria en la Batalla del Lago Regilo, en el año 499 a.C., firmándose en el año 493 a.C. un pacto, el denominado foedus Cassianum, por el que se establecía la paz y la incorporación de Roma a la Liga. Además, se aseguraba la alianza entre estos pueblos para la defensa mutua, se fijaban las normas que regulaban los problemas que pudieran surgir en el ámbito comercial entre los ciudadanos de las diferentes ciudades del Lacio y se establecía la constitución de una organización militar común que quedaría bajo mando romano.

El establecimiento de esta alianza respondía en un principio sobre todo, a la necesidad de asegurar la defensa de las comunidades del Lacio frente a la amenazadora actitud de los pueblos del Apenino, que rodeaban la llanura del Lacio. Se trata de tribus pobres y primitivas, que vivían de la caza y el pastoreo, y cuyos áridos territorios impedían el desarrollo de la agricultura. Los problemas de subsistencia y superpoblación los empujarán a realizar incursiones sobre la ya mencionada llanura del Lacio. Entre estos pueblos se encontraban los sabinos, los ecuos, los volscos y los hérnicos que presionados por sus vecinos, terminarán firmando un pacto de alianza con la Liga Latina en el 486 a.C..

La Liga Latina se irá extendiendo, incorporando nuevos territorios en los que se irán fundando nuevas colonias que permitirán el reparto de las tierras conquistadas y el control de dichas tierras. Estas nuevas colonias se comportarán como formas políticamente independientes, aunque siempre en el seno de la Liga. Se trata de ciudades con un estatuto jurídico propio (por ejemplo el estatuto latino), aunque en la mayoría de los casos la población más abundante es de origen romano. Además, será Roma la encargada de la fundación de estas colonias, aunque con el refrendo del resto de pueblos latinos.

 

Pero a pesar de estos avances, el siglo V a.C. está marcado fundamentalmente por un estado de inestabilidad, provocado como ya dijimos por la presión ejercida por esos pueblos apenínicos que se encuentran en crecimiento y que a través del denominado ver sacrum, una institución de origen indoeuropeo, designan a miembros de la población que están obligados a emigrar a otros territorios y que serán los se estén moviendo por toda la región.

La guerra federal contra ecuos, volscos y sabinos:

Roma solo llegará a verse asediada por los volscos y los sabinos, aunque más bien en forma de incursiones predatorias que lo que buscan es la obtención de un botín. Estos hechos tendrán su reflejo en la economía y en algunos aspectos de carácter cultural.

El enfrentamiento contra ecuos y volscos estará prácticamente resuelto a comienzos del siglo IV a.C., dejando de representar un problema para Roma y el Lacio.

En cuanto a los sabinos, cuyos contactos con Roma venían de muy antiguo, no fueron tanto de guerra generalizada como de continuas infiltraciones con algún episodio bélico. A mitad del siglo V a.C., la expansión de Roma por territorio sabino y la firma de acuerdos puntuales, supusieron el final del problema sabino, hasta la total anexión de su territorio a Roma un siglo y medio más tarde.

Veyes:

Pero el peligro más serio para la supervivencia de Roma va a proceder del conflicto que la va a enfrentar a la ciudad etrusca de Veyes o Veii, fronteriza en lado opuesto del Tíber. Este será un conflicto en cuya base está en cuestión el control de las rutas comerciales a través del curso de dicho río Tíber.

Los lazos federales no prohibían la existencia de una política independiente, fuera de los compromisos comunes. El enfrentamiento con Veyes se iniciará en el 483 a.C. y se prolongará hasta el año 396 a.C. con la caída definitiva de la ciudad etrusca y la victoria romana. A partir de este momento, Roma no se va a encontrar con ningún oponente serio en toda la región del Lacio y emprende una política más agresiva que incluyen las profundas reformas que va a sufrir su ejército, incluyéndose la paga para los militares que lo componen. Para el mantenimiento de dicho ejército, se introdujo el tributum, un impuesto sobre la propiedad, junto al establecimiento de indemnizaciones a pagar por parte de los pueblos vencidos a Roma.

Roma se ha convertido así, a comienzos del siglo IV a.C., en la más poderosa ciudad del Lacio, con claras intenciones hegemónicas sobre la confederación.

El último hecho destacable durante estos primeros años de República, y que pondrá a prueba la solidez del proyecto romano, será la de la invasión de los galos.

Estos galos son pueblos de origen celtas, que proceden del norte de Italia y que llegará hasta la ciudad de Roma, asediándola y saqueándola. Posteriormente, aunque para la historiografía tradicional romana este hecho aparecerá como uno de los grandes hitos de su historia; estos galos se retirarán de nuevo a sus territorios del norte.

La invasión de los galos será utilizada por un importante núcleo de ciudades de la Liga Latina, para enfrentarse a una Roma que por entonces se encontraba intentando hacer efectiva su hegemonía sobre la liga y para la que la confederación estaba limitando la posible expansión romana hacia el sur de la península. Los latinos, que observan como su condición esta quedando reducida a la de meros súbditos del estado romano, no dudarán en servirse para dicho enfrentamiento de las fuerzas de pueblos hasta hacia muy poco enemigos, como son los casos de los ecuos, los volscos o los hérnicos. Por su parte, Roma establecerá alianzas con la ciudad etrusca de Caere, con Cartago y buscará un nuevo aliado en los samnitas, un conjunto de tribus asentadas en el área central del Apenino y de un gran potencial militar.

Finalmente, se desarrollará la denominada Guerra Latina, con la mayoría de la confederación latina enfrentada a Roma, apoyada por los volscos de Antium y por ciudades campanas. Roma terminará derrotando a la coalición, acabando con la resistencia latina hacia el año 338 a.C.. De este modo, Roma se anexionaba toda la región del Lacio, saliendo robustecida del conflicto.

 

Conflictos sociales y políticos: patricios y plebeyos:

El carácter de la política exterior romana, no dejó de influir a su vez sobre el ordenamiento social de la ciudad, cuyo gobierno estaba en manos de una restringida aristocracia patricia, que paralelamente al desarrollo de los conflictos bélicos, luchaba por mantener el control de dicha dirección política y sus privilegios ancestrales, frente al resto de la población.

Esto dará lugar a un ordenamiento de la sociedad romana en lo que se ha venido en definir como dualidad patricio-plebeya, con una plebe, resto de la población libre de Roma, que va a reivindicar una serie de derechos que los enfrentará al patriciado y que será el origen de una de las más graves crisis por las que tendrá que atravesar la ciudad de Roma.

Los patricios van acaparando cada vez más tierras, los problemas económicos en un periodo de luchas en el exterior se van extendiendo, la esclavitud por deudas aumenta y la participación del gobierno de la ciudad es prácticamente nula. Para manifestar sus reivindicaciones, los plebeyos ponen en práctica la denominada secessio, por la que se retiraban al Aventino, provocando el colapso de todo el sistema romano, y llegándose a constituir un verdadero estado dentro del propio estado romano.

Se crearán magistraturas de carácter plebeyo, como son el tribunado de la plebe y los ediles plebeyos, así como la institución del concilium plebis, la asamblea de la plebe.

Las reivindicaciones fundamentales de la plebe eran tres:

En primer lugar se protesta no por la esclavitud en sí, que es aceptada como algo natural, sino por determinados casos de esclavitud por deudas que son especialmente injustos. Una esclavitud que responde al denominado nexum.

En segundo lugar estaba el problema de los repartos de la tierra propiedad del estado, el ager publicus, que era repartido en usufructo y que estaba siendo sistemáticamente acaparado por el patriciado, ya fuese a través de sus clientes o por el cobro de deudas.

Y en tercer lugar, se encontraba la cuestión del acceso de la plebe a las diferentes magistraturas, incluido el consulado.

 

Los tribunos de la plebe se empeñarán en intentar que las tierras procedentes del ager publicus, sean accesibles a la plebe y además se intentará que se haga de una manera privada, mediante la assignatio viritana, es decir, de un modo individual y limitando la cantidad de tierra que puede ser asignada a un único individuo. Se emitirán plebiscitos que apoyen los proyectos de ley agraria confeccionados por los tribunos de la plebe, aunque no saldrán adelante ante la oposición del patriciado.

Sin embargo, después de la invasión de los galos, la plebe intentará imponer definitivamente estas reformas en un doble sentido: por un lado, la plebe va a luchar para que el ager publicus se convierta en assignatio viritana, y por otro, intentará limitar la cantidad asignable de tierra, de manera que el patriciado no pueda acaparar un número excesivo de terrenos públicos.

El conflicto patricio-plebeyo, culminará en el siglo IV a.C., con la elección de los tribunos de la plebe Cayo Licinio Estolón y Lucio Sextio, en el año 376 a.C.. Ambos tribunos, serán capaces de hacerse eco de las reivindicaciones fundamentales de los grupos plebeyos, resumidas en tres proyectos de ley que afectaban a la cuestión de las deudas, al problema agrario y a la aspiración plebeya al consulado. Las propuestas lograron ser aprobadas en el año 367 a.C. tras una dura batalla de diez años con el patriciado, convirtiéndose en las denominadas Leges Liciniae-Sextiae, o leyes licinio-sextias; y que se resumen en:

La primera ley, que acometía el problema del ager publicus u según la cual, se impediría la ocupación de más de 500 iugera (4 iugera = 1 hectárea) de tierra del estado. Se establecían multas a todos aquellos que acumulasen un mayor número de tierras y la devolución de éstas. Se limita así mismo el número de cabezas de ganado (íntimamente unido a la tierra necesaria para su mantenimiento) y el número de trabajadores libres.

De este modo, se pretendía abrir el disfrute de la tierra a un mayor número de possesores.

La segunda ley, hacía referencia al problema de las deudas y del nexum. Se preveía una reducción de los tipos de interés y se facilitaban los términos del pago de las deudas. Con posterioridad, una serie de normas legales tenderán a suavizar el tema de las deudas, hasta que en el año 326 a.C., con la Lex Poetelia-Papiria, quede abolido el nexum, de manera que se suprima la esclavitud por deudas.

Finalmente, la tercera ley se refería al problema político, de manera que se establecía el sistema consular, pero de forma que uno de los cónsules debía ser siempre de origen plebeyo.

A partir de las leyes licinio-sextias, roma experimentará el surgimiento de una nueva clase dirigente que se ha venido denominando como la nobilitas patricio-plebeya.

La paridad política en el consulado hacía innecesario el mantenimiento del monopolio por parte de los patricios del resto de magistraturas y sacerdocios. Se establece una nueva organización de las magistraturas, creándose la pretura, en la figura del praetor urbanus, que inicialmente quedó reservada al patriciado pero que como el resto de magistraturas terminará siendo ostentada también por plebeyos, y cuyas competencias eran de carácter judicial. Así mismo, se crearon los ediles curules, de función similar a los ediles plebeyos, pero inicialmente también reservadas a los patricios, desdoblándose la función edilicea. También se creó una comisión de diez miembros, cinco de cada clase, que entendía sobre los asuntos referentes a los ritos sagrados.

Sin embargo, como es obvio, no toda la plebe será la que aspire a dichas dignidades. Solo la elite plebeya, los miembros más adinerados de la plebe, serán los que aspiren a ocupar las magistraturas, intentando emular a la propia clase plebeya en sus gustos y costumbres. De este modo, se fue desarrollando esa nueva clase aristocrática, ahora de carácter patricio-plebeya, que se ha venido denominando como la nobilitas, la nueva nobleza que será la encargada de dirigir la República.

Fue así, que con la incorporación de la plebe a las magistraturas y el desarrollo de la nueva clase dirigente, el orden plebeyo perdió su primitivo carácter revolucionario.

 

La conquista de Italia:

A lo largo del siglo IV a.C. y primera mitad del siglo III a.C., Roma culminará la conquista de Italia. Desde la caída de Veyes, el enfrentamiento más serio al que tendrá que hacer frente la República Romana será el de las tres guerras que la enfrenten con el Samnio. La tercera de las guerras que tendrá el carácter de auténtica conflagración italiana, entre el 298 y el 290 a.C., supuso la victoria de las legiones romanas sobre la coalición de pueblos italianos antirromanos, en la batalla de Sentinum del 295 a.C., victoria que deshizo dicha coalición.

Las ciudades  y comunidades conquistadas por Roma correrán distinta suerte en función de la posición mantenida por éstas. De este modo, se establecerá diferente tipos de estatutos en su relación con la República. Este modelo será el que Roma aplicará durante toda su fase expansiva, concediendo más o menos derechos a los ciudadanos de una determinada región, en función de que se hayan entregado a Roma de forma pacífica o hayan tenido que ser sometidos militarmente.

Para el control del territorio, también se recurría habitualmente a la fundación de colonias en las que se establecían ciudadanos romanos, de modo que se pudiera asegurar el control del territorio circundante.

Tras las guerras samnitas, Roma terminará por consolidar sus conquistas en la Italia Central con el sometimiento de Etruria y de Umbría al norte.

Respecto al sur de la Península Itálica, ocupada por las ciudades griegas en la denominada área de la Magna Grecia, Roma que mantiene contactos con dichas ciudades intentará expandirse también por ese área, lo que le llevará a enfrentarse con Pirro, rey del Epiro que acude a la llamada de auxilio de la ciudad de Tarento. Este enfrentamiento supone para Roma el contacto por primera vez con un rey helenístico y con un ejército de carácter hoplítico que presenta grandes novedades como es el caso de los elefantes de guerra. Sin embargo, Roma logrará finalmente imponerse a las formaciones hoplíticas, abandonando Pirro la Magna Grecia, que será sometida al poder de Roma.

Con el sometimiento de la Magna Grecia, Roma entrará en contacto con las comunidades instaladas en la isla de Sicilia y con toda la problemática que las rodeas, fundamentalmente por el enfrentamiento entre griegos y cartagineses.

El nuevo estado patricio-plebeyo:

Los dos rasgos fundamentales que definen a la sociedad romana desde el nacimiento del estado patricio-plebeyo son:

En primer lugar y como consecuencia de la política expansiva y de la ampliación de los intereses económicos, se produce una mayor diferenciación social, que ahora supera la antigua distinción entre patricios y plebeyos, para articularse como una sociedad con clases bien diferenciadas, de forma piramidal y cuya cúspide está ocupada por la ya mencionada nobilitas.

En segundo lugar, se trata de una sociedad de carácter aristocrático.

El senado aparece ahora como la institución más decisiva en la política romana. La plebe, la única forma de oposición de que dispondrá será a través de los plebiscitos, lo cual será utilizado por políticos romanos, calificados como filo plebeyos y que provenientes de esa misma nobleza romana van a practicar una política de carácter populista. Uno de los ejemplos más evidentes se encarna en la figura de Apio Claudio el Censor y de sus reformas de finales del siglo IV a.C., motor de muchas de las transformaciones que tuvieron lugar en los ámbitos constitucional, religioso, militar e incluso material de Roma.

Durante este periodo y gracias en gran medida a la incorporación de los nuevos territorios conquistados durante las campañas expansivas llevadas a cabo por Roma, se va a producir un notable desarrollo económico y urbano.

 

 

El Extremo Occidente:

Colonias orientales y griegas:

Entre los siglos IX y VII a.C., el área del Mediterráneo occidental experimentó el fenómeno de la fundación de colonias de origen fenicio y griego. Muchas de estas colonias tendrán funciones simplemente de factorías comerciales, y con el paso del tiempo se irán configurando como verdaderas ciudades-estado.

Los fenicios fundarán colonias en el norte de África, caso de Cartago, la Península Ibérica, como es el caso de Gades o las Islas Baleares, como es el caso de Ebusus.

La fundación de colonias fenicias en esta área, se enmarcaba dentro de la estrategia ideada por las metrópolis en su búsqueda de aproximarse a las riquezas mineras de occidente, a las que se unirán la explotación de abundantes recursos agrícolas. Sin embargo, a partir del siglo VI a.C., y sobre todo en la zona de la Península Ibérica donde se ha producido la desaparición de Tartesos, las colonias se fueron transformando en ciudades, de manera que de factorías comerciales pasaron a convertirse en ciudades-estado como ya hemos mencionado. Se pasa así, de una economía de carácter mercantil a un tipo de economía centrada en la ciudad y basada en los intercambios comerciales.

Pero la principal actividad económica púnica, basada en el comercio de metales, pronto se encontró con la competencia de los griegos, que también fundaron colonias en esta área del Mediterráneo occidental. De este modo, se funda la colonia de Massalía, la actual Marsella, en la desembocadura del Ródano y Emporion, la actual Ampurias. Massalía se convertirá en la colonia dirigente en la zona.

Massalía, que ocupa una situación privilegiada, dominando los intercambios comerciales a través del río Ródano; adquirirá aún más importancia por las relaciones que establecerá con una Roma que se encuentra en competencia comercial con las ciudades etruscas.

En esta competencia entre púnicos y griegos, se insertará a partir del siglo VII a.C., un tercer factor representado por la aparición en escena de los etruscos, que desde la Toscana, extendieron sus intereses a toda la Italia central y al mar Tirreno.

La situación política planteada en el Mediterráneo occidental, llevará a cartagineses y etruscos a entenderse, enfrentándose a los griegos cuyo ámbito de actividad colisionaba con los intereses de las otras dos potencias. La batalla naval de Alalía hacia el año 540 a.C., que enfrentó a una flota etrusco-púnica con otra griega, decidió los diferentes ámbitos de influencia reservados a cada una de las tres potencias.

A pesar de ello, Massalía, fuera del estricto ámbito de influencia griega, continuará controlando el comercio a través del Ródano, cuya base es el estaño; convirtiéndose en la primera ciudad mercantil del Mediterráneo.

 

El Imperio Cartaginés:

Cartago, en las proximidades de la actual Túnez, fue fundada a finales del siglo IX a.C., como factoría comercial, por la ciudad fenicia de Tiro. Una de las principales rutas comerciales explotadas por Cartago fue la establecida con Egipto.

La presión del imperialismo asirio sobre el área fenicia provocará el debilitamiento progresivo de los lazos que unían a las colonias fenicias de occidente con sus metrópolis de oriente, hecho este aprovechado por Cartago, que desde el siglo VII a.C. se habrá convertido en el más importante de los establecimientos fenicios del Mediterráneo occidental, ejerciendo un papel hegemónico sobre el resto.

De este modo, entre los siglos VI y V a.C., Cartago se habrá configurado como un verdadero imperio, mediante la incorporación de otras colonias fenicias de occidente, entre otras cosas debido a su magnífico puerto y su posición estratégica en el cruce de vías que unían oriente con occidente. Cartago se convirtió en una potencia marítima, con escalas y plazas fuertes repartidas por todo el Mediterráneo occidental: Malta, Cerdeña, Córcega, Baleares, el sur de la península ibérica y el oeste de Sicilia. En territorio africano, la influencia de Cartago se extendía desde el estrecho de Gibraltar, hasta el interior de las llanuras fértiles de la actual Tunicia.

Los territorios incorporados a la órbita de Cartago, serán controlados siguiendo diferentes fórmulas:

En África, existían territorios pertenecientes a la propia ciudad de Cartago, a los que ahora se incorporan otros territorios adyacentes en manos de la población autóctona que se convertirán en súbditos del imperio y por ello, obligados a prestar tropas al ejército púnico cuando así se les requiera. A continuación de este espacio circundante, se encuentran los reinos númidas con los que Cartago establecerá acuerdos de alianza, aunque supeditados a la primacía de la propia Cartago.

Respecto a Sicilia, las colonias fenicias asentadas fundamentalmente en el área occidental de la isla, quedarán integradas dentro de un sistema de control denominado epinateia, mediante el cual se reconocía la independencia de estas ciudades, que a su vez estaban obligadas a aceptar la presencia de guarniciones cartaginesas y de legados ce Cartago próximos a los magistrados de las propias ciudades, de tal forma que se asegurara que las formas políticas desarrolladas en dichas ciudades fueran siempre favorables a los intereses cartagineses.

La isla de Cerdeña por su parte, será sometida por la fuerza, ocupada por el ejército cartaginés, y estableciéndose magistrados procedentes de Cartago, de modo que se asegure el control y gobierno de una isla estratégicamente importante, debida a la riqueza de sus minas.

Para la península ibérica, hasta la llegada de Almilcar Barca no vamos a poder hablar estrictamente de dominio territorial, sino más bien de influencia y prestigio púnico en la zona.

La organización política de Cartago:

En muchos de sus rasgos se asemeja a la organización política de Esparta, con una constitución modélica de carácter aristotélico, al que se unirían elementos de carácter monárquico.

Al frente del estado se encontraban dos magistrados anuales, denominados suffetes, de un modo similar a los cónsules romanos; y que compartían con un consejo de notables o ancianos, las tareas públicas.

Existe un segundo consejo, el llamado consejo de los cien, creado ya sobre el 396 a.C., y que poseería competencias judiciales y evaluarían la competencia de los diferentes jefes militares en el desarrollo de las campañas. Tenían capacidad para condenar a muerte a un general incompetente. De esta forma, el consejo de los cien se presentaba como un órgano encargado de limitar el poder de las familias aristocráticas dedicadas a la actividad militar.

Los ciudadanos participarían en los asuntos del estado a través de asambleas populares, de las que desconocemos su composición y funcionamiento. Fundamentalmente, la finalidad de la asamblea consistiría en votar las leyes presentadas por los suffetes  y en la confirmación de los generales.

La población de Cartago, en su mayoría urbana, dedicada a la industria y al comercio, estaba dominada por una oligarquía constituida por un lado por los empresarios marítimos y por otro lado por los terratenientes.

La economía del estado cartaginés:

La economía cartaginesa se basaba en el comercio marítimo, intercambiando los productos procedentes de su agricultura y de su artesanado, por materias primas (fundamentalmente metales) y artículos de lujo. Se trataba sobre todo de un comercio de intercambios que hizo que los mercaderes púnicos vayan a estar presentes en la mayor parte de los centros de intercambio de todo el Mediterráneo. Su gran flota comercial llevará a Cartago finalmente a verse enfrentada con los griegos, con los que van a compartir intereses, y finalmente con la propia Roma, hecho este que conducirá a ambas potencias a enfrentarse en las denominadas Guerras Púnicas, durante el siglo III y II a.C..

Pero Cartago también contará con una floreciente agricultura, que emplea métodos avanzados de cultivo, y basada en la producción de cereales, aceite y frutales.

 


 

 

 

 


Bibliografía: Universidad de Sevilla, Asignatura Historia Antigua

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Saludos J. Ossorio

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