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El Valle del Nilo, por JACOB ABBOTT, FRAGMENTO(Cleopatra)


La historia de Cleopatra es una historia de crimen. Es una narrativa del curso y las consecuencias del amor ilícito. En su extraña y romántica historia vemos esta pasión retratada con la fidelidad más completa y gráfica; Sus incontrolables impulsos, sus embriagantes alegrías, su imprudente y loca carrera, el espantoso remordimiento, la desesperación y la ruina en la que siempre termina inevitablemente.

Cleopatra era de nacimiento egipcia, pero por ascendencia y descendencia era griega. Así, mientras Alejandría y el Delta del Nilo formaban la escena de los acontecimientos e incidentes más importantes de su historia, era la sangre de Macedonia la que fluía en sus venas. Su carácter y su forma de actuar están marcados por el genio, el coraje, la originalidad y la impulsividad de la población de la que procede. Los acontecimientos de su historia, por otra parte, y el carácter peculiar de sus aventuras, sus sufrimientos y sus pecados, estaban determinados por las circunstancias que la rodeaban y las influencias del clima voluptuoso donde las escenas de su vida temprana se desarrollaron.

Egipto siempre ha sido considerado como el país más notable del mundo. Es un valle largo y estrecho de verdor y fecundidad, completamente aislado del resto del mundo habitable. En efecto, es más aislada que cualquier isla literal, puesto que los desiertos son a veces más intransitables que los mares.

La existencia de Egipto es un fenómeno extraordinario. Si pudiéramos volar con las alas de un águila y contemplar la escena, para observar el funcionamiento de aquel gran y sencillo proceso por el cual se ha formado este largo y maravilloso valle, repleto de vida animal y vegetal, que se renueva anualmente, en medio de los desiertos circundantes, del silencio, la desolación y la muerte, quedaríamos maravillados por el regalo que ofrece a esta tierra el río Nilo. No tenemos las alas del águila, pero la larga serie de observaciones pacientes, cuidadosas y sagaces, que han sido constantes durante dos mil años, nos traen resultados, mediante los cuales, a través de nuestras facultades de concepción mental, podemos formarnos una idea completa de la escena, análoga, en algunos aspectos, a lo que la visión directa y real nos permitiría, si pudiéramos mirarla desde el punto de vista del águila.  Sin embargo, es un tanto humillante para nuestro orgullo e intelecto, reflejar que las investigaciones filosóficas largamente continuadas y que las investigaciones científicas son, en este caso y en cierto sentido, sólo una especie de sustituto de las alas. Una mente humana conectada con un par de alas de águila habría resuelto el misterio de Egipto en una semana; Mientras que la ciencia, la filosofía y la investigación, confinadas a la superficie del suelo, han estado ocupadas durante veinte siglos en el cumplimiento de la empresa.

La existencia de Egipto así como su extraño aislamiento en medio de extensiones ilimitadas de arena seca y árida, dependen de ciertos resultados notables de las leyes generales de la lluvia. El agua que la atmósfera absorbe de la superficie del mar y de la tierra por evaporación vuelve a caer, bajo ciertas circunstancias, en lluvias, cuya frecuencia y abundancia varían mucho en diferentes partes de la tierra. Como principio general, las lluvias son mucho más frecuentes y abundantes cerca del ecuador, siendo menos frecuente en los polos. Naturalmente esto es de esperar, pues, bajo el sol abrasador del ecuador, la evaporación del agua es inmensamente mayor que en las zonas más frías, y toda el agua que se toma debe, por supuesto, volver a bajar.

No es, sin embargo, únicamente la latitud de la región en que ocurre la que determina la evaporación y la cantidad de lluvia que cae de la atmósfera; Porque el estado en que se genera la lluvia del agua absorbida por la evaporación depende principalmente del enfriamiento del estrato atmosférico que lo contiene; Y este efecto se produce de muy diversas maneras, y muchas causas diferentes operan para modificarlo. A veces el estrato se enfría al ser arrastrado por las montañas, a veces encontrándose y mezclándose con corrientes de aire más frías; Y a veces, de nuevo, al ser impulsado por los vientos hacia una latitud más alta y, consecuentemente, más fría.  Si, por el contrario, el aire se mueve de las montañas frías a las llanuras cálidas y soleadas, o de las latitudes más altas a las más bajas, o si, entre las diversas corrientes en las que cae, se mezcla con el aire más caliente que él, su capacidad para contener vapor se incrementa y, en consecuencia, en vez de liberar las aguas que ya posee, se vuelve sediento de más.  Se mueve sobre un país, bajo estas circunstancias, como un viento cálido y seco. Bajo un revés de las circunstancias habría formado nieblas de deriva, o, quizás, incluso copiosas lluvias o granizadas.

De estas consideraciones resultará evidente que la frecuencia de las lluvias y la cantidad de lluvia que caerá en las diversas regiones, respectivamente, que presenta la superficie de la tierra, dependerá de la influencia combinada de muchas causas, como la calidez del clima, la proximidad y la dirección de las montañas y de los mares, el carácter de los vientos predominantes y las cualidades reflectantes del suelo. Estas y otras causas similares producen una gran diferencia sobre la cantidad de lluvia que cae en las diferentes regiones.  En la parte norte de América del Sur, donde la tierra está bordeada por todas partes de vastos mares tropicales, que cargan el aire caliente y sediento de vapor, y donde la poderosa Cordillera de los Andes levanta sus heladas cumbres para enfriar y precipitar de nuevo los vapores, una cantidad de lluvia que mide más de diez pies de altura perpendicular cae en un año. En San Petersburgo, por otra parte, la cantidad que cae en un año no es más que un pie de altura. El inmenso diluvio que se derrama de las nubes en Sudamérica, si el agua se quedara donde cayó, sumergiría e inundaría completamente el país, por el contrario, el agua fluye a través de los valles y los torrentes forman el río más grande del globo - el Amazonas; La vegetación, estimulada por el calor y alimentada por la abundante e incesante provisión de humedad, se vuelve tan gruesa y carga la tierra con una masa de troncos, tallos y guirnaldas, vides enredadas y enmarañadas, que el hombre es casi excluido de la escena. Los bosques ilimitados se convierten en una selva vasta y casi impenetrable, abandonada a bestias salvajes, reptiles nocivos y aves de rapiña enormes y feroces.

Por supuesto, en San Petersburgo, con su invierno helado, su sol bajo e impotente y sus doce pulgadas de lluvia anual, debe presentar necesariamente, en todos sus fenómenos de vida vegetal y animal, un contraste notable con la exuberante proliferación de Nueva Granada. Es, sin embargo, después de todo, no absolutamente el extremo opuesto.


Hay ciertas regiones en la superficie de la tierra donde no cae la lluvia; Y son éstas las que nos presentan el verdadero y real contraste con la exuberante vegetación y la prolífica vida del país del Amazonas. En estas regiones sin lluvia todo es necesariamente silencio, desolación y muerte. Ninguna planta puede crecer; Ningún animal puede vivir. El hombre, también, está para siempre y desesperadamente excluido. Si la exuberante abundancia de vida animal y vegetal le impide, en cierta medida se convierten, pues, en vastos desechos de arenas secas y áridas en las que ninguna raíz puede encontrar alimento rocas aburridas en las que ni siquiera un liquen puede aferrarse. La región más extensa sin lluvias en la tierra es un vasto territorio que se extiende a través del interior del norte de África, y la parte suroeste de Asia. El Mar Rojo penetra  desde el sur y rompe así el contorno y la continuidad de su forma, sin alterar esencialmente su carácter. Sin embargo divide el territorio en diferentes porciones llamadas: La parte asiática se llama Arabia Desértica; La parte africano ha recibido el nombre de Sahara; Mientras que entre estos dos, en el vecindario de Egipto, la estéril región se llama simplemente el desierto. Sin embargo, todo el tramo está marcado con un carácter omnipresente: la ausencia de vegetales y, por consiguiente, de vida animal, a causa de la ausencia de lluvia.

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