Construcción y deconstrucción de un texto, Hugo Zurutuza

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En el seminario "Le trasformazioni del V secolo. L' Italia, i barbari e l'Occidente romano" realizado por la Università degli Studi di Siena en Poggibonsi del 18 al 20 de octubre de 2007, donde tuve la oportunidad de participar, la presencia de Chris Wickahn reafirmó el interés crítico de los historiadores y arqueólogos italianos por el último libro del autor británico, Framing the Early Middle Ages. Europe and the Mediterranean, 400-8001. Especialistas como Stefano Gaspari, Cristina La Rocca, Walter Pohl, Pablo Díaz, entre los principales asistentes al debate, se reunieron en torno a la prestigiosa figura de Andrea Giardina.



La obra de Wickham ha generado un gran impacto en los centros de producción científica. En particular nos ha interesado la repercusión generada en el ámbito historiográfico italiano, evidenciado a través de la revista Storica2, con la autorizada opinión del conocido tardoantiquista mencionado, Andrea Giardina. Un dossier titulado Economia e società nell'alto medioevo europeo. Una discussione su Framing the Early Middle Ages di Chris Wickham condensa opiniones y críticas de diversos especialistas italianos sobre la obra del historiador británico.

En la introducción Sandro Carocci y E. Igor Mineo3 señalan que en las páginas siguientes publicaron un debate abierto sobre el último libro de Chris Wickham, destacando que Storica ha considerado que ésta fuese la modalidad más apropiada para presentar y discutir un libro de espesor conceptual y analítico, fuera de lo común. Se trata de un conjunto de intervenciones en una discusión pública sobre el libro en cuestión, desarrollada en la sede del Istituto Italiano per la Storia Antica el 22 de abril de 2006. El instituto cuyo presidente es Andrea Giardina, intelectual de reconocida trayectoria y compromiso ideológico, es un espectador crítico de la producción de Wickham.



1  WICKHAM C., Framing the Early Middle Ages. Europe and the Mediterranean, 400-800, Oxford 2005,

2  Storica, 34, rivista quadrimestrale, Anno XII, 2006, Dossier: Economia e società nell’alto medioevo europeo. Una discussione su Framing the Early Middle Ages di Chris Wickham, pp.121-172.
3 Storica, op.cit., pp.121-123.


Considerado un objeto precioso e inusual, dialogando, sin formales pruritos historiográficos, con algunos grandes del pasado (Dopsch, Pirenne, Duby) y después de más de veinte años de estudios "preliminares”, Wickham construyó un libro que contiene una propuesta muy meditada sobre la problemática de la formación de la sociedad altomedieval. No se trata de una propuesta totalmente inédita en su merito. Algunas de las ideas, que vertebran su nuevo libro, eran ya conocidas por los estudiosos de la especialidad. Es el caso, por ejemplo de su interpretación de la crisis del estado tardoantiguo, y en particular de su red fiscal y comercial, la insistencia sobre la fragilidad de muchos núcleos aristocráticos en Occidente en los siglos que preceden a la edad carolingia, y el interés sobre la autonomía de la sociedad campesina. También ya era conocido el sentido de su crítica a algunos consolidados modelos interpretativos: la idea de matriz pirenniana de la función del comercio a larga distancia o las representaciones de continuidad plurisecular de las formas institucionales romanas. Pero la selección de montar ex novo un cuadro unitario de las propias y de las otras investigaciones pertinentes ofrece ahora una visión del todo inédita de la "gran transformación" que Wickham propone ubicar entre los años 400 y 800.

Consideran que el imponente estudio de Chris Wickham dedicado a la formación del altomedioevo, toma en cuenta ambas clases de fuentes, históricas y arqueológicas, y concentra su análisis sobre la importancia revestida por el cambio institucional, en relación a dos diversas formas de organización estatal, los estados por él definidos como "fuertes", v.g. el imperio romano, el imperio bizantino y los estados árabes, y los estados "débiles", en sustancia los reinos romano-bárbaros de Italia, Francia, España y Africa4.

El imperio romano primero, el bizantino y los árabes luego construyeron su unidad sobre la base de un sistema de taxación centralizado, que aseguraba el mantenimiento de un ejército asalariado y en el caso del imperio romano y bizantino el aprovisionamiento de la annona y el sostenimiento de la burocracia. El sistema fiscal constituía el recurso económico principal del poder político central, lo volvía autónomo en la confrontación de las aristocracias locales, controlando el ejército y los cuadros administrativos imperiales.

La riqueza derivada por la imposición fiscal posibilitaba al estado garantir la lealtad de las aristocracias, en particular las provinciales, en función del grado de protección que podía ofrecerles.

Como en los precedentes estudios, Wickham también revela que este sistema dejó de funcionar en el siglo V, a causa de la crisis generada por las invasiones bárbaras y la consecuente fragmentación del imperio romano de Occidente. También para el británico las aristocracias provinciales reaccionaron a la crisis del poder imperial cesando de proveer a la recaudación o al pago directo de los impuestos y adaptándose al nuevo sistema político germánico, que no se fundaba sobre dicha tasación.

En el siglo V, y en parte todavía en el VI, en las provincias occidentales ocupadas por los bárbaros se verificó una transformación institucional, un cambio de régimen político determinado por el hecho que los invasores bárbaros tenían una concepción diferente del estado, por lo tanto de un estado fundado en la



4 WICKHAM C., Framing the early Middle Ages, Oxford 2005, p. 56


fiscalidad se pasó a un estado fundado en el patrimonio, de un ejército retribuido, a un ejército prevalentemente instalado.5

Consideran Carocci y Mineo que son dos o tres caracteres muy marcados de este libro que conviene poner inmediatamente en claro, también para ventaja de los lectores menos próximos a los problemas y al lenguaje de los especialistas del tardoantiguo y del altomedioevo.

Uno de estos se refiere al modelo comparativista. Está armado sobre la base de la confrontación de una serie muy rica y diferenciada de cuadros regionales (o subregionales), y de un ejercicio heurístico que resalta las diferencias locales, que vienen desarrolladas sobre la crítica de los viejos modelos comparativos. La complejidad de la operación deriva en primer lugar de la extensión de los confines preseleccionados por Wickham: La "Europa" y el "Mediterráneo" en cuestión no tiene confines totalmente previstos, si no aquellos referidos a la común pertenencia o proximidad al mundo romano que se va descomponiendo. Las regiones efectivamente indagadas provienen tanto sea del Mediterráneo “verdadero y propio” (romano, bizantino, islámico) como de la Europa continental (aún romana, germánica, céltica), Africa (Tunisia, sobre todo Tripolitana y Mauritana), Egipto, Siria y Palestina, Asia menor bizantina, Italia (sobre todo la región centro-septentrional), España, Galia, Renania, Dinamarca, Britania, Irlanda.

Pero la obra de comparación conducida por el historiador inglés es compleja también porque en un cierto sentido, en el interior del libro está la firme intención de entender y explicar un proceso de cambio, heredado por la desestructuración del mundo romano, y del creciente aumento de las diversidades regionales. Wickham nos plantea que "...The problem of exactly why each region developed differently from the relative homogeneity of the Roman empire underlies the image of the post-Roman world as an enormous laboratory experiment, in which a more elaborate urban tradition, say, or a more complex tax system, can be measured against each other, to see what patterns of social development each supported". 6

La elección de tomar en serio tal gigantesca variedad de espacios y trayectorias, y el tentativo y plausible deseo de apadrinarla, presupone una lógica de explicaciones no teleológicas de la mutación y el rechazo fundado de las lógicas de la modernización. También este esfuerzo de periodizar viene apoyado sobre el ritmo de las transformaciones institucionales y sociales vigentes en los diversos contextos regionales, reconociendo al interior mismo de esta diversidad el operar de desarrollos comparables. En contraposición con algunas tendencias historiográficas recientes y con las narraciones que buscan en el pasado matrices vitales del presente y de las imágenes recientes de Europa, este libro pone así en claro la discontinuidad profunda, tanto por los tiempos como por las formas muy diferenciadas.







5  TEDESCO P., Il ritorno dei barbari, en Studi Romani, Anno LIV - NN 1-2, Gennaio, Giugno 2006, pp. 116-135.
6 WICKHAM C. , Framing..., p. 830


El mundo social e institucional del imperio romano termina, en los siglos analizados, mientras el feudalismo, los estados monárquicos y las ciudades económicamente centrales son creaciones sucesivas.

La riqueza de la casuística y la extensión de los límites espaciales hacen, que el libro devenga un punto concreto de encuentro entre cultura historiográfica (o lenguaje disciplinario) para dialogar con antiquística y medievalística, arqueología e historiografía de las fuentes escritas, historia del Occidente latino, bizantinística e islamística. Framing...representa entonces una puesta en discusión, no declarada pero practicada de compartimientos subdisciplinarios sobre los que conviene -coincidiendo con los colegas italianos- detenerse a reflexionar.

El dossier de Storica se instala entonces como una Invitación para discutir entre estudiosos de procedencia diversa y para instalar una lectura diferenciada que valorice un libro complejo como el analizado viva voce.

La intervención de Andrea Giardina, Una discussione con Chris Wickham, destaca que la frecuentación del libro le impuso una lectura muy larga, señalando algunos aspectos sobre la perspectiva de investigación de la antigüedad tardía, resguardando y mirando sobre todo las periodizaciones, la efectividad o eficacia del derecho, el contacto o las relaciones entre lo local y lo global.

El autor italiano recuerda como algunas de las precedentes interpretaciones del pasaje de la antigüedad al medioevo habían legitimado, a los ojos de algunos de sus lectores, la calificación de "continuista". El hecho que un historiador que recorre ampliamente categorías marxistas como "modo de producción", "formación económico-social", "crisis" y "transición", sea considerado un continuista puede ser únicamente por la escasa frecuentación de aquellos lectores del léxico y conceptos por Wickham adoptados. Las críticas del scholar británico al continuismo que caracteriza gran parte de las orientaciones historiográficas actuales son decisivas y bien argumentadas. Insiste sobre todo en la necesidad de distinguir los singulares elementos del sistema total. Los estudiosos que invocan el continuismo, él señala, razonan como si una técnica muraria romano-británica en una morada anglosajona, la posibilidad de acceder a los manuscritos de Ovidio en un monasterio franco, la genealógica longevidad de una familia localmente dominante a los largo de la frontera cristiano-musulmana de España, el implante cuadrado de una ciudad de la Italia carolingia, la disponibilidad de papiro egipcio en occidente, la existencia de un título senatorial romano en la Bizancio del siglo IX y otros elementos similares, fueran, en sí mismos, representativos de una continuidad histórica: si bien, a un cierto nivel verdaderamente lo son, la continuidad que representan es, en todo caso, de un tipo diverso a las otras 7.

Periodizaciones muy amplias de la antigüedad tardía son ingresadas en el uso común, hasta disolver casi la noción de "alto medioevo" . Wickham subraya que gran parte del más fructífero debate internacional está desplegado en el marco ficcional de que nada verdaderamente importante habría cambiado en el mundo posromano. Esta aproximación que parece más o menos legítima en algunos campos -"la cultura intelectual, seguramente la historia religiosa, quizás la práctica política, con mayor dificultad"- pero inaceptable aplicada al campo de la



7 WICKHAM C., Framing..., p. 11.


historia económico-social, a la que principalmente ha sido dedicado su libro, atribuye el predominio de la perspectiva continuista a la influencia de la historiografía británica, y especialmente inglesa, con su marcada insistencia sobre su "continuidad histórica a toda costa", que trata de analizar procesos relevantes de historia antigua, medieval, moderna o contemporánea8.
Una influencia notable tendría la tradición católica, representada sobre todo, según él, por la historiografía francesa, que privilegia la continuidad religiosa desacreditando la fractura político-institucional. Se puede agregar, en general, el enorme ascendente ejercitado por la escuela de los "Annales" y especialmente la obra de Fernand Braudel, que ha valorizado la atención por los procesos de continuidad cultural que atraviesan la cesura de la historia política. La convicción que el pasaje de la antigüedad tardía al medievo ofrezca un ejemplar testimonio de la posibilidad de una base no militar y sólo parcialmente política por la auto-perpetuación, se proyecta en un lenguaje historiográfico común. Wickham subraya justamente como las orientaciones continuistas adquieren un estatuto de paradigma sólo para algunos historiadores. El aporte más notable de este libro a la crítica del continuismo está todavía en la superación de la alternativa entre continuismo y catastrofismo. Wickham demuestra como es posible narrar cinco siglos de historia romana y altomedieval valorando, cuando es necesario, los cambios y los cortes, los procesos que se agotan y aquellos que nacen, sin necesariamente evocar el tema de la catástrofe.

Para Andrea Giardina alguna perplejidad suscita la periodización establecida entre los años 400 y 800 adoptada en este volumen. El libro se concentra sobre el mencionado periodo, bastante amplio para comprender el imperio romano antes de su crisis, y para explorar los cambios que por esa crisis derivan en los tiempos sucesivos. El autor inglés agrega que el término final del 800 es arbitrario, pero le permite no tomar en consideración los efectos de la consolidación de los carolingios y abásidas, que presentan cuestiones nuevas 9. A pesar de esta externalización reductiva, es aceptable el término final mayormente justificado por las argumentaciones del autor. A este cometido son dedicadas algunas de las páginas más ricas del libro, áquellas que resguardan el contacto entre "modo de producción campesino" y "modo de producción feudal" 10, páginas en las que el autor ilustra e interpreta las transformaciones que llevarán en los siglos sucesivos a la afirmación del modo de producción feudal. Más discutible aparece el término inicial del 400, que habría requerido algunas precisiones, en consideración del hecho que los siglos IV y V son considerados en bloque, sea por los estudiosos que ven en los últimos siglos de la historia romana un período autónomo, sea por aquellos que ven en ellos un período de transición.

El autor insiste varias veces sobre la asimetría de los procesos evolutivos, subrayando de tal modo la necesidad de un acercamiento sistemático, y destaca que es el estado el sector que revela el máximo de la discontinuidad, pero él mismo debió subrayar anteriormente que el modo de producción dominante es aquel que mantiene la relación más directa con el estado, es inevitable




8  WICKHAM C. , Framing..., p. 3 9WICKHAM C., Framing..., p. 5

10WICKHAM C., Framing..., p. 535 y ss.


preguntarse entonces sobre qué consecuencias había tenido sobre los modos de producción la cesura de la historia del estado.

Este es un punto particularmente delicado, también en referencia al recorrido cumplido por este autor en los últimos años. En el capítulo 3, sobre la forma del estado (The form of the state), Wickham, discurre, por las implicaciones teóricas de la distinción entre el tipo ideal "estado basado por el impuesto" y el tipo ideal "estado basado sobre la tierra (o sobre la renta)", en relación a algunos de sus precedentes trabajos. Pero sin abandonar las líneas fundamentales de sus anteriores propuestas, él advierte sobre la necesidad de destacar algunos matices. Una revisada periodización, ya que los cambios del siglo V, le parecen ahora, bajo este perfil, menos netos de cuanto le parecían anteriormente. Así es como le parece también menos neta la distinción entre salario para el ejército y tierra para el ejército. También revisa la aplicación del concepto de modo de producción. Sostuvo hace un tiempo que existía una distinción en el complejo de la base económica del sistema social, vista en términos marxistas, entre los sistemas basados sobre el impuesto y los sistemas basados sobre la tierra, que define respectivamente como modo de producción antiguo (o tributario) y modo de producción feudal. Hoy, a continuación de las críticas de Halil Berktay e John Haldon, desearía resignar esa interpretación. Le parece, ahora que entre ambos hay subtipos de un solo modo de producción, porque ambos se basan sobre la extracción, también por la fuerza, del surplus agrícola de la mayoría campesina11.

También había afirmado que el modo de producción feudal era el sistema económico normal en los períodos antiguo y medieval12. Pero, si el modo de producción feudal es un subtipo no puede ser, al mismo tiempo, el sistema "normal" de los períodos mencionados. Se observa que sucesivamente el autor, luego de analizar largamente el modo de producción campesino, habla de un "retorno de la dominancia feudal en Occidente" en edad pos-carolingia13

Las tradicionales periodizaciones de la historia imperial romana eran de orden político-institucional: al Principado se hacía seguir el Dominado (a partir de la edad de Dicleciano y de Constantino) mientras la caída del imperio romano de Occidente señalaba grosso modo el fin del mundo antiguo. La historia bizantina era periodizada en modo diverso pero siempre sobre la base de procesos de este tipo: se refería al 284, año del acceso al trono de Diocleciano, al 324, año de la inauguratio de Constantinopla; al 339, dedicatio de Constantinopla; al 395, muerte de Teodosio el grande y división de las dos partes del imperio; al 565, muerte de Justiniano; al 717, acceso al trono de León III, y así continúa. El inventario, también incompleto, está acomodado por el presupuesto que la historia bizantina fuese una historia en sí, que interfería solo marginalmente con la gran periodización político-institucional de la historia imperial romana. Esta última tenía la ventaja de segmentar y Giardina enfatiza el "dramatizar", un período de la historia antigua comprendiendo alrededor de cinco siglos. Tenía todavía la ventaja de limitarse precisamente a los fenómenos de orden político e institucional. La convicción de que la legislación tardoantigua modelase las relaciones sociales y



11 WICKHAM C., Framing...p.60

12 WICKHAM C., Framing...p.535

13 WICKHAM C., Framing...,p. 570.


dirigiese la economía extendía unas implicaciones más amplias, pero no cancelaba la impresión de que aquella periodización estuviese muy condicionada por considerar algunos aspectos en desmedro de otros. El término "Dominado" , en cuanto afín a campo semántico del despotismo, resultaba más vecino al concepto de "bajo imperio" que al de "tardoantiguo", aquel aparecía como un producto de la idea de decadencia, poco adaptado a representar las nuevas orientaciones de los estudios tardoantiguos que el célebre libro de Peter Brown había conferido una difusión mundial.14

La fase historiográfica que podemos datar a partir de los años setenta coloca al margen las investigaciones de historia política e institucional. Este juicio no analiza obviamente la calidad y la cantidad de los estudios que en estos últimos decenios han sido dedicados a las grandes consolidaciones, a aspectos relevantes como la legislación sobre el colonato o sobre la familia, a las grandes dignitates y a las funciones administrativas de nivel medio y bajo, a las administraciones locales, a la competencia entre organización imperial y organización eclesiástica y a la ideología del poder. En todos estos sectores los progresos han sido consistentes. Y todavía ésta no ha contribuido a acordar, o ha contribuido sólo en mínima parte, a la creación de aquello que podremos definir "el estatuto de la antigüedad tardía" en su formulación más reciente y difundida. El signo evidente de la ubicación marginal de estos ámbitos de la investigación consiste en el modo en que hoy es evaluada la caída del imperio romano: de gran evento por excelencia, de catástrofe paradigmática, la caída del imperio se ha convertido en una suerte de epifenómeno, al que no se atribuye ningún relieve periodizante.15

Los efectos negativos de esta orientación han sido reconocidos muy generosamente por el mismo Peter Brown16, que ha tentado, con notables resultados, nuevos acercamientos al estudio de la historia política tardoantigua. El escenario que se ha impuesto en los últimos decenios no aparece por esto substancialmente cambiado, sea por razones de carácter general, sea porque la posibilidad de elaborar una visión global de la antigüedad tardía, en la cual los procesos político-institucionales tienen un rol relevante, se integra a la difundida confianza en las confrontaciones de la efectividad del derecho. Este último aspecto amerita particular atención también para el entendimiento del método seguido por Wickham. Considerado el fuertísimo interés por él reservado a la perspectiva de historia regional, es natural que las fuentes arqueológicas asuman, en varios puntos nodales de su obra, un relieve preponderante. Pero Wickham es al mismo tiempo, por formación y por necesidad, un estudioso de las fuentes de tradición manuscrita, y analiza lucidamente el problema de la apropiación de las fuentes.

En efecto todo texto narrativo del mundo tardo romano y alto medieval ha sido recientemente analizado (o pronto lo será) como un ejemplo de libre elaboración retórica, a menudo totalmente separado por tendencias, más que por


14 BROWN P., The World of Late Antiquit. From Marcus Aurelius to Muhammad, London 1971 (2da. Ed., London 1997)
15 GIARDINA A., “Explosione di  tardoantico”, in “Studi Storici, 40, 1999

16 BROWN P., “The Word of Late Antiquity Revisited”, en Symbolae Osloenenses, 72, 1997


las tradiciones textuales en que su autor se inscribe, y presentado como una cuestión para comprender la mentalidad y la formación de dicho autor. El observa que este acercamiento trasciende el problema del contexto y de los destinatarios, pero lo considera como preferible al "positivismo de hace una generación". En verdad, este positivismo no es en sí más criticable que la postura opuesta, que confina a las fuentes literarias en el ámbito de la mentalidad y de las representaciones. No se trata de escoger entre una perspectiva más ingenua y mecanicista y una más cauta y sofisticada, ya que entre las opciones en abstracto son igualmente válidas. Por cuanto revisa los documentos de carácter jurídico, el autor distingue los "documentos legales" de las "fuentes normativas". Las primeras, así sean genuinas, "tienen al menos algún valor legal en casi todas nuestras sociedades, como muestran los casos jurídicos"17. Las segundas, en cambio ameritarían ser tratadas como guía a las mentes de los legisladores, mas que como relaciones o informes18 Wickham tiene palabras muy severas en las confrontaciones de la historia social escrita exclusivamente sobre la base de las constituciones legadas en los codices: Leer la historia social escrita exclusivamente a partir de estos codices de leyes es una experiencia deprimente, considera peor el hecho que muchos historiadores, también cuando no hay leyes en que basarse, a menudo buscan inventarse instituciones y normas a partir de las anécdotas dadas por las fuentes narrativas. Un historia de este tipo por un lado perpetúa la ilusión de una naturaleza descriptiva de las leyes, por el otro destaca estas anécdotas por sus contextos locales, las cuales mantienen un significado como eventos19. Es muy cierto, en todo esto, que todavía se tiene la impresión que Wickham había pagado en este caso un tributo demasiado elevado a la nueva ortodoxia dominante.

Mientras en una época las constituciones imperiales eran consideradas un espejo atendible de los fenómenos sociales, hoy está de moda sostener que ellas transmiten la imagen de la sociedad como el poder habría deseado que fuese y no como efectivamente era. Nada garantizaba que las constituciones imperiales fuesen aplicadas, o que fuesen aplicadas de esa manera. El mismo fenómeno de interacción de las leyes, reafirmadas más veces por emperadores diversos o por un mismo emperador, sería un claro signo de impotencia. El tema que más ha padecido de este acercamiento valorativo de las fuentes normativas ha sido sin duda el colonato (pero lo mismo podría decirse de otros aspectos de carácter general, como por ejemplo la normativa sobre la familia)20. Si en las normas sobre el colonato veíamos no ya el reflejo de situaciones concretas y difundidas, pero si una aspiración frustrada del legislador, se puede considerar la posibilidad de individualizar en el colonato una relación de producción específica y significativa de la edad tardoantigua. Este período aparece en cambio caracterizado por una pluralidad de formas coexistentes, como un conjunto desorganizado de varias

17 Cfr. WICKHAM C., Courts and Conflict in Twelfh-century Tuscany, Oxford, 2003
18 Framing…, p. 8

19 MAZZARINO S., Aspetti sociali del quarto secolo. Ricerche di storia tardo-romana, Roma 1951 (ristampa, a cura di E. Lo Cascio, Milano 2002); JONES A.H.M., The Later Roman Empire. A Social, Economic an Administrative Survey, I-III, Oxford, 1964

20 Terre, propietari e contadini dell’Impero romano. Dall’affitto agrario al colonato tardoantico, a cura di E. Lo Cascio, Roma 1997


relaciones. No debe presentarse más como la “época del colonato” pero sí como una época socialmente polícroma, privada de un carácter unificante que no sea aquella misma policromía21 .

Una cuestión más general es la creciente dificultad de conjugar lo "local" y lo "global". Hoy, gracias sobre todo a la arqueología, conocemos mucho mejor que hace unos treinta o cuarenta años la historia del mundo romano entendida como historia de los asentamientos, de los paisajes, de los territorios. Se trata sea de un mejor conocimiento del territorio, de un mejor conocimiento de territorios tradicionalmente poco explorados o por agregado considerados externos a la disciplina clásica: en África, en el Cercano Oriente, y por cuanto revisa en particular el tardoantiguo, en el área balcánica y en Europa del Norte. Pero este mejor conocimiento se asocia a la reivindicación del primado de las historias "regionales", que proyecta una gran fascinación sobre la orientación de la investigación y sobre la interpretación de los datos. La fuerza de esta tendencia está en ser expresión de los progresos de las indagaciones arqueológicas. Su límite está en el hecho que el concepto de "región" -uno de los más discutidos y tormentosos de la cultura moderna- aparece usado en modo empírico y vago, para indicar simplemente una entidad intermedia entre otra más pequeña (un poblado, una ciudad) y una más grande (una provincia, una pars del imperio).

El reclamo a la historia regional asume, respecto a la visión de síntesis, la misma función intimidatoria que a los inicios del siglo pasado asumió la filología, respecto a la teoría. La variedad de las situaciones locales, no está vista como una confianza por la síntesis, como la búsqueda de resultados más elaborados, más complejos. En otras palabras, un fenómeno positivo de la investigación concreta tiende a trasmutarse en la pulverización de la inteligencia histórica, entendida como inteligencia que inevitablemente tiende a la síntesis22. Debemos reconocer que esta orientación, es posible en primera instancia por el crecimiento de las indagaciones arqueológicas.

La crisis de la relación entre local y global puede también configurarse como una crisis de la relación entre investigación empírica y teoría. Es un problema que atraviesa toda la historia de nuestros estudios en el último siglo, y que hoy se presenta en modo nuevo. Sobre este punto opina Giardina 23 que es bueno ser muy preciso. En verdad, las teorías, los modelos, las grandes conceptualizaciones pueblan los territorios de los antiquistas: en la historia política como en la historia social y de la cultura, en la arqueología y en la historia del arte, y todavía más en los estudios de numismática y de demografía histórica. Es posible entonces reencontrar un buen coeficiente de apertura a las ciencias sociales. Pero se trata de una teoría que ha devenido, por decir, una suerte de instrumentación interna a toda simple disciplina. Es una teoría al servicio de la especialidad, también porque está débil en ella el aporte de la economía política y de la filosofía.

Wickham adopta al resguardo un método elástico: sus regiones pueden ser, de vuelta en vuelta, África, Egipto, Siria y Palestina, España, Galia y Francia, y



21 GIARDINA A., “Una discussione con Chris Wickham”, Storica, 34, 2006, p. 131

22 GIARDINA A., “Una discussione con Chris Wickham”, Storica, 34, 2006 p.132

23 GIARDINA A., “Una discussione con Chris Wickham”, Storica, 34, 2006 p. 133


otras entidades comparables, correspondiendo grosso modo a grandes áreas administrativas del imperio romano. Pero pueden ser también área todavía más grandes, por ejemplo el Mediterráneo oriental, o el Norte de Europa, o más pequeñas, como la villa de Afrodita, el interior de Ankara, o la Ile-de-France.

Este método elástico depende, por un lado de una construcción empiríca (la documentación disponible) por otro lado por el simple tema examinado (algunos temas reclaman horizontes espaciales más amplios). El modo en el cual el libro de Wickham se coloca en este cuadro historiográfico es muy sugestivo. Su mayor originalidad está en el intento, largamente buscado de relatar cuatro siglos de historia a través de un diálogo entre lo global y lo local. Confrontando las diferencias, sean espaciales o temporales, en modo comparativo, el autor ha elaborado una historia en la cual el plural comunica constantemente con el singular. El riesgo de pulverizar el relato en mil vueltas y de perder el control de la materia es evitado gracias a la instancia comparativa, que no viene mal a los efectos buscados. El otro nexo unificante esta dado por la teoría, Pero los puntos de unión entre comparación y teoría son innumerables24 .
Para el arqueólogo italiano Sauro Gelichi no es frecuente encontrar en un libro de historia (en lo específico de historia altomedieval), un consistente, y en algunos pasajes predominante, uso de las fuentes arqueológicas. Es cierto, que se trata de una aproximación menos inconsulta en un estudioso inglés, que ha madurado una confianza con una arqueología que hace tiempo ha perdido su connotación de antiquaria, para devenir a todos los efectos en una disciplina histórica25

En la mayoría de los casos, los historiadores no comprenden las fuentes materiales, que miran con suspicacia y de hecho no las usan. Afirma Gelichi que estamos frente a un libro que se propone analizar la variabilidad que deriva de la fragmentación (el verdadero generalizante paradigma que aporta Wickham al alto medioevo.

Paolo Cammarosano sostiene que Framing... se instala como una contribución importante, como una síntesis innovadora respecto de los viejos "paradigmas interpretativos", dentro de un gran y siempre recurrente tema historiográfico, el fin del mundo antiguo, el pasaje del mundo antiguo al medioevo, los conceptos mismos de antigüedad y de medioevo, la crisis de la unidad mediterránea y el origen de Europa. Entonces son importantes las síntesis precedentes de gran aliento, aquellas que han fundado los "paradigmas interpretativos" de los que habla Wickham y en particular de los estudios de Henri Pirenne a los cuales él hace especial e intensa mención a los años veinte y treinta de siglo pasado.

Propone una revisión del pasaje de la antigüedad al medioevo que prescinda de los fenómenos religiosos, artísticos y literarios y orientados sobre la historia social y económica Presupone que este aspecto de la historia era autónomo y fundante respecto de otros fenómenos. Wickham se refiere a estos parámetros y propone un encuadramiento de larga periodización junto con una personal contribución teórica, la idea de "un modo de producción campesino" que



24 GIARDINA A., “Una discussione con Chris Wickham”, Storica, 34, 2006, p. 134

25 GELICHI S. “Una discussione con Chris Wickham”, Storica, 34, 2006, p.134-135


habría caracterizado la larga transición entre antigüedad y medioevo. Sobre esta visión teórica el autor ha conducido por una doble valoración empírica, que constituye el esqueleto de las grandes secciones centrales del volumen, la dedicada a la aristocracia y la dedicada a los campesinos. En lo que se refiere al trabajo campesino, Wickham insiste sobre la fundamental marginación de la esclavitud antigua, sobre la substancial inexistencia de haciendas de plantaciones esclavistas ya antes de iniciarse el medioevo, sobre la distribución de población campesina entre formas de dependencia de tipo servil-patronos y formas de autonomía e independencia completas, también en los casos de una agregación en torno a un núcleo central de grandes propiedades eclesiásticas o aristocráticas. Sobre lo referido la aristocracia, le tesis de fondo del libro es el reconocimiento de una drástica reducción de dimensión y peso de las aristocracias con el fin de la unidad imperial romana.

Para Paolo Delogu las categorías de estado, aristocracia, campesinos, ciudad y cambio son aquí examinados no como aspectos seleccionados de un vasto cuadro histórico, sino presentados como las fuerzas sociales e institucionales cuyo juego combinado ha determinado la transformación del sistema. Por ambos aspectos, no es difícil presagiar que este valioso trabajo constituirá un referente fundamental de los estudios en los años próximos.

La réplica de Wickham lo lleva a relatar su objetivo de elaboración de la obra en cuestión. El autor había decidido escribir este libro al final de los años noventa, en larga medida exasperado por los horizontes restringidos de muchos historiadores y arqueólogos del alto medioevo. En el libro su acercamiento es reiteradamente comparativo. Ha buscado, a través de su obra acercarse y contraponer diversas regiones del mundo tardo y post-romano, en la fase en que, entre el V y el VIII, sus recorridos se van separando, y de explicar tanto las semejanzas como las diferencias.

Afirma que no se trata de un cómputo simple, al sostener que Cammarosano tiene razón cuando nota la dificultad de concretar una verdadera síntesis. En un cierto sentido las diversas regiones, cada una dotada de una propia identidad, sin embargo no son siempre adaptables a los esquemas estructurales que ha delineado.

Por otro lado Giardina parece aprobar el análisis sobre la dominancia y la focalización de las estructuras sociales y económicas, En cambio Cammarosano y también Delogu son más críticos con respecto a la problemática, así como otros recensionistas.

En efecto Wickham no ha concluido del todo los esquemas culturales que ha tratado, Por ejemplo la discusión sobre la militarización de la aristocracia, que no satisface del todo a Delogu, que busca dar espacio a selecciones culturales, en cambio Wickham lo asocia al mutado rol político de los ejércitos más que a las transformaciones étnicas. Sin embargo no considera que el análisis cultural sea menos importante que el socio-económico, simplemente no era este libro el espacio para desarrollarlo26. El mismo planteo cultural sugiere periodizaciones



26 “Es un libro largo, pero es corto cuando se considera que estoy presentando y comparando diez regiones, solo 90 páginas para cada una como promedio, aunque tiene mucha información que se discute con detalle. Por ello he necesitado escoger y concentrar el enfoque. He estudiado sobre


diversas de las que planteó en el libro, focalizadas sobre el dramático proceso de fragmentación económica y política que sigue a la caída del imperio romano, en el siglo V en Occidente y en el VII en Oriente. La continuidad representó sólo un aspecto de la realidad del mundo posromano. Las cesuras importantes y muy evidentes, en las estructuras estatales y fiscales, en la riqueza aristocrática, en la complejidad de los cambios y sobre todo en la compleja uniformidad de desarrollo que había caracterizado el mundo romano del siglo IV, no obstante las considerables diferencias regionales, razón por la cual, algunos caracteres se desean atribuir al ambiente post-romano del año 800, sin embargo "uniforme" no sería el adjetivo apropiado. Estas cesuras constituyen uno de los temas principales de su libro.

Wickham responde al tardoantiquista Andrea Giardina expresando que "...critica la mia dettagliata definizione dei modi di produzione, sostenendo che il modo feudale non può essere, insieme, un sottotipo di uno dei modi di produzione e il sistema economico nel suo insieme. Naturalmente ha ragione, il fato è che, semplicemente, intendevo riferirmi alla riscossione di tributi fiscali e all' esazione della rendita come sottotipi di un unico, dominante, modo feudale (adoperando "dominante" in senso althusseriano, cioè riferendomi al modo di produzione che in una data formazione sociale struttura il contesto economico e politico, anche se altri modi possono essere presenti)27.

Wickham concluye su réplica manifestando que en Italia como es lógico se encuentra en una discusión conducida por italianos y espera que en el terreno de las comparaciones interregionales continúen ejercitándose en todos los países discusiones como la presente, en particular cuando se comparen nuevos datos. Sería significativo también, que sus futuros críticos mostrasen la misma generosidad de sus interlocutores actuales. Lo importantes es que el debate continúe....28

todo los temas más clásicos de la historia económica y social, la fiscalidad, la riqueza de la

aristocracia, la organización de la renta feudal, la sociedad campesina, la estructura de las aldeas,
las ciudades, el comercio. No he estudiado, en cambio, los valores, las creencias, los géneros, la

identidad, las representaciones, la etiqueta aristocrática o campesina, es decir todo el campo de la
historia cultural. Lo habría hecho, pero no he tenido espacio, ni fuerzas para escribir un libro dos

veces más grande. Es también, debo confesarlo, más difícil comparar estos elementos. Espero, sin
embargo que alguien lo intente en el futuro” En: (WICKHAM C. – ASTARITA C.), Conferencia-

Debate “Construyendo la Temprana Edad Media. Europa y el Mediterráneo, 400-800” , En: Actas y
Comunicaciones del Instituto de Historia Antigua y Medieval, vol.2, 2006 (Publicación Electrónica
del Instituto de Historia Antigua y Medieval, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires)
27 WICKHAM Ch , “Replica” en Storica, 34, 2006, p.166

28 “¿Y porqué he escogido este período, que es un período muy alto para un medievalista como yo que de hecho había estudiado más el siglo XII en el decenio precedente al `97, el año en que he comenzado esto? Porque es un período de cambios importantísimos, la sustitución de un entero sistema mundial, el Imperio Romano, por sociedades mucho más localizadas, diferentes al menos en el occidente. Es decir que no he querido en el libro explicar el proceso de cambio, la caída del imperio romano. En vez de esto he querido estudiar las consecuencias del cambio en cada realidad, región por región, la Galia, la Hispania, el África del norte, como también regiones donde este cambio no ha ocurrido, el Egipto, la Siria, la Palestina, el mar Egeo, el corazón del Imperio Romano Oriental al que nosotros llamamos Bizancio, como también en regiones no romanas, Irlanda y Dinamarca como he dicho. Porque esencialmente este libro ha nacido de un profundo


Para concluir coincidimos con el historiador británico sobre la importancia de confrontar los avances de la investigación más reciente en los foros de discusión de la más diversa composición. No solo los eruditos de las disciplinas planteadas sino también con la presencia de todos aquellos interesados por las cuestiones que permiten el abordaje de sociedades complejas que entrañan en sí mismas las raíces de problemáticas que aún hoy nos pueden afectar


  

sentimiento de furia contra los medievalistas, en este caso los automedievalistas que estudian sólo el propio país”. En: WICKHAM C. – ASTARITA C., Conferencia-Debate “Construyendo la Temprana Edad Media. Europa y el Mediterráneo, 400-800” , En: Actas y Comunicaciones del Instituto de Historia Antigua y Medieval, vol.2, 2006 (Publicación Electrónica del Instituto de Historia Antigua y Medieval, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires) 

ISSN 1514-9927 (impreso)

Instituto de Historia Antigua y Medieval

Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires

_______________________________________________________________________

CONSTRUCCIÓN Y DECONSTRUCCIÓN DE UN TEXTO: FRAMING THE EARLY MIDDLE AGES DE CHRIS WICKHAM Hugo Zurutuza

Universidad de Buenos Aires


 http://jossoriohistoria.blogspot.com.es/

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