Paisajes, Gentes, Poderes, Economía del Casentino en la Edad Media



Instituto de Historia Antigua y Medieval

Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires

PAISAJES, GENTES, PODERES, ECONOMÍA DEL CASENTINO EN LOS ÚLTIMOS SIGLOS DE LA EDAD MEDIA *

Giovanni Cherubini
Università degli Studi di Firenze

RESUMEN

En el Casentino, un valle definido claramente por sus características naturales, de monjes y frailes franciscanos, pero ya anteriormente y por siempre territorio de bellísimas pievi románicas, es oportuno añadir el Casentino de los poderes señoriales, los del obispo de Arezzo, sobretodo los de los condes Guidi, cuyos poderes se extendían a Romagna y que habían estado también presentes en el territorio pistoies, junto a los de algunos monasterios o señoríos menores.


También más allá del Casentino religioso, feudal, agrícola, ganadero, caracterizado por los bosques y prados, está el que recogió y nos legó Dante. Él nos dice muchas otras cosas, hasta el punto que se puede colocar al valle en una de las áreas geográficas y humanas más observadas por él y tal vez más amadas, y más agudamente descritas.

Pero quiero hacer también referencia a Dante con otro objetivo y por un hecho menos conocido, la utilización, de parte mía, de un modesto poema anónimo redactado por un monje u oblato camaldulense originario de Bibbiena entre el 1453 y el 1473 sobre la sugestión de las tercerillas dantescas, y con la intención de presentar el valle al lector. Un Casentino que ya no será el Casentino de Dante.


Es difícil, cuando se habla del Casentino, no pensar en un valle definido claramente por sus características naturales1, y al mismo tiempo marcado por una serie de realidades o también de simbologías culturales y por una excelente memoria histórica que a menudo condiciona a los forasteros, pero que marca también de manera indeleble la identidad y el orgullo sumiso, pero no demasiado, de sus habitantes. La corona de montañas que rodea el valle no alcanza alturas particularmente relevantes, y tampoco rugosidades comparables a la Lunigiana y a la misma Garfagnana, pero sin embargo, alcanzan los 1.591 metros en la cima del Pratomagno y los 1.658 en la cima del Monte Falco, cerca del monte Falterona (1654 metros), del que fluye el Arno: un río modesto en comparación con los más grandes de Europa, pero lleno de historia, porque es el río de Florencia y de Pisa, dos de las principales ciudades medievales. Sin embargo, si una cosa distingue al Casentino es la inminencia y la presencia de sus alturas, modestas o más altas, y la extraordinaria calidad de sus bosques, que en la actualidad se han vuelto más extensos, más cuidados y más excepcionales en lo que respecta a los bosques italianos,2 en su conjunto, después de la destrucción en la Edad Moderna, cuando la altura de los ríos en su descenso al llano fue calculada en un par de metros por la acumulación de materiales arrastrados hacia abajo por las aguas que descendían con demasiada fuerza por las laderas excesivamente despojadas por los hombres, y especialmente después del uso masivo y de la destrucción que se produjo durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

En este valle, sin embargo, tuvieron lugar muchos acontecimientos dignos de ser recordados. Del antiguo monacato, quisiera mencionar la Abadía de Santa Trinità en los Alpes, de la cual se pueden visitar las ruinas, no lejos de Castel Focognano, en las altas laderas del Pratomagno, y de la que se han descrito recientemente las propiedades.3 Dos momentos culminantes de la vida religiosa y eclesiástica, naturalmente no sólo casentinesa, que encuentran en el valle recepción y desarrollo. En las impresionantes rocas de La Verna Francisco de Asís vivió con su pequeña comunidad y recibió los estigmas. Al bosque de Camaldoli, un siglo antes que él, fue Romualdo de Rávena y allí fundó su monacato reformado. Si se quiere, del otro lado de la cordillera hacia el Valdarno, vivió y trabajó en Vallombrosa, en las misma época, Giovanni Gualberto, otro reformador, cuya vida monástica, aunque está presente en el valle del Casentino e incluso vinculada institucionalmente a la parte occidental más alta, que pertenece a la diócesis de Fiésole (el resto es de la diócesis de Arezzo, donde el monacato, que nunca ocupó el lugar de los camaldulenses) no puede dejar de mencionarse ni puede ser olvidada la proporción de vallombrosianos con los condes Guidi, de los cuales hablaremos en breve.4

Todas las familias religiosas, aunque no estuvieran motivadas por un mismo espíritu, tenían una relación muy estrecha con el entorno natural y la soledad en la que se fueron a vivir (pero para los franciscanos, como veremos, el problema sólo afecta a la Verna)5. De las relaciones que los vallombrosianos tuvieron con el bosque y de las rentas que supieron obtener se ha hablado también bastante recientemente6.

1 Véase con respecto a esto, el viejo, pero todavía útil libro de G. PONTECORVO, Pratomagno e Appennino Casentinese, Firenze, 1932, publicado por la Accademia dei Georgofili en el cual el Casentino, de acuerdo a lo acontecido con el pasar del tiempo, se expandió en la dirección de Arezzo, llegando a comprender además de las ciudades de Chitignano y de Talla, sobre las que yo escribo en el texto en lo que se refiere al siglo XV, las de Subbiano y de Capolona.

2 Véase, para estas, mi perfil Il bosco in Italia tra il XIII e il XVI secolo, en G.CHERUBINI, Il lavoro, la taverna, la strada. Scorci di Medioevo, Nápoles, 1997, pp 95-114.
3 El ensayo de A. BARLUCCHI, saldrá en breve en los “Annali Aretini”.

4 F. SALVESTRINI, I conti Guidi e il monachesimo vallombrosano en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale. I conti Guidi tra Romagna e Toscana, dirigido por F. Canaccini, Firenze, 2009, pp. 291-315.

5 Para los monjes, véase en general, G. CHERUBINI, Monachesimo e ambiente nel Medievo occidentale en la obra colectiva Religioni e ambiente dirigida por G. Remondi, Camaldoli 1996, pp. 119-125.

6 F. SALVESTRINI, Il patrimonio fondiario del monastero di Vallombrosa fra XIII e XVI secolo: presenza e utilizzazione


En el momento de la donación de Camaldoli, por parte del obispo de Arezzo en 1027, fue definido el límite de este segundo asentamiento religioso: “dal terzo lato vi sono monti selvaggi presso l’incolto giogo dell’Alpe”. Estas palabras hacen pensar a la soledad, al cielo sin límites, a los árboles incontaminados, al ruido de las aguas de los arroyos y al sonido de los pájaros y de los animales. Es así que se habla a menudo de la relación entre los monasterios, las ermitas y el bosque del Casentino, la relación económica y espiritual a la vez, apuntando más o menos ampliamente a la expansión entonces detallada de los abetos y la forzosa retirada de las hayas7. "Tra questi recessi del bosco come sarebbe bello, per degli eremiti, abitare qui!. E come sarebbe agevole trovare quiete da qualsiasi disturbo e frastuono mondano 8.

Pero también para la tradición franciscana muchos hablan de la protección del medio ambiente, o hacen referencia a la relación franciscana de amor por lo creado9, o más concretamente, juzgan la ética ambiental franciscana en relación con el bosque de la Verna. "La relación entre los franciscanos y el bosque raramente, y solo en ciertas ocasiones, dio lugar a “normas”, reglas de buen cultivo para acompañar a las obligaciones religiosas. No encontramos en la vasta tradición franciscana ejemplos de códices forestales, como el camaldulense, y tampoco vastas gestiones de bosques codificados.

El cultivo del bosque nace de la experiencia, las disposiciones están implícitas en una empírica forestal (selvocultivo empírico), pero no por esto poco evolucionado, que parece rechazar la norma para sustituirla con el ejemplo.”Los franciscanos aman el contacto con las personas y con los lugares habitados. Su interés y su respeto por las plantas, ya presente en Francisco, tiene por objeto únicamente utilizarlas para las necesidades más inmediatas y no con fines comerciales. De hecho, precisamente a lo largo de los siglos se preocuparon por el bosque de La Verna, por salvaguardar la renovación natural de los abetos, a veces, con la incorporación a los árboles existentes, de pequeñas plantaciones a través del adelgazamiento de las llanuras que daban sombra y el viraje de los árboles demasiado tupidos. Los árboles más grandes, si el corte no era estrictamente necesario, se dejaban crecer hasta la muerte, de modo tal que a veces superaban los cuatro siglos de vida, al igual que las hayas y los robles.

Esta era, por así decirlo, la estética del bosque monumental, del árbol majestuoso, que inspira el alma y acerca a Dios10.

En ese Casentino de monjes y frailes franciscanos, pero ya anteriormente y por siempre territorio de bellísimas pievi románicas, primera entre todas la de San Pietro di Romena con sus estupendos capiteles -si bien fue reorganizada en longitud por un derrumbe-11, sin embargo es oportuno añadir el Casentino de los poderes señoriales, los del obispo de Arezzo, sobretodo los de los condes Guidi, cuyos poderes se extendían a Romagna y que habían estado también presentes en el territorio pistoiés, por último los de algunos monasterios o señoríos menores.

También hay que tener en cuenta que el Casentino estaba menos aislado del mundo que lo rodeaba de lo que hacen pensar sus montañas, no así sus pievi, que evocan influencias y corrientes artísticas que no pueden ser circunscritas al lugar en el que surgieron. Si hacia Arezzo, el paso estaba siempre abierto, también los pasos que salpicaban sus montañas, raramente cerraban sus caminos por la nieve o las inundaciones. Incluso en el Pratomagno había más de un camino que conducía del territorio de Cetica Valdarno a través del paso de la Vetrice en dirección de Castelfranco, el de Gastra, precedido por un ospedale para la hospitalidad de los viajeros, por último el de Reggello, que conducía a esta última localidad valdarnesa, desde donde se podía


del bosco, en la obra colectiva L’uomo e la foresta.Secc.XIII-XVIII. dirigido por S. Cavaciocchi, Firenze, 1996, pp 1057-1068.
7 G. C. ROMBY, Abbazie, eremi, monasteri e foresta casentinese, en la obra colectiva Religioni e ambiente, op.cit, p.

126-139; S. FRIGERIO, Camaldoli, storia di monaci e di alberi, ivi, p. 140-148.

8 SAN PIER DAMIANO, Vita di San Romualdo, editado por T. Matus, Camaldoli, 1988, p. 18; trad.:“Entre estos retrocesos del bosque- escribe Pier Damiani – qué hermoso sería para los eremitas, vivir aquí!. Y que fácil sería encontrar la calma evitando cualquier molestia o ruido mundano”.

9 V. BATTAGLIOLI, Il rapporto francescano di amore verso il creato, en la obra colectiva Religioni e ambiente, op.cit, p. 151-160.

10 S. BORCH, La foresta della Verna paradigma dell'ética ambientale francescana. En la obra colectiva Religioni e ambiente, op. cit, p. 169-173.

11 Véase una discusión con dibujos e imágenes en A. BATISTONI, I pieveri dell'alto Casentino, Comunità Montana del Casentino, 1992, p. 283-300.


llegar tanto a Florencia como a los otros centros habitados del valle del Arno.

Lleva directamente hacia Fiésole y Florencia, como parece, el camino de las antiguas pievi que desde Strumi conducían hasta Castel San Niccolò después de haber atravesado el Solano, se llegaba a Pagliericcio y de allí a Montemignaio, llegando, pero sin que de esto se tenga la certeza, hasta el paso de Croce Vecchia (2001 metros). Desde allí el camino posiblemente descendía hacia el lado opuesto tocando San Miniato in Alpe y Pelago, pasando luego por la Sieve a Ponte a Vico y llegando hasta las ciudades de Fiésole y de Florencia manteniéndose a la derecha del rio12. Basta pensar, más en general, que las montañas, en la Toscana o en la Romagna y en las Marcas de aquellos siglos, no tenían caminos demasiado diferentes, en esencia, excepto quizás en la frecuencia de los puentes, de los caminos de mulas del Casentino.

De aquellos caminos podemos decir que las pievi nacieron sobre aquellas de ascendencia romana, y que más de una estaba en los cruces que conducían también a las Marcas o hacia la Romagna. Podemos añadir que tal vez el más importante fue, en el periodo que nos ocupa, la vía "Romea" que en dirección norte-sur de Bagno di Romagna llegaba al cruce apenínico de Serra, descendía a la derecha del Corsalone, alcanzaba Campi debajo de Bibbiena y de allí se dirigía hacia Arezzo. El caballo y la mula, además de las propias piernas, constituían en aquel tiempo lejano los instrumentos habituales de los viajeros. Con respecto a esto, podemos precisar, que en 1277 un cura, probablemente a caballo, empleó, en los largos días de mayo, no más de tres días para llegar a Galeata de Arezzo. Llegó, posiblemente a Arezzo en las primeras horas de la mañana, el miércoles 19 y le entregó al arcipreste de Galeata, el viernes 21, quizás a última hora de la tarde, una carta, que le había sido encargada por el obispo aretino. El había recorrido en tres días unos sesenta kilómetros en línea recta, pero muchos más en kilómetros reales en un territorio esencialmente montañoso.13

En el momento de la batalla de Campaldino, en 1289, a cuya memoria, como explicaré en breve, el Casentino está particularmente unido, los castillos, es decir, los pueblos fortificados del valle y todos aún en manos de los señores, eran alrededor de treinta o quizás un poco más, lo que constituye un ángulo excepcional respecto al lindante y extenso territorio florentino, en el cual los poderes señoriales habían sido casi en su totalidad anulados a favor del poder de la ciudad y, en segundo lugar, de las comunidades de las poblaciones locales. La debilidad de estas señorías de los Guidi estaba representada por el hecho, que esta familia condal, permaneció siempre fiel a sí misma y a las propias costumbres, no logrando nunca, a diferencia de otras de la Italia de esos siglos, insertarse de alguna manera, en las luchas de poder de las ciudades, incluso, dando a las ciudades, sobretodo a Florencia, la posibilidad de aprovecharse de sus crecientes divisiones familiares14.

Como sucede por ejemplo entre mediados del siglo XIV y el 1440 (último episodio de esta historia fue la expulsión del conde Francesco de Poppi) Florencia logró expulsarlos poco a poco de sus tierras y, penetrar también en la limítrofe Romagna.

Respecto del poder de los Guidi en el Casentino, así como todo lo que se refiere a los derechos de los mismos, las investigaciones son numerosas y suficientes para darnos datos seguros y clarificadores, que nos llevan desde las partes más altas de la montaña hasta los castillos más conspicuos de las bajas sierras o de las llanuras, a veces con cuadros generales, siempre útiles, aunque trasciendan el Casentino15, pero otras veces con investigaciones más

12 M. PORCINAI, Cetica. Storia, vicende e popolazione di una comunità rurale di Pratomagno, Stia, 2006, p. 231-244. 13 G. CHERUBINI, Il Casentino ai tempi della bataglia de Campaldino en Id, Fra Tevere, Arno e Appennino. Valli, comunità, signori, Firenze, 1992, p. 22.

14 Para todo lo expuesto arriba y para otras cosas que afronto a continuación, véase G. CHERUBINI, Il Casentino ai tempi della battaglia di Campaldino op.cit., pp. 15-37; de la bibliografía anterior recuerdo especialmente el vasto y brillante ensayo de E. SESTAN, I conti Guidi e il Casentino, en Id., Italia medievale, Napoli, 1966 (en realidad, 1967) pp. 356-378.

15 R. RINALDI, Esplorare le origini. Note sulla nascita e l'affermazione della stirpe comitale, en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale, cit, pp. 19-46; N. RAUTY, Fonti documentarie e narrative per la storia dei conti Guidi in Toscana, ibid. 61-69; A.; M.E.CORTESE L'incastellamento nel territorio di Arezzo (secoli X-XII), en la obra colectiva Castilli, Storia e archeologia del potere nella Toscana medievale, vol.I, curado por R.Francovich y M. Ginatempo, Florencia, 2000, pp.67-109; Id., Una potenza in ascesa. Formazione, geografia e struttura dei domini guidinghi in territorio fiorentino (secoli X-XIII), en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale, cit:, pp. 245-266; P. PIRILLO, La signoria dei conti Guidi tra dinamiche di lignaggio e poteri territoriali, ivi, pp. 267-290; S.M, COLLAVINI, Le basi economiche e materiali della signoria guidinga (1075 ca-1230 ca), ivi, pp. 315-348.


específicas. De hecho, se ha investigado y escrito sobre las señorías y sobre los castillos abandonados del Pratomagno, y se tiene la intención de profundizar aprovechando las nuevas técnicas de la arqueología16. Han sido descritas las señorías de Raggiolo17, las del conde Ruggero de Dovadola en Castel Castagnaio y Pratovecchio en 133218, la importantísima señoría de Poppi, hasta su caída bajo el dominio de Florencia en 144019.

Algo ha sido dicho sobre la señoría de Porciano, bajo el dominio de Florencia, que pasó directamente bajo el poder de la ciudad poco después de la caída de Poppi20, alguna otra cosa sobre aquella de Partina desde el momento en el que ésta perteneció al ramo de los Guidi de Romena hasta cuando, después de la caída de Arezzo y de su condado bajo Florencia (1384), esa confluyó bajo la dominación de esta última ciudad21.

No faltaron trabajos sobre otras señorías, empezando por las camaldulenses en el castillo de Soci, antes que éste, hacia fines del siglo XIII, pasara al dominio de los Guidi22, y sobre el de Moggiona en 1382, cuando los monjes decidieron ponerla bajo el vasallaje de Florencia23. Cabe señalar algún trabajo interesante, como aquel dedicado a Montemignaio, a su territorio, a la vida colectiva, e inevitablemente interesado también en los poderes locales de los Guidi24. Pero en el contexto de este generalizado avance florentino, no podemos tampoco, olvidarnos de añadir, a lo que ya dijimos la suerte que entre el 1380 y el 1442 sufrieron los bosques de los condes Guidi de Modigliana y los condes Guidi de Battifolle en la cima del Apenino, aún, más precisamente hasta el fondo de las laderas que se extendían del lado romañolo. La ciudad de Florencia, que se apoderó de éste, hizo el bosque de la Opera del Duomo, valorizando sobretodo el área de campigna. Logró modificar también los derechos sobre el suelo, excluyendo de una parte de sus bosques los tradicionales derechos de uso de las poblaciones, pero dejándolos subsistir en otros lugares. Una operación que no se desarrolló en un día, sino que perduró hasta la Edad Moderna25.

Remarco especialmente el castillo de Pratovecchio para reseñar brevemente el conjunto de derechos de los señores a fines del 1332. Debo señalar, sin embargo que no figuran expresamente, porque eran considerados evidentemente obvios, pero surgen en todo el documento de manera indirecta, los poderes políticos del conde. Recordemos, con respecto a esto, un documento más o menos contemporáneo, exactamente del 1319, en el cual 121 hombres del castillo de Raggiolo juraron fidelidad a su señor, Guido Novello del Guidi, que pertenecía a una rama diferente del conde señor de Pratovecchio.

El documento, al que remito para una descripción más completa, da una idea bastante precisa de los derechos de los señores en el ámbito fundamental de la justicia y de la guerra; de la relación existente entre tenimentum, fidelitas, residencia en el castillo, censos y servicios; las rentas que los señores obtenían por las tierras otorgadas, por la superficie de las casas, por la


16 Fortuna e declino di una società feudale valdarnese. Il Poggio della Regina, dirigido por G. Vannini, Firenze, 2002; Rocca Ricciarda, dai Guidi ai Ricasoli. Storia e archeologia di un “castrum” medievale nel Pratomagno aretino, Florencia, 2009; G. VANNINI, C. MOLDUCCI, I castelli dei Guidi tra Romagna e Toscana: casi di Modigliana e Romena. Un progetto di archeologia territoriale, en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale, cit., pp.177-210; R.BARGIACCHI, I castelli dei conti Guidi in Casentino. Storia di un contesto archeologico, cit., pp.211-244.

17 M. BICCHIERAI, Il castello di Raggiolo e i conti Guidi. Signoria e società sulla montagna casentinese del Trecento, Arezzo, 1994.

18 G. CHERUBINI, La signoria del conte Ruggero di Dovadola nel 1332, en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale, cit., pp.407-444 (en las pag. 434-444 está publicado el inventario relativo al castillo de Pratovecchio, que luego utilizaré en detalle).
19
M. BICCHIERAI, Ai confini della Repubblica di Firenze.  Poppi dalla signoria dei conti Guidi al vicariato del
Casentino (1360-1480), Firenze, 2005.
20
G. CHERUBINI, Il castello di Porciano e i conti Guidi, en Id., Fra Tevere, Arno e Appennino, cit, pp. 119-124.
21
G. CHERUBINI, Partina dalla signoria dei Guidi al dominio di Firenze, en la obra colectiva Profilo storico di Partina,
Partina, 1993, pp 33-44; Id. Il Casentino. ai tempi della battaglia  di Campaldino, cit., pp. 29-30.
22
Ivi, pp. 33-35; Id., Il castello di Soci nell'età dei castelli, en la obra colectiva Millenario  storico di Soci, Bibbiena,
2002, pp. 14-21.
23
G. CHERUBINI, Una comunità rurale della montagna casentinese ed il su statuto: Moggiona, 1382, en Id., Fra
Tevere,Arno e Appennino, cit., pp. 141-153.
24
M. CASTELLANI, "Gli uomini delle foglie lunghe”. Montemignaio dal  Medieovo all'epoca moderna,  Montemignaio
, 2008.
25
A. GABBRIELLI, Le foreste Casentinesi nella selvicoltu toscana, en la obra colectiva L'uomo e la foresta, cit., pp.

627-633.


administración de la justicia, por los dacios y colectas26
Sin embargo, puedo añadir, para evitar dudas, que ni siquiera en las tierras de los Guidi el mundo permaneció inmóvil. No solamente surgieron pequeños grupos de burguesía local, que Florencia en especial, de acuerdo a una técnica habitual y consolidada, trató de atraer de su lado y que de todos modos se hicieron a veces florentinos. En las mismas relaciones con sus hombres, con sus comunidades, con los mismos Guidi, sin duda impulsados por las tendencias profundas de la sociedad, aceptaron modificaciones, acuerdos que aumentaban a la vez las condiciones jurídicas de las personas y valorizaban la participación de los hombres organizados en la vida local.

Volviendo al inventario del conde Ruggero di Dovadola27, podemos observar que, en todos los edificios pertenecientes al conde difunto, se registran en su interior bienes y trastos, muebles, sin que se indique el valor de los mismos. Sigue una sumaria descripción del girone sive casarum de Pratovecchio. Se indican, luego, los límites del distrito o curia del castillo, constituidos por el Arno, más allá del cual, si bien no se especifica, empezaba el territorio del castillo de Porciano, del distrito de Lierna y Ragginopoli, del distrito de Poppi, es decir de territorios que pertenecían a ramas diferentes de los Guidi.

También deja claro que el territorio de Pratovecchio comprendía siete "pueblos" o "ville", es decir, las parroquias reunidas en un pueblo no fortificado, expandido de otra manera o concentrado.

Estos ”pueblos” eran San Biagio di Ama, Sant’Angelo di Poppiena Sant'Angelo, San Cristoforo di Mandrioli, San Donato, San Giusto y Gricciano, Santa Croce di Sprugnano, San Clemente del Ponte. De cada uno de los pueblos el conde obtenía cuatro entradas diferentes de las rentas perpetuas de trigo, rentas perpetuas en dinero de un campesino por la “podesteria”, de las contribuciones en nombre de pensión, que consistían en dinero, panes, pollos, huevos, libras de pimienta, espaldilla de cerdo o cuartos de cerdo cortados verticalmente, salados y llamados “lataresse”. Al conde no le faltaba naturalmente el derecho sobre el molino. Ruggero tenía en Pratovecchio solamente uno, pero definido “mulino e gualchiera28”, porque en su interior contenía, más de una muela o varias muelas para el trigo, para los cereales y quizás para las castañas, también un batán para el batanado de las telas, como se necesitaba en un castillo y en un territorio de la importancia de Pratovecchio.

El conde lo concedía en alquiler por breve tiempo, por 32 moyos de trigo al año, es decir por la cantidad no despreciable de 768 fanegas.

Otras propiedades libres de licencias (concesiones perpetuas), que podríamos definir absolutas, eran un huerto cerca del molino, viñedos en el territorio del castillo y otro viñedo probablemente más grande con casa, “canales”, es decir prensas para exprimir la uva y tres “tinacci” en su interior. Agrego una casa ubicada en Pratovecchio, en el Cerreto, y otra en el Borgo Nuovo, que fueron identificadas como pertenecientes a dos propietarios diferentes, que bien pudieron haber sido parte de los bienes que en el inventario están indicados en una lista de poderia y de tierras devoluta a la curia de los hijos de Ruggero, es decir de bienes dados in perpetum pero ahora devueltos, por razones que no son conocidas, pero tal vez múltiples, la libre propiedad del dominus (las dos casas aparecen justo al final de la lista). Se trata de tierras, a veces definidas aratorie, laboratorie, buscate, castaneate. En la descripción de los bienes del conde Ruggero, tal vez porque la viuda no poseía una documentación adecuada , o quizás porque estaban registrados aparte , no figuran, salvo raras excepciones, animales, sobre todo de pastoreo, quizás en parte dadas en aparcería, o también de establo, pero sabemos que al menos en la primera mitad del Duecento, como también más tarde, los Guidi disponían de numerosas ovejas y las mandaban al pastoreo a la Maremma, en el arco de la trashumancia estacional (recuerdo las 4600 entre ovejas y cabras que uno de los hijos de los Gualdrada dejó, en 1239, a sus descendientes, y los 500 florines de oro que dos condes del ramo de Modigliana habrían pagado en 1309 en Maremma por el pastoreo de su ganado)29.

26 G. CHERUBINI, Il Casentino ai tempi della battaglia di Campaldino, cit., pp. 20,30-31.

27 Sobre su edición basta ver la anterior nota 18.
28 molino y batán

29 G. CHERUBINI, Paesaggio agrario, insediamenti e attività silvo-pastorali sulla montagna tosco-romagnola alla fine del Medioevo, en Id., Fra Tevere, Arno e Appennino, cit., p. 48.


Pero tal vez llegó el momento de dar de este Casentino religioso, feudal, agrícola, ganadero, caracterizado por los bosques y prados, las características que recogió y nos legó Dante30. Ėl luchó y recordó su presencia en la batalla de Campaldino entre "feditori" es decir, entre los caballeros de la primera línea del ejército florentino y güelfo. La emoción que sintió se sedimentó en la memoria del poeta, que regresó luego al valle, huésped de los Guidi, y quizás más específicamente del conde Guido Salvatico de Dovadola en Pratovecchio31, una serie de imágenes, de sensaciones y recuerdos: el Arno l’ "Archian rubesto" nacido por encima de la Ermita de Camaldoli Camaldoli y San Romualdo, el “crudo sasso della Verna” y toda la historia que se vinculaba a estos nombres.

Y luego Buonconte de Montefeltro, herido y fugitivo, que cae donde l’Archiano converge en el río mayor, que por la llena repentina se lleva el cuerpo, que no tendrá más sepultura. Dante nos ofrece del temporal estival y repentino que cerró la tragedia de la batalla una descripción estupenda que muestra cuanto él sabía captar en su conjunto la naturaleza y la sensaciones humanas.

Pero sobre el Casentino él nos dice muchas otras cosas, hasta el punto que se puede colocar al valle en una de las áreas geográficas y humanas más observadas por él y tal vez más amadas, y más agudamente descritas.

¿Quién no recuerda al campesino que trabajando en el Falterona encuentra monedas que habían quedado allí, quizás escondidas desde hacía siglos? ¿Quién no recuerda que hablando del maldito y desventurado foso, es decir del curso del Arno, antes de doblar hacia a la ciudad de Arezzo, habitada por perros ringhiosi más allá de la fuerza de la que disponen, antes de hacerles encontrar a los lobos florentinos y a los zorros pisanos, nos comunica que en la primera parte de su curso se encuentran a los lados los “brutti porci più degni di galle che d’altro cibo fatto in uman uso”, no identificables probablemente con los condes de Porciano como piensan algunos, sino más bien con aquellos montañeses con los que el poeta se encontró en el Casentino, primitivos, rústicos, como pensaban de los montañeses, los ciudadanos de aquel tiempo lejano32.Y cómo olvidar incluso a los condes de Romena, falsificadores del florín de oro, y su maestro Adamo, capturado y llevado al cadalso por los florentinos?

Una serie de episodios y de recuerdos dantescos que el casentinés con un nivel medio de cultura conoce y a su vez transmite, refiriéndose a una colección de cuentos como la de Emma Perodi33. Pero aquí, quiero hacer también referencia a Dante con otro objetivo y por un hecho menos conocido, la utilización, de parte mía, de un modesto poema anónimo redactado por un monje u oblato camaldulense originario de Bibbiena entre el 1453 y el 1473 sobre la sugestión de las tercerillas dantescas, y con la intención de presentar el valle al lector34. El Casentino descrito


30 R. MIGRLIRINI-FISSI, Dante e il Casentino, en la obra colectiva Dante e le città dell'esilio, Atti del Convegno internazionale, editado por G. Pino, Ravenna, 1989, pp. 115-146.

31 Véase M. ORLANDI, Una Valle Dantesca. Il Casentino nella vita e nelle opere di Dante Alighieri, Scandicci (Fi), 2002, pp. 54 y siguientes. El volumen, impulsado por un fuerte amor tanto por Dante como por el Casentino se revela útil para el lector por otros aspectos.

32 Fue, por supuesto, una representación particular reservada a la gente de montaña en el contexto más general de la sátira anticampesina. Hice referencia más de una vez tanto a una como a otra y para ello véase Le campagne italiane dall' XI al XV secolo, en G. CHERUBINI, L'Italia rurale del basso Medioevo, cit., pp. 120-138, y el ensayo Il montanaro nella novellistica, en la obra colectiva Homo appenninicus. Donne e uomini delle montagne, curado por R.Zagnoni, “Storia e ricerca sul campo fra Emilia e Toscana”, Gruppo di studi Alta Valle del Reno, Società pistoiese di Storia Patria, Pistoia, 2008, pp. 7-15.

33 Con respecto a este aspecto, véase el volumen Casentino in Fabula. Cent'anni di fiabe fantastiche (1893-1993). Le novelle della nonna de Emma Perodi, dirigido por V. Agostini Ouafi, Firenze, 2000. Personalmente, presenté, en este volumen, el Casentino de la Perodi en relación a la realidad y su fantasía, que no negaba en absoluto el impacto del libro en los lectores- casentineses en primer lugar- sino que más bien lo exaltaba (G. CHERUBINI, Il Medioevo della fantasia e il Medievo della realtà , ivi. pp. 135-150).

34 Del poema, y del códice en el que está inserto, dio noticias más de treinta años atrás E. PASQUINI, Un ignoto manoscitto quattrocentesco dell'Appenninno tosco-romagnolo, en la obra colectiva Studi filologici, letterari e storici in memoria di G. Favati, Padua, 1977, pp. 477-491. Luego lo publicó R. GREGGI, Attraverso il Casentino. Una guida in versi del Quattrocento, en la obra colectiva La Val di Bagno. Contributi per una storia, Bagno di Romagna, 1995, pp 131-167. Utilicé el poema anteriormente, en la forma de interpretación de una precoz descripción del Casentino (Il Casentino in una descrizione poetica a più un secolo della morte di Dante), en la presentación del volumen de U. CIPRIANI, Ivi è Romena. Dante in Casentino (1289, 1302-1313), Stia, 2008, pp 11-20. Lo utilizó una vez más, con alguna consideración, pero en forma un poco más sintética. Advierto también que a R. GREGGI, Attraverso il


por nuestro modesto poeta ya no era el Casentino de Dante. No sonaban más las trompas de los Guidi. No cabalgaban sus hombres. Alguno de los castillos estaba ya en ruinas. Pero muchos –y Poppi entre otros- estaban aún en pie o al menos daban la impresión de estarlo. El Casentino estaba cambiado, al menos un poco, también por otras cosas. Pero lo que el anónimo nos presenta es sin embargo la tierra que Dante conoció, donde Dante fue hospedado, donde combatió la gran batalla de1289 entre los caballeros de primera línea de su ciudad. Las montañas, los paisajes, el clima, también en sus repentinos cambios, los cursos de agua como el Arno o el Archiano, que él conoció, algunos al menos de los lugares santos que visitó eran muy reconocibles, la gente rústica de los más áridos y remotos valles que vio, eran esencialmente aún los mismos que él había encontrado”35.

De esta manera dirijámonos con confianza a nuestro modesto poeta y sigámoslo a través de sus tres libros, o capítulos, en sus descripciones.

El primero habla, uno por uno, de los “molti luoghi santi” del Casentino y basta precisar que a aquellos ya mencionados y repetidos el monje añade los lugares específicamente objeto de la devoción de los valligiani. Se trata de la Abadía de Pietrafitta camaldulense, que se encontraba en un lugar “alpestro”, de la ermita de Camenza, no muy lejos de Bibbiena, del convento franciscano de Certomondo, fundado por los condes Guidi Simone y Guido Novello en 1262 en la llanura enfrente de Poppi36, del oratorio de Santa Maria delle Grazie, no lejos de Stia, que era en ese entonces factoría del Ospedale florentino de Santa Maria Nuova y donde vivía nuestro anónimo poeta. Es interesante también lo que él nos cuenta, como buen bibbienés, del oratorio de Santa Maria del Sasso, a poca distancia de la ciudad (centro habitado), con una fama que no tenía más de un siglo de antigüedad, allí la Virgen se le apareció a una niña en el año 1347. Ėl habla de los milagros que ocurrieron más tarde en ese lugar, cuya fama se extendió hasta Florencia. De su observación no se escapa tampoco una veneración casentinesa aún más antigua, aquella de la

ermita de Avellaneta y del beato Torello que allí vivió y liberó la zona del peligro de un terrible lobo37.

Pero mucho más interesante que el primer libro es lo que nos dice en el segundo, donde habla de los lugares habitados y de quienes los habitan. Se habla del valle como de “un vagho”, “gioiello” de bellezas. Después se evoca el oscuro bosque de Camaldoli y se hace referencia a la abundancia de pesca en el Arno y en los otros cursos de agua, así como de la abundancia de carne de caza. La población se compone de varios castillos y villas, es decir de centros habitados rodeados de murallas y de villorrios abiertos. Entre estos lugares habitados, el autor, de manera un poco chauvinista dada su procedencia, pero con cierta lógica, declara sin duda que Bibbiena era el más bello, es decir la “flor “del Casentino.

En esa belleza competían la abundancia del pan y del vino, la presencia de mujeres honestas, fueran estas viudas, solteras o casadas, la vivacidad y la riqueza del mercado del viernes, que tenía casi el tamaño de una feria. Los campesinos obtenían gran cantidad de liebres, ciervos y otros animales salvajes. Había abundancia de maíz y trigo, frutas, legumbres, castañas, pollos, queso, pescado de los arroyos cercanos. En el pueblo había iglesias adornadas, hospitales, oratorios. Para corregir los errores de los habitantes, los predicadores a menudo hacían sentir su voz. Otras fuentes, en primer lugar documentales, confirman esta vivacidad del centro habitado. Cuando la descubrí y la utilicé por primera vez, muchos años atrás, me pareció, en este sentido, particularmente significativa la tienda de un comerciante (boteja di uno especial) de aquel gran castillo en 1337. El área de su clientela comprendía, además de Bibbiena naturalmente, algunos pueblos vecinos de Marina, Ferrusola, Fuercita, el importante castillo de Gresca, pero llegaba aún más lejos también a Serra valle, Lantano, Valenciano, Giona, Montalone, Corezzo, Valsavignone. El interior de esta tienda tenía, bolsos de cuero y de seda,

Casentino, cit.,pp. 133-34, debo también las no numerosas noticias biográficas del autor.
35G. CHERUBINI, Il Casentino in una descrizione poetica, cit., pp. 19-20.

36   P. FRESCHI, A.D. MCCLXII. La committenza di Simone e Guido Novello nella fondazione del convento francescano di Certomondo, en la obra colectiva La lunga stirpe comitale, cit., pp. 365-380.

37   Véase la descripción realizada por un experto como M. BICCHIERAI, sobre la base de la Vita, convenientemente traducida, de san Torello, en San Torello da Poppi, dirigida por LGG Ricci, Firenze 2003, pp. 07-27 (para el lobo p.

26).Traté ampliamente el tema hace varios años, sobre lo que era un verdadero peligro, especialmente para los niños y las mujeres y no solamente para los rebaños, en mi escrito Lupo e mondo rurale, en G. CHERUBINI, L'Italia rurale del basso Medioevo, Roma-Bari, 1962, pp. 195-214.


sombreros de fieltro, sombreros negros forrados, gorros de varios colores, cinturones, correas, pedazos de tela de varios tipos, cintas, hilo, peines de madera, de hueso y de boj, botones, hebillitas, espejos, candelas de cera, candelabros, leznas, jofainas de madera, correas para abatanar la lana, bancos y ballestas, azúcar blanco y azúcar rosado, nuez moscada, clavo de olor, pimienta, comino, peladillas, almendras, pasa de uva, mostarda38, incienso, trementina, albayalde, bórax, alumbre y otras cosas aun39.

Tras la descripción de Bibbiena no podía faltar la de Poppi, y hasta se podría discutir si entonces esta secuencia era tan fácil de aceptar, algo de lo cual se podría también dudar sobretodo después del volumen bien documentado que Marco Bicchierai dedicó a este segundo gran castillo hasta el final, la recordada Señoría del conde Francesco y a la creación de la Vicaría del Casentino decidida por Florencia40.

Por otra parte, sabemos, que no faltaban pedidos de instrucción y presencia de prestamistas de oficios si en 1340 encontramos un tal “magister Ugolinus, filius Petri de Bononia, aquí tenebat scolas Puppi" y si a principios del siglo XV los condes habían acogido un banco de usureros judíos, al que recurrían también los habitantes de las tierras cercanas que ya dependían de Florencia. En el momento de la conquista, en 1440, los florentinos se mostraron dispuestos a estipular con el judío que vivía en el castillo de Poppi “col suo banco dell’usure e colla sua famiglia” nuevos capítulos para ejercer el préstamo41.

Quién estudió con paciencia y agudeza ese gran castillo nos describe, con lujo de detalles, el tejido urbano, la calle principal poblada de tiendas y flanqueada por arcadas y todos los lugares existentes dentro de la muralla. Nos habla también de las laderas que descendían desde la ciudad casi totalmente cubiertas de viñedos, así como de los terrenos más lejanos más allá del puente sobre el Arno.

Del núcleo de la aldea (centro habitado) llamado "ponte a Poppi" formaban parte el molino, un batán, un aserradero, el cadalso, unas pocas casas. Los talleres artesanales al servicio de los consumos primarios locales trabajaban el hierro, el cuero (especialmente bastos y sillas de montar), el calzado, la madera (barriles, cubas, equipos para la agricultura, muebles), tejían y confeccionaban ropa y vestidos de uso local, utilizando la lana de los rebaños trashumantes. Hay noticias de algún raro lanero, así como también de algún tejedor de paños de lino. Grandes grupos de artesanos eran los genéricos herreros, que podemos acercar a los espaderos y cuchilleros, los curtidores y los zapateros.

La demanda de estos productos no debía limitarse sólo al área local. Por último, hay algunos maestros de la piedra y de la madera especializados en la construcción, así como algún posadero, algún médico y sobretodo muchos notarios. En los talleres trabajaban también aprendices y trabajadores. Están también documentadas las actividades de algún barbero y de comerciantes que operaban en el sector alimentario (carniceros, especieros, panaderos más o menos especializados, vineros), o en tejidos y objetos varios. Pero en el castillo estaban también los hombres del conde, o sea sus “familiaris”, es decir el cocinero, el cetrero, algunos sirvientes de confianza que se encargaban de los caballos, lo que podríamos definir “camerieri”, y además dos o tres hombres armados, en algunos casos indicados específicamente como “donzelli” que escoltaban siempre al señor. Algunos de estos sirvientes habían establecido con él un vínculo de confianza que permitía, por un lado, a alguno de ellos ocuparse de varias funciones, y permitía también, por otro lado, seguir en el servicio de una generación a otra de condes.

En Poppi son bastante numerosos también los extranjeros, en un porcentaje poco inferior al 10 de la población y entre estos nos referimos no a aquellos que venían de Bibbiena, Romena o Pratovecchio, sino más bien a aquellos que venían de Florencia y de su condado (especialmente de Valdarno), de Arezzo, de Siena, de Prato, de Pisa, de Pistoia, de Cortona, de

38 Mostaza o en el caso de la mostarda a la italiana se trata de fruta confitada

39 G. CHERUBINI, Una comunità dell'Appennino dal XIII al XV secolo. Montecoronaro dalla signoria dell'abbazia del Trivio al dominio di Firenze, Firenze, 1972, pp. 71-72.

40 M. BICCHIERAI, Ai confini della Repubblica di Firenze. Poppi dalla signoria dei conti Guidi al vivariato del Casentin, citp,. El volumen fue resumido en cierto modo por el mismo Bicchierai en su ensayo: Poppi: l'ultima signoria, en la obra colectiva La lunga storia di una stirpe comitale, cit., pp. 381-405. Y digo “en cierto modo” porque el ensayo destaca en primer lugar, los aspectos políticos, renunciando un poco inevitablemente, a reproducir toda la trastienda económica y social presente en el volumen.
41 G. CHERUBINI, Paesaggi, agriario, insediamenti e attività silvo-pastorale, cit., p. 61.


Borgo Sansepolcro, de Val di Nievole, de Romaña, de Lombardía, de las Marcas, de Génova, de Venecia y de Ragusa, de Inglaterra, de Bélgica, de Alemania, de Provence, de Cataluña42. El hermoso edificio de los Guidi que coronaba el centro habitado se evoca en el ya mencionado poema anónimo con la imagen del "falcone" perdido, “con afanno" por el conde Francesco, que pasó a Florencia con la derrota de 1440. Y también Poppi, con "suo girone di belle mura”, bien provista de “nobili donne”, elegantes y bellas y tan “gratiose” que parecían estar siempre enamoradas, no era diferente a Bibibena, era una tierra rica (el poeta se refiere a la carne y al vino) de la cual todo el Casentino se alimentaba, pero los habitantes tenían virtudes y defectos, quizás aquellos más que estos eran hombres prudentes y amigos de los forasteros, como acabamos de ver, pero también divididos entre ellos y poco amantes de los vecinos (se podría captar en esto un eco de las peleas o riñas de aldea (“villa”), de las rivalidades entre las dos ciudades más grandes). Y eran también enemigos del trabajo, acostumbrados a gastar o consumir los pantalones por estar largo rato sentados. Pero para nuestra sorpresa, en la cercana feria de Certomondo se contrataban cerdos y ganado en abundancia, se llevaban otras mercancías, iban a la misma numerosos mercaderes. La descripción de los castillos más grandes del valle nos obliga a esta altura a utilizar, no como un elemento ulterior de investigación social sino más bien como una representación exacta de las sociedades de otros castillos y ciertamente menos avanzados y diferenciados respecto de los que vivían dentro de las muros de Bibbiena y de Poppi, lo que sabemos de otros centros casentineses, no muy lejos del Casentino o de todas maneras pertenecientes a la montaña apenínica.

La subdivisión de las riquezas declaradas al catastro por los diferentes jefes de las familias que allí vivían en 1427 fue realizada por mí en el pasado, sobre la base de criterios que se aplicaron al condado florentino por Elio Conti, y me parece oportuno volver a utilizarla en este caso. El " igualitarismo " y la "pobreza" parecen predominar en las comunidades, pertenecieran éstas a las incluidas en la Podesteria (Alcaldía) casentinesa de Chiusi o a aquellas cercanas a Verghereto y a Caprese, respectivamente ubicadas en la alta-Romagna y en el Valle Santo. La situación cambia bastante en la Capitanía de las montañas de Pistoia, que duplica la base imponible promedio con respecto a los otros tres casos, y donde incluso aparecen mucho más numerosos aquellos que Elio Conti llamó "ricos", es decir inscritos en el catastro con un impuesto de 200 florines para arriba. Las razones se encuentran en la mayor presencia de grandes propietarios de rebaños, y personas que trabajan en alguna otra actividad, y en todo caso, a menudo acreedores de los paesani o de los habitantes de otros lugares.

El hecho es significativo, aunque mucho más reducido, también en las comunidades más pequeñas, como pude demostrar en el caso de un gran propietario de rebaños, además de acreedor de mucha gente, que pertenecía a la aldea de Verghereto, capital de la Podesteria (Alcaldía) homónima43.
Después de las dos principales ciudades de Poppi y Bibbiena, la descripción de nuestro poeta anónimo se expande en una vasta serie de nombres que dan una imagen general del valle que lo vuelve vivo y activo. Se trata del Borgo alla Collina y de Romena, de Palagio y de Stia, de Urbech y de Porciano, Pratovecchio, que ya conocemos, estaba situado en un buen lugar (fondo) y abundaba, junto con los anteriores, el vino, el trigo, el ganado que tenían «dimoranza» en las aldeas de Campi y de Papiano. Pero Romena, el Borgo y Pratovecchio tenían sobre todo abundancia de vinos “perfetti”. Y el buen vino, prosigue el autor, hace que la sangre sea perfecta y el hombre perfecto no carece de “ragione”, como es el caso precisamente de Pratovecchio, donde prospera, añade curiosamente el religioso, un monasterio de monjas “rinchiuse al servigio di Dio”, el de san Giovanni Evangelista. Las investigaciones confirman la buena calidad y la buena fama de los vinos casentineses cultivados en las colinas del Borgo, de Pratovecchio y de Papiano añadiendo a ellos, los de los niveles más bajos de los valles laterales, donde fue ampliamente


42 M. BICCHIERAI, Ai confini della Repubblica di Firenze, cit., pp. 35-144.

43 Para los datos y su discusión véase G. CHERUBINI, La società dell'Appennino settentrionale (secoli XIII-XV), en Id, Signori, contadini, borghesi. Ricerche sulla società italiana del basso Medioevo, Firenze, 1977 (2), pp. 121-142: ID., Una comunità dell'Appennino dal XIII al XV secolo, cit., pp. 240-257 (Un “borghese” della montagna: Nanni di Benedetto da Verghereto; imponible de 1060 florines; patrimonio en ganado valuado en 439 florines, larguisima lista de créditos, en gran parte considerados por él inextinguibles, pero igualmente inscritos en el catastro por 500 florines, es decir por el 55 % del total).


difundida la viña. Ya en el siglo XV los vinos del Casentino, entre los cuales predominaba el "vermiglio", tenían una buena reputación en la jerarquía de los vinos del estado florentino. Los del Casentino fueron de hecho uno de los pocos vinos toscanos que llegaban a mercados bastante lejanos como el de Roma. El "vermiglio" fue muy apreciado en Florencia y también proveía las bodegas de algún rico hombre de negocios de Arezzo44. Sin embargo, en lo que respecta a las viñas, llegó el momento de decir algunas otras cosas sobre la agricultura casentinesa, que estaba dominada por suelos desnudos y reservados solamente a los cereales en las zonas más altas. En las montañas dominaban los trabajos y la explotación de la madera, así como la alimentación del ganado, ovejas, y cerdos, en particular, más que animales vacunos. La actividad agrícola no estaba difundida en las tierras circundantes al Arno o al Archiano, aún sin muros de contención, de las inundaciones que creaban charcos e islotes. Pero recuerdo como un ejemplo del trabajo humano en los mejores terrenos, los de Romena, una localidad de tierras rica en técnicas y en indicaciones. Arrendador de la tierra es una tal domina Ermella, momento del contrato el 24 de julio de 1374. El conductor Lorenzo promete a la arrendadora y acuerda con ella "bene arrumpere retaglare seu remestare” de acuerdo a los tiempos establecidos en la época y a las costumbres y en conformidad del lugar "predictas petias terrarum, eas videlicet que laboratorie sunt (...), et eas petias debito tempo seminare, metere granum, colligere, battare e mondare, et alia blada curare ibi serta omnibus sumptibus expensis”. Para las viñas, para los árboles de fruta, para el bosque Lorenzo promete en cambio “vineam vero, seu terram vineatam (...) suis temporibus bene et diligenter putare, ligare, sappare et relevare, propaginare et impalare et relevare omnibus ipius Laurenti palis, vincis, perticis, laboribus et expensis, uvas vendemiare et vinum ad perfectionem deducere; arbores vero qui sunt fructiferi putare et alias actare; boscum seu terras boscatas

mundare et arbores aliquas non incidere seu taglare sine licentia expressa dicte domine Ermelle45.

El bosque marcaba la vida de muchos casentineses, que se internaban en éste para cortar, para trabajar los troncos derribados, para obtener la madera para la calefacción, para buscar el material con el que construían algunos muebles, para producir carbón, para fundir los pocos minerales excavados en el valle o que se hacían llegar allá arriba desde la lejana Elba y allá arriba encontraban la materia prima para su fusión46. El hecho es que a mediados del siglo XV en el valle había comenzado a operar alguna siega hidráulica. Y también sabemos que en aquella época la contabilidad de un taller de herreros de Stia documenta, entre muchas otras cosas también las herramientas de hierro -desde las hachas hasta las rejas- por ellos producidas o reparadas47.

Entre los bosques del Casentino, a partir del momento en el que comenzó el crecimiento demográfico, una porción muy respetable, en primer lugar por motivos alimentarios, había sido conquistada por el castañar, llamado más bien “selva”, que los hombres limpiaban y cuidaban con extrema dedicación, era de carácter más doméstico que el bosque real, formado por hayas o abetos, se elevaba hasta mayor altura. La expansión de la castaña de fruto48 no se detuvo en la Edad Media. Aún a principios del siglo XIX, entre las cinco regiones agrícolas del Casentino, de la Montaña de Vallombrosa, del Alto Santerno y del Alto Lamone, del Savio y del Montone, del Alto Tevere, todos atribuibles a la "montagna interna", el Casentino se separaba de las otras cuatro por la superficie cubierta por los bosques y la cantidad de castañas y de harina que no se obtenían, sobre todo en las laderas occidentales, es decir, en el territorio de las actuales comunas de Ortignano-Raggiolo, Castel San Niccolo, Montemignaio, Talla, Castel Focognano. Estas diferencias entre un territorio y el otro era una consecuencia directa del hecho que el castaño, la planta "calcifuga," tenía dificultad para vivir en terrenos derivados de la erosión de las rocas calcáreas49.
En el castañar, durante el periodo de recolección de las castañas, pasaban su tiempo no

44 G. CHERUBINI, Paesaggo agrario, insediamenti e attività silvo-pastorali, cit., p. 42.
45 G. CHERUBINI, Il Casentino ai tempi della battaglia di Campaldino cit., p. 24 nota 25.

46 A. BARLUCCHI, La lavorazione del ferro nell'economia casentinese alla fine del Medioevo (fra Campaldino e la battaglia di Anghiari), "Annali Aretini," XIV, 2007, pp. 169-200.

47 L. DE ANGELIS, Intorno all' attività di Deo di Buono, fabbro casentinese,"Archeología medievale ", III, 1976.
48 En referencia al castaño, véase en general, mi estudio “La “civiltà” del castagno alla fine del Medioevo en G.

CHERUBINI, L'Italia rurale del basso Medioevo, cit., pp. 147-171.
49 G. CHERUBINI, Paesaggio agrario, insediamenti e attività silvo-pastorali, cit., pp. 39-43.


sólo los hombres sino también las mujeres y los niños.

Sin embargo cabe señalar que el castaño, aunque no sea injertado y cultivado en postes era un árbol valioso, útil por el nivel de calor que daba si era quemado, productor de un óptimo carbón para los herreros, indestructible a la humedad y mercadería valiosa para fabricar palos de viña, muebles, exteriores de edificios.

La descripción que sigo utilizando pasa, después de Pratovecchio y Romena, a tratar Fornace, Castagnaio Castel, Castel San Niccolò, Pagliericcio, la Srada, que servían de ciudades de mercado, pero que estaban destinadas a suplantar, por importancia demográfica y por funciones, al antiguo castillo de San Niccolò, y continúa con Montemignaio, Battifolle Cetica, Garlando. El autor del poema pasa, al final de esta panorámica, al Casentino pobre de trigo y de vino, pero rico de ovejas, de queso, de mucho ganado que emprendía en otoño el camino de la Maremma, en la secular trashumancia entre las montañas y las llanuras sin cultivar. Los pastores alimentados con castañas vivían en Maremma hasta mayo antes de regresar a sus montañas. Sobre estos movimientos las noticias se vuelven más densas a partir de la segunda mitad del siglo XIV, es decir, a partir del momento en el que la comuna de Siena, condicionada por la disminución de la población y el abandono de muchas de las tierras cultivables, comenzó a organizar de manera más racional y segura los pastos de la Maremma con la Aduana de los pastos, heredando una costumbre y una fuente de ingresos de los señores locales, que arrendaban anualmente el pastoreo a los pastores y recibían el "erbatico". A principios del siglo XIII el Estatuto de la Aduana dice que a Maremma llegaban también los pastores del Casentino. Pero no faltan para el mismo siglo o para el anterior noticias más concretas y seguras relativas a las distintas comunidades, como Moggiona, el territorio de la actual comuna de San Niccolò, Pratovecchio, Castel Castagnaio50.

Viene luego, en la descripción realizada hasta aquí, el Casentino de la llanura, o mejor dicho, la parte del valle que toca la llanura cercana, los castillos de Ragginopoli y de Lierna y luego, pasando al valle del Archiano, el castillo de Partina51, el pueblo de Freggina, la finca (fattoria) camaldulense de la Mausolea, el castillo de Soci52, rodeado como un "gioielletto" de los otros castillos, todos de altura, comenzando con el más alto, Serravalle, y pasando luego a Marciano y a Gressa, el primero rico en vinos, trigo, forrajes y otras hierbas para el ganado, el segundo fuerte "en tiempo de guerra", pero “mal condotto per brighe e gare” ocultas o manifiestas, es decir sujetas a las divisiones.

Se asciende aún, pero esta vez en dirección del Valle del Santa. Aparecen así Banzena, Giona, Pezza, Fignano, Montefatucchio, Corezzo, Biforco, Giampereta. En esta parte del Casentino, por lo que sabemos, no desconocida en otros localidades (Serravalle, Partina53), eran comunes los trabajos en madera con el torno (la prensa) y la construcción de lanzas. Lobos, osos “et altre fere” poblaban estas soledades boscosas. La descripción no deja de mencionar bajando de regreso por el Corsalone, a la aldea de Gello, situada en las laderas a la izquierda del río.

La descripción continúa subiendo hasta el castillo de Chiusi y recuerda el villano que había donado la Verna a Francisco. Nombra luego Dama, Sarna, Vezzano, Fognano, Campi, Tramoggiano, volviendo hacia el Corsalone, pero luego vuelve a subir hacia el feudo que fue de los Ubertini en el valle de Rassina y destinado a permanecer hasta el final del siglo XVIII, con las



50 G. CHERUBINI, Paesaggio agrario, insediamenti e attività silvo-pastorali, cit., pp.50-51; Id., Risorse, paesaggio de utilizzazione agricola del territorio della Toscana sud-occidentale nei secoli XIV-XV, en Id.,Scritti toscani. L'urbanesimo medievale e la mezzadria, Firenze, 1991, pp.236-239. Muchas noticias sobre la viabilidad de los pastores y del ganado, así como también sobre la vida de animales y hombres, especialmente después de fines de la Edad Media, pero en parte útiles también en forma retrospectiva, pero no solo circunscritos al Casentino, se observan en D. BARSANTI, Allevamento e transumanza in Toscana, Firenze, 1987, L. CALZOLAI, P. MARCACCINI, La transumanza appenninica in età moderna e contemporanea, en la obra colectiva Allevamento mercato transumanza sull'Appennino, dirigida por L. CALZOLAI, M. KOVACEVICH, Sestino- Badia Tedalda, 2000, pp.33-57, M. MASSAINI , Transumanza dal Casentino alla Maremma, Storie di uomini e armenti lungo le antiche dogane, Roma, 2005: La civiltà della transumanza, a cura de Z.Ciuffoleto y L. Calzolai, Firenze, 2008.

51 Muchas noticias documentadas de este castillo, incluso después del final de los Guidi y la entrada en el Estado florentino (autores P. Albertoni, A. Fatucchi, G. Cherubini, R. Furieri, y por último, el difunto y querido sacerdote Dario Donatini, quien fue un promotor de la iniciativa), se encuentran en el volumen Profilo storico di Partina, cit.

52 Véase Millenario storico di Soci, cit.
53 G. CHERUBINI, Paesaggio agrario, insediamenti e attività silvo-pastorali, cit., p. 53.


ciudades de Chitignano, Rosina y Taena54.
Una vez que descendió hasta la aldea de Rassina el escritor cruza el Arno otra vez, regresando a los valles de sus afluentes de la derecha, tocando primero, partiendo desde el sur, Pieve, Socana y Castel Focognano, lo que confirma, en esencia, la delimitación histórica del Casentino en ese período de acuerdo a lo que nos dice Dante que cuando el segundo ("a piè del Casentino traversa un’acqua che ha nome l’Archiano”), pero aclarándola y extendiéndola hacia el sur hasta abarcar de un lado el valle del Rassina y del otro, el valle del Talla y del Salutio de una manera lógica, ya que están marcados por las mismas características montañosas y de población.

Desde el valle del Talla, que abarcaba sólo la parte interior y de montaña del valle occidental, mientras que el Salutio fluía en su parte más baja antes de entrar en el Arno, la descripción pasa luego a Vanna y a Uzzano, a Fronzola y a San Piero, a Giogalto y a San Martino, Ortignano, Raggiolo y Quota. Se trataba de lugares debajo del Pratomagno, sin caminos por los cuales podían circular las carretas, llenos de bosques, barrancos, ásperas montañas, habitadas por "villani" violentos y rudos "che nelle brighe sempre vanno a stuolo”. Los castaños allí crecían tupidos, al parecer debido a que sus frutos eran el alimento más adecuado, y los hombres se alimentaban de estos en abundancia, cocinando las castañas en sus "laveggi" y apreciándolas más que las lasañas.

El tercer libro del poema se extiende, finalmente, sobre las características naturales del valle, para el cual nombra las cuatro montañas de la Verna, los Apeninos, el Pratomagno y el Falterona, y otros "poggietti y colinas." En estas montañas abundaban las aves y "Selvaggiumi", grandes manantiales y arroyos, y también diferentes tipos de hierbas medicinales. La nieve y el frío podían provocar, con la escarcha, hielos, tormentas, daños graves a los cultivos, especialmente a los viñedos y a los árboles frutales. Las temperaturas descendían, por la altura, especialmente en el Pratomagno55. Pero aún más temible aparecía el Falterona, “là dove surgie d’acqua una fontana che più di cento milglia questa sprona”. Más allá de esta evidente reminiscencia dantesca, Dante sigue aún presente en la elección del autor para describir el curso del mismo, obviamente de un modo muy lejano respecto a aquél utilizado por el poeta, pero sobretodo con la tonalidad del pueblo y fácilmente descriptiva en los hechos reales. Sobre esto es necesario leer lo que él dice acerca de las fluctuaciones de los troncos reunidos en "foderi", un fenómeno que a menudo fue observado o descrito por los estudiosos, incluido yo56 pero no con los detalles de nuestro anónimo. Él habla sobre el trabajo de los balseros y más concretamente del puerto de salida en la Sova, una "isoletta” casi en frente de Poppi. Allá estos hacían “porto” y vivían “tutti di brigata”, pudiendo contar también con la presencia, en aquel lugar, de una pequeña taberna además de un pequeño grupo de casas y viviendas:

Chi talglia, chi fora e chi legnami legha
Commessi inseme come le ppecchata;

navicando per Arno tutti ad una legha
con molta faticha alla cità del gilglio

quivi si ferman come pesscie in freg(a).
Questi per Arno vanno a gran perilglio,

ma l’utile grande di tochare el quartino
gli fa far questo con sì lieto piglio.



54 G. CHERUBINI, La signoria degli Ubertini sui comuni rurali di Chitignano, Rosina e Taena all'inizio del Quattrocento, in Id., Signori, contadini, borghesi. Ricerche sulla società italiana del basso Medioevo, cit., pp. 201-217. 55 Para un conocimiento más profundo de la montaña casentinesa y de sus laderas, del Pratomagno, en primer lugar es necesario esperar la publicación de las Actas de al menos un par de “jornadas” de los "Colloqui di Raggiolo” previstas en los “Annali Aretini”. Ya he mencionado en las notas 3 y 44, respectivamente, uno de los ensayos previstos y uno de los ensayos ya publicados. Ahora añado que en la "jornada" específicamente dedicada al Pratomagno ("Annali Aretini" XV-XVI, 2007-2008) están incluidos ensayos interesantes de A. Barlucchi sobre la viabilidad, de L. CALZOLAI sobre la ganadería y la trashumancia en la Maremma entre la Edad Media y la Edad Moderna, de A. FATUCCHI sobre la toponomástica.

56 G. CHERUBINI, Paesaggio agrario, inssediamenti e attività silvo-pastorali, cit., pp. 56-57; M. BICCHIERAI, Ai confini della Repubblica di Firenze, cit., p. 49.


Si estas líneas son de interés (yo encuentro un eco, o por lo menos un ejemplo de la descripción dantesca del arsenal de Venecia), tanto o más notables son los expuestos más abajo que el autor dedica a las familias florentinas que habían comprado bienes en el Casentino –omito los nombres porque en este caso no son indispensables para mis comentarios- y que en el Casentino se dedicaban a los placeres de la pesca y de la caza, o que se ocupaban de asuntos comerciales en el Casentino. Particularmente sugestivo es el consejo que el poeta da a sus compatriotas, de tener cuidado de establecer relaciones muy estrechas con los florentinos: que me parece un eco de aquellas personas que habían permanecido por largo tiempo en las montañas lejos de la dominación de la ciudad, ligada, con la posible excepción solo del estrato de la burguesía emergente, a sus tradiciones y quizás también a sus propios señores, pero igualmente temerosa de nuevos y exigentes patrones.

Ma bene i’ pregho ciaschun contadino
che tengha  questo deddo per sua gioia:

che mai conversi con alchun fiorentino,
si vivar vorrà in pacie e senza noia

fuggiteli sempre com(e) focho o peste
che tristo a quel pesscie che l’un l’altro ingoi(a),

ch’el basto portaresti con le cieste
e sempre staresti in guai e inn-afanni

e mai per voi non sare’ né ferie né feste.

Las conclusiones de este religioso casentinés no me disgustan, ya que como casentinés de hoy en día, si bien me convertí primero en ciudadano de Arezzo y luego de Florencia, tengo también las características y si se quiere los defectos de considerarme casentinés para siempre, apegado a mis montañas, a las tradiciones de mis compatriotas, enamorado como todos ellos de nuestro valle salpicado de castillos, iglesias (pievi), grandes monasterios, dominado por todas partes de laderas cubiertas de bosques, memoriosas de antiguas leyendas y creencias, que nos asombraron y asustaron cuando nos las contaron de niños.


Y, por último, al igual que todos, orgulloso de que en este valle circular Dante haya puesto su atención, haya luchado, haya sido hospedado y haya recompensado, a pesar de los “brutti porci”, a todos sus habitantes con sentimientos, descripciones, anotaciones que hicieron de estos lugares un área famosa para siempre por su poesía.







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